martes, 22 de julio de 2008

LAS CALLES DE MI PUEBLO (I)

Las calles de cualquier ciudad o pueblo admiten ser vistas de muchas maneras. Yo me he propuesto contemplar las del mío pueblo desde un ángulo poco corriente: el nombre que les ha puesto el vulgo o la autoridad. Y utilizar ese nombre para catalogarlas, a partir de algún rasgo de su designación, para luego hacer algún comentario, si encarta. Tengo la impresión de que obtendré resultados al menos curiosos.

Hoy empiezo. Esta primera entrega se centra en un fenómeno que abunda -es constante, diría- en los nombres de las calles de aquí. Se trata, como muestran las fotos, del poco apego por la tilde o acento del artista que ha realizado los azulejos con los nombres. No quiero pensar que el origen esté en el edil responsable (en tal caso, irresponsable). En realidad, es un punto de desafecto, de malquerencia hacia la tilde, de ignorancia de su uso, muy generalizados ahora entre la gente, desde el mismo instante en que empieza a aprender a escribir. (¡Qué interesante paradoja! ¡Aprender a escribir y no aprender a un tiempo!)
Doy algunos ejemplos en fotos, que he elegido al azar.


La cosa es que estas grafías no han molestado a ninguno de mis paisanos, ni los han soliviantado ni nada. Era de esperar. A mí sí que me han llamado la atención. ¿Quieren alguna muestra más?
Pero lo peor es que, claro, cuando se empieza a pecar, ya no se sabe qué infracción marcará el límite, el “más-allá-no-por-favor”. Yo creí que todo quedaría en la abstinencia acentuadora. Mas no. Se pasó la frontera y se cometió el delito que anhelaba imposible. Miren cómo se escribe en mi pueblo, anuentes todos los habitantes, el nombre del insigne pintor:


¿Habrá después, me pregunto, un “Golla”, un “Muriyo” un “Cristóval Toral” (la versión a-tildada no sería ya novedad), unas "Bictimas del Terrorismo" o incluso un “Greko”, por generosa e ignara concesión a la modernidad linguochatera? No lo sé.
Digo “no lo sé”, aunque se esperaría que la lógica de las cosas me llevara al convencimiento de que en el futuro brotasen por doquier nombres así “tuneados” (¡Cuán diferente parece, de esta manera dicha, la simple y grosera falta de ortografía!). Pues, es verdad, no estoy seguro. Porque, pese a todo, he creído descubrir en la Corporación Municipal, que es la autora y responsable del callejero y del trabajo de quien lo escribe, un atisbo de mala conciencia, tal vez un germen de arrepentimiento y propósito de enmienda, etc. ¿En qué lo he notado?
Lo explicaré en la siguiente entrega, pues esta va resultando ya un poco extensa.

3 comentarios:

  1. Me parece IM PRESIONANTE, lo de Velasquez... es de gente ya no solo poco culta, si no gente que desprecia o más bien le importa poco la cultura... Nada más que añadir por mi parte referido a los nombres de las calles.

    Ah y por cierto si tu crees que eso son faltas de ortografía... resulta que el otro día estaba en el restaurante de la piscina municipal, y encontre algunas faltas que llaman la atención a cuanquiera. Ej: Saltichon, Almeas, Gambas Rebosadas, Uehvos...
    Una infinidad de calamidades...


    Un salu2!

    Fdo: Cecilio

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  2. Efectivamente, llevas razón, Cecilio. Es un horror. Y lo peor (porque un lapsus lo tiene cualquiera) es que la gente responsable de estas cosas, cuando se las haces ver, responde: "¡Qué más da"!. Así no arreglamos nada.
    En las listas de los menús también he visto cada gazapo... Pone: "Elado", "Desalluno", etc.

    Propongo lo siguiente: ir haciendo un "álbum cacográfico", es decir, de fotos de textos de este estilo. Me comprometo a publicar todas las que me mandéis en el blog.

    Saludos, Ceciclio.

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  3. Desde siempre, la cartelería urbana ha venido atropellando la ortografía con total impunidad: nombres de vías y espacios urbanos, tiendas, bares, restaurantes, almacenes, etc. aparecen escritos según el criterio del autor, que muchas veces no coincide con el ortográfico. No estaría de más crear la figura del "alguacilillo de la tilde", personaje que, investido de la autoridad que le otorga la gramática y el diccionario, tratara de poner algún remedio a tanto agravio cometido contra la ortografía.
    Pero mucho me temo, José Antonio, que estos asuntos a nadie o a muy pocos interesan. Saludos.

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