lunes, 17 de agosto de 2009

LA INOCENCIA COMO REFUGIO

Creo que honro el blog incluyendo el siguiente párrafo de un libro que, al menos para mí, es importantísimo. Siempre estoy leyéndolo. Este fragmento define el concepto central de "inocencia", una de las claves para entender muchas de las cosas que pasan en la sociedad actual.

“Llamo inocencia a esa enfermedad del individualismo que consiste en tratar de escapar de las consecuencias de los propios actos, a ese intento de gozar de los beneficios de la libertad sin sufrir ninguno de sus inconvenientes. Se expande en dos direcciones: el infantilismo y la victimización, dos maneras de huir de la dificultad de ser, dos estrategias de la irresponsabilidad feliz. En la primera, hay que comprender la inocencia como parodia de la despreocupación y de la juventud; culmina en la figura del inmaduro perpetuo. La segunda es sinónimo de angelismo, significa la supuesta falta de culpabilidad, la pretendida incapacidad para cometer el mal, del que siempre son culpables los otros; culmina en la figura del mártir autoproclamado.”

P. BRUCKNER: La tentación de la inocencia. (1995). Barcelona, Círculo de Lectores, 1998, pp. 14-15.

jueves, 6 de agosto de 2009

TRES LIBROS "CON NIÑO"

Se da la casualidad de que los tres últimos libros que he leído son otras tantas novelas a las que llamaré “con niños”, tomando el término del mundo de la publicidad, donde se distingue entre “anuncios para niños” y “anuncios con niños”. Sus títulos son, por orden de lectura, Paraíso inhabitado, de Ana María Matute (Barcelona, Destino, 2008), Todo por una chica, de Nick Hornby (Barcelona, Anagrama, 2009) y De una vida a otra, de Fernando Delgado (Barcelona, Planeta, 2009).

Bastante diferentes entre sí, en temática y valor literario, la primera narra un trozo de la vida de una niña, Adriana, precisamente el que coincide con la salida de la infancia, la llegada del primer amor y la experiencia de la separación de los padres, el estallido de la Guerra Civil, etc. En la etapa de postguerra se sitúa una secuencia de la obra de Fernando Delgado, la que cuenta algunos momentos de la biografía infantil del protagonista, Juan Jonay o Román (se da un cambio de nombre); la otra se fija en su situación de adulto, desde la que narra en primera persona. Es curioso que los tres relatos emplean este tipo de narrador, de modo que el o la protagonista es el o la que refiere los hechos. Todo por una chica recoge la crónica de lo sucedido a Sam, un chico de 15 años, desde que conoce a Alicia, que será su novia (mejor, novieta) un breve tiempo, hasta los meses posteriores al nacimiento del hijo de ambos, contada desde la óptica del muchacho, que se supone tiene unos 18 ó 19 años en tanto que narrador.


Las tres son muy buenas obras, tal como ha puesto de manifiesto la crítica. Pero, para mí, la mejor es sin duda la de Ana María Matute, autora a la que tengo una especial afición, desde que hace muchos años la descubrí en sus cuentos. Paraíso inhabitado es un relato lineal, cuya lectura, fácil y cómoda, logra que en ningún momento decaiga el interés, pese a la ausencia de hechos extraordinarios, sorprendentes, y de técnicas especiales en el componente temporal, como es propio de estas historias retrospectivas. Precisamente en las otras dos novelas, el salto atrás es continuo e incluso en la de Fernando Delgado constituye el molde estructural, que da como resultado el que se superpongan escenas referentes a dos o más épocas: hay diálogos que comienzan unos personajes en un momento dado del espacio cronológico abarcado y lo siguen los mismos en otra etapa e incluso otros diferentes.

Puede decirse que existe en las tres un componente de “novela psicológica”, ya que no sólo interesa contar lo que pasa, sino también, y quizás sobre todo, expresar la repercusión interior de los sucesos. Adriana vivió con asombro y con dolor lo acaecido a su alrededor y en relación con su persona en esos años narrados. Diré que fue lo que me llevó a hacerme con la novela, aparte del “valor de marca” de la autora: me interesaba conocer la perspectiva, la visión femenina en el punto en que arranca la adolescencia. Y aseguro que el texto de Matute me ha satisfecho con creces, gracias, entre otras cosas, a la maestría con que la autora maneja el estilo detallista y el análisis interior, el minucioso examen de cada uno de los variadísimos pálpitos del corazón de la niña.

Miradas en conjunto, las otras dos narraciones son algo más “superficiales”, menos penetrantes y, por eso, más simples. Lo que no obsta para que, técnicamente, resulten más complejas, sobre todo en el manejo del tiempo, como he dicho. Todo por una chica viene a mostrarnos, tan sólo, cómo el miedo y la inseguridad se adueñaron de Sam desde el momento en que el niño se imaginó y se vio como padre, a sus 15/16 años (cumple años en el período narrado), de donde se deriva un mensaje de tipo “educativo” muy claro: chavales, chavalas, jamás os permitáis tener hijos antes de ser adultos, utilizad el preservativo o acudid al aborto. Al contrario que en Paraíso inhabitado, el contexto en que se producen los hechos, compuesto por los padres, el colegio, las amistades…, tiene poca relevancia, es relativamente plano, casi diría que algo tópico. Sentía yo cierta curiosidad por saber algo de la mentalidad y las actitudes inglesas adultas en relación con la sexualidad y el embarazo adolescentes, pero no ahonda demasiado el libro en esas cuestiones tangenciales o de entorno. Un rasgo más he de destacar de este texto, muy bien traducido por Jesús Zulaica: el lenguaje espontáneo, ocurrente, simpático, cercano a la realidad del habla adolescente auténtica. En ese aspecto, es una delicia “oír” al muchacho contar sus cosas, quitándole hierro al drama, conformándose y aun riéndose a veces de su suerte, tendiendo al enfoque menos dramático de lo que le ha ocurrido, que es en sí bastante grave. Eso está estupendamente conseguido: no todos los autores adultos logran imitar tan bien el modo de expresarse de los adolescentes. Por eso resulta muy digna de consideración la labor del traductor.

La reflexión que suscita De una vida a otra surge de la siguiente situación, que es el centro del relato: ¿qué ocurre cuando un niño de 12 ó 13 años (“añitos” es el derivado que se me viene a la cabeza) se encuentra en medio del fuego cruzado entre sus padres; es decir, cuando es elegido como objeto, inocente e indefenso, de cruel venganza; en definitiva, cuando es el que paga los platos rotos? Su vida puede darse ya por deshecha. Y, más aún, si acaece en unos años como los de la postguerra franquista, primitivos, salvajes, atroces. Este, y no el franquismo, es el auténtico tema de la obra. Duro, muy duro, aunque aliviado un tanto por la contención con que el autor lima la tragedia.

Tres libros “con niños”, pues, que, salvo casos especiales, no van destinados a niños. Ni siquiera el de la pareja embarazada, creo yo, pese a que puede parecer el más próximo. Insisto, salvo que se trate de adolescentes con una cierta madurez humana y lectora.

Como se ve, este verano, en que he dejado ya definitivamente las aulas del instituto, o sea, a los niños de carne y hueso, ha tocado que sea el de niños de papel. Porque no ha acabado aún la racha: ayer empecé Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, que supongo -estoy más que seguro- será merecedor de otro comentario.