miércoles, 6 de enero de 2016

EL ENTRENAMIENTO COMO MÉTODO

               Reconozco que el verbo entrenar y sus derivados no tienen buena prensa en educación. Sobre todo, a partir de las reacciones contra las teorías conductistas en los años 50 y 60. No está bien visto, por cuanto parece encerrar la idea de ’domar’,’amaestrar’ y otras parecidas, que remiten a la transferencia de comportamientos mecánicos, desprovistos de toda apelación al sentido, a la comprensión y a la finalidad. No obstante, quisiera sacar una bandera en favor del entrenamiento como una de las diversas vías de acceso a la educación. Digo diversas porque el método ideal es siempre de carácter ecléctico.
               En la actualidad, está muy extendida la concepción del aprendizaje como desarrollo de la capacidad de resolución de problemas, de la capacidad del individuo para enfrentarse y salir lo más airoso posible de situaciones nuevas, imprevistas o no, una vez identificadas. Se trata de preparar a las personas para la actuación, que se aparta un trecho de la mera acumulación enciclopédica de conocimientos.  
http://www.elnortedecastilla.es/fotos/valladolid/
201503/31/ninos-escuela-futbol-real-
30103163735505-mm.htmlAñadir leyenda
               Y, si a hacer se aprende sobre todo haciendo, está claro que hemos de buscarle un hueco al verbo entrenar. Al menos como metáfora de la que extraer algunos principios y procedimientos didácticos útiles. Ciñéndonos a la enseñanza escolar, hay materias cuya finalidad, en esencia, es   -me corrijo: debería ser-  claramente de carácter activo, aplicativo, como por ejemplo Matemáticas, Educación Física, Tecnología, Informática, Idioma, Lengua Española y Literatura, Música; en otras, como Ciencias Naturales y Sociales, parece predominar la transmisión de datos y hechos como fin en sí mismo. A mí me parece que no hay que ser un portento para entender que las Mates apuntan a afrontar problemas de aritmética, álgebra o geometría; que la Ed. Física promueve la adopción de hábitos y formas de vida saludables mediante el ejercicio físico; que en Tecnología se ha de aprender a manejarse con instalaciones, montajes, reparaciones… sencillos y cotidianos; que Idioma o Lengua Española se encaminan a enriquecer la competencia comunicativa en la lengua de que se trate, etc.
               Resulta fácil entender y respaldar estas afirmaciones, qué duda cabe. Lo mismo de fácil que comprobar que no siempre, mejor dicho, casi nunca los alumnos terminan la etapa obligatoria (donde se prevé lo mínimo que todo ciudadano debe saber) provistos de las capacidades o competencias mencionadas. Seguramente, por muchos motivos. Uno de ellos, estoy convencido, estriba en la ausencia de actividades de entrenamiento como recurso didáctico central  y la excesiva presencia y predominio de la teoría. Un ejemplo, extraído de mi asignatura, Lengua Española. En ciertas secciones de cada lección, se trata de la carta, el diario, el diálogo, etc., tipos textuales de los que se describen sus características: pero, de hecho, resulta que los niños no aprenden a escribir cartas o diarios, o bien a participar en discusiones o debates, según cabría esperar:  a lo que se les suele inducir es a que memoricen y viertan en un control dichas características (como paso previo a su desecho y olvido, naturalmente).
               Me consta que las cosas están cambiando y, poco a poco,  muchas clases se ocupan con tareas prácticas (organizadas en torno a proyectos, por ejemplo), como sesiones de entrenamiento reflexivo, basado en el manejo de unos conceptos imprescindibles; y que bastantes maestros y profesores, con gran esfuerzo y mucha vocación, se conducen como una especie de entrenadores, de esos que han sido cocineros antes que frailes y creen que su papel es el de guiar el trabajo de los grupos encomendados, encaminado al saber hacer progresivamente autónomo . Ojalá llegue pronto el día en que, por esta senda, la mayoría de los alumnos terminen mejor pertrechados de herramientas para desenvolverse con éxito en el entorno, en el mundo, en la vida.