sábado, 6 de septiembre de 2008

EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA (I)

Hace unos días, revolviendo en las páginas y los archivos digitales de “El Sol de Antequera”, me topé con un artículo de la señora Ana Navarro (“Educar para convivir”), hasta hace poco concejala de mi pueblo y ahora responsable de no sé qué área en la Consejería de Cultura, con tampoco sé qué rango. La verdad, no sé mucho sobre las ocupaciones actuales de la señora Navarro, pero creo que eso no cuenta para lo que quiero tratar, que es de su artículo.
Es uno de los sopocientos que en los últimos tiempos se han escrito y publicado para valorar, apoyar y defender, o para hacer lo contrario, la asignatura llamada “Educación para la ciudadanía”, estrenada en los colegios el curso pasado. Si he captado bien el fondo de su planteamiento, la señora Navarro viene a decir lo que el siguiente párrafo de su exposición condensa: “La asignatura de Educación para la Ciudadanía va a educar a nuestros hijos e hijas para convivir, para ser más tolerantes, para tomar conciencia de lo que significa la igualdad, y el respeto a las diferencias. Valores éstos que no son de izquierdas ni de derechas, católicos ni musulmanes, sino de cualquier ser humano”.


Pues bien, yo no voy a entrar en la cuestión de si la citada materia conduce a la adquisición de valores que están o deben estar asumidos por todos los ciudadanos, o bien si constituye una vía de adoctrinamiento sesgado, de acuerdo con la ideología del partido que en cada caso gobierne. Es otro tipo de cosas las que quiero tocar, no los contenidos de la asignatura ni el consenso que idealmente debería concitar. Pero, antes, permítaseme esta rapidísima apostilla a las palabras de la señora Navarro, citadas antes, sobre tales aspectos: tengo para mí que, en muchos países musulmanes, el respeto a ciertos principios democráticos e incluso a los derechos humanos es inexistente o muy escaso. Ejemplos: lapidación de mujeres, condena de la homosexualidad, prohibición de la libertad de creencia y culto, etc. Derechos y principios que, supongo, la asignatura de “Educación para la ciudadanía” tendrá instaurados en su mismísima base conceptual y moral. Así que la autora del artículo que comento, tal vez tendría que haber modulado un tanto sus afirmaciones (cuando dice “valores éstos que no son de izquierdas ni de derechas, católicos ni musulmanes, sino de cualquier ser humano”) o no haber citado así, sin más, la religión que configura el sistema político de esos países y la mentalidad de muchos de sus ciudadanos.

Pero, como digo, no es a eso a lo que iba. Yo quería referirme a la manera en que ha cristalizado la intención del legislador de ayudar a que los niños y jóvenes adquieran una moral cívica adecuada y desarrollen un comportamiento acorde con ella: es decir, al hecho de que dicha intención se haya encarnado en una asignatura escolar. Igual que, hace un año o dos, también dio lugar a una materia de clase, llamada “Cambio social y nuevas relaciones de género” (título de concisión modélica, por cierto), el deseo de inculcar en los niños actitudes contrarias a la violencia doméstica, etc. A mí me parece que es una equivocación pensar que ese tipo de formación, la ciudadanía o el respeto al otro sexo y a todas las personas en general, etc., quepa en los límites de una asignatura o que ese sea el cauce e instrumento pedagógico más apropiado para tal tipo de educación. Hace algunos años, discutía a menudo con un compañero que defendía la postura inversa. Y argumentaba yo que hay enseñanzas que, tanto por su contenido como por la forma de transmitirlo que le es propia, requieren otro marco, otro emboque didáctico.

Me voy a explicar. Conozco desde hace muchos años a una señora, de la misma generación que la señora Navarro (quizás de su misma edad), que tiene una hija, más o menos como la suya. Cuando la niña era pequeña, su madre quiso educarla en la igualdad entre hombres y mujeres, etc. Y recuerdo que la citada señora, con muy buen criterio, lo que hizo fue fomentar en la niña ciertas preferencias, no sé si circunstanciales o permanentes, por algunos juguetes tradicionalmente masculinos. Sé, porque me lo dijo, que un año los Reyes le dejaron una ametralladora. Seguramente, la señora Navarro reprobaría hoy esa conducta, por belicista, incitadora de la violencia… Aquella madre, no sé si también Doña Ana en igual situación, no reparó quizás en ese detalle y puso todo el énfasis en el simbolismo igualitario. O no estaba en esa movida. Todos tenemos un pasado del que nos resistimos a hacer "memoria histórica". Tal vez ella y la señora Navarro se proclamen ahora contrarias a los juguetes bélicos, como una manera de parecer (no necesariamente ser) pacifistas. Bueno, no sé. No entremos en juicios de intención. Con lo que me quiero quedar es con el procedimiento que la mujer empleó, muy sabio por cierto: en vez de largarle a la tierna niña un sermón o de hacerle aprender de memoria el tema, actuó educativamente por vía de los hechos: poniendo es sus manos un objeto que la igualaba a los niños. Estoy seguro que con ese detalle y con la suma de otros en la misma línea, la cría lograría aprender más que si hubiese cursado “Cambio social y nuevas relaciones de género” con resultado de Sobresaliente. Felicidades, pues, para esa señora, que, insisto, tanto me recuerda a Doña Ana.

Como digo, el error de nuestros gobernantes no está en sus intenciones, que no conozco, pero que supongo buenas (¿Mucho suponer? Quizás, pero dejemos eso para otro día). Y consiste en el procedimiento elegido: instituir una asignatura, que al final es un libro de texto, unas lecciones de memoria, unos exámenes, etc., etc., cosas que se memorizan para el momento y después, si te vi, no me acuerdo. Como, por ejemplo, los ríos de África, que todos hemos estudiado y, salvo el Nilo y alguno más, poca gente (europea, por ejemplo) recuerda. Con unas clases sobre ciudadanía o sobre igualdad de género, no se aprende a ser ciudadano ni a dejar el machismo ni a ser buena persona ni nada por el estilo, señora Navarro. Ya ve usted, ni siquiera se aprenden -para siempre, que es lo que importa- los ríos de África, que son un contenido más acorde con el método académico…

Dejo aquí mi comentario, para seguir en un próximo artículo, en el que haré algunas propuestas de cómo se me ocurre a mí que se podrían hacer las cosas para que fueran mejores ciudadanos los niños y jóvenes, ahora y luego, cuando lleguen a adultos.

1 comentario:

  1. Querido Profesor Ramos y amigo José Antonio:

    Por supuesto que no veo bien dilapidar una hora en Ciudadanía...ni 2 en religión de 3º, ni otras 2 en cambios sociales (q sigue existiendo y hay q ofertarla, lo q pasa q hemos "orientado" al personal hacia los Refuerzos y por fortuna no se ha formado grupo)...y todo esto cuando mi ínclita materia (léase la nunca bien ponderada FyQ tiene sólo 2 h en 3º !!! Inconcebible. Cómo lo es también q en Lengua y Matémáticas algunas criaturitas puedan tener hasta 7 h a la semana de las mismas!! Ni Juan, ni Juanillo...hastiar tampoco me parece buen método. (La quinta hora era de libre disposición en 1º, pero ya sabes q os la hemos acoplado, o no recuerdo ahora si fue solo a Mat o ambas). Yo soy de volver a lo tradicional, menos materias y con más peso, consolidar bien el fundamento de la cultura sobre la que se asientan las tecnologías, informáticas, músicas, plásticas, etc. y que debieran ser, a mi entender más optativas entre ellas para no perjudicar la carga horaria de las otras.

    Como crítica a tu comentario, o mejor, como apertura óptica al mismo propongo la siguiente reflexión:

    Quizá en los tiempos que corren, resaltar lo obvio (virtudes de los valores democráticos, o partitocráticos si nos ciñésemos a la auténtica realidad, permítaseme la redundancia, necesidad de tolerancia verdadera hacia lo diferente a lo frecuente en todos los ámbitos, relatividad de ciertos valores tradicionales de modus vivendi como verdades irrefutables que fueron grabadas a fuego en el vulgo vía miedo mediante el no acceso a la cultura durante siglos por la Santa Madre Iglesia y sus simbióticos amigos los Gobernantes de los 2 últimos milenios y que, por desgracia, siguen en el junguiano inconsciente colectivo de todos nosotros y,por ende, de nuestros alumnos...etc), resaltar lo obvio decía, quizá sea a lo sumo un mal menor dentro de la q podía caer (o la que está cayendo con estos Mass Media ultradirigidos e hipersesgados q tenemos), y quien sabe si necesario para molleras q no están por la labor de acoger discernimientos que mediante el pensamiento crítico y documentado ya debiéramos dar por obtenidos.

    Lo dejo ahí, esperando conocer tu opinión al respecto.

    Un abrazo y ánimo con el curso.

    Ciao

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