martes, 29 de septiembre de 2009

ASÍ LO PIENSO Y ASÍ LO DIGO

En un día como hoy, me viene a la cabeza el siguiente pensamiento, que no puedo dejar de expresar: una gran obra no convierte, por sí sola, en un gran hombre a su autor. Ni siquiera después de morir.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

MALAS NOTAS, BUENA SUERTE

Esta vez fue Cárdenas quien me libró de una de las mayores catástrofes de mi vida. Los que tenéis por costumbre u os ha sucedido alguna vez sacar unas notas de pena sabéis bien a lo que me refiero con eso de la catástrofe. Es lo que viene después de que manden el papel a tu casa, y después de que tu mamá lo lea, y después de que te diga “Pablo, ven”, y después de que tú no le hagas caso y grite poniendo cara de rottweiler con hepatitis: “¡¡Pa-blo!! ¡¡Que ven-gas!!”.

Cárdenas llevaba como dos o tres semanas con una diarrea que se iba. A mí, como si le hubiera dado por dejarse barba y bigote: ni le echaba cuentas. Ahora sí que la atiendo y la mimo, todo agradecido. Mi madre andaba súper preocupada y triste, mucho más que si a mí me hubiera dado por fugarme de casa. Nada más vivía para Cárdenas. Todo el tiempo con la paranoia de sus medicinas, su dieta, su camita, su… O sea, con el coco sorbido.

En estas, que llega el papel ese de las notas. Y, claro, ni caso. Pero a los dos o tres días, no sé cómo, lo vio y lo leyó, junto a otros que tenía con recetas y tal de Cárdenas. Entonces me llamó, “Pablo”. Y yo casi me hago lo que Cárdenas no dejaba de hacer cada cuarto de hora, o sea, que casi me diarreo. Fui a donde estaba, antes de que se produjera el temible berrido de la segunda convocatoria. Con cara muy triste y toda conforme, me dijo: “Pablo, hijo, a ver si empiezas ya a ser un hombre y tomarte las cosas en serio. ¿No ves el problema que tenemos con Cárdenas? ¿No ves el apuro que tengo y lo que estoy sufriendo? Anda, anda. Ya no eres un niño.” Y me dio… ¡un beso!, antes de romper a llorar y dirigirse junto a Cárdenas. ¡No es posible! Así que, ¡no voy a morir! ¡Te debo la vida Cárdenas!, ¡te quiero, nena!


Ese día me pareció hasta bonita la cerda Cárdenas, la preferida de mi madre entre todos los puercos de nuestra granja. Le tenía inmenso cariño por ser chiquita y por tirar a medio rubia la pelambre que malcubría su fofo cuerpo. Y porque era una mimosa la guarrita. “Ahora yo le debo una caricia, muchas caricias. Y, si me sobran, también le llevaré algunas chuches. ¡Ayyy, qué guapaaa!”

Cogí el papel de las notas y… ni me acuerdo dónde lo metí. Total, y por suerte, para lo que serviría ya. Ahora tendría que haberme dicho mi supuesto ángel de la guarda la frase esa con la que felicitan a los malos boxeadores, aunque cambiada: “¡Salvado por la… marrana!”.
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(La creación de esta sencilla escena me la han inspirado las fechas en las que estamos, por una parte, y, por otra, un dicho de mi pueblo: "Comes / hueles más que la guarra (de) Cárdenas". También ha tenido que ver un amigo que se llama Juanma.)

martes, 8 de septiembre de 2009

FOTOPOEMAS

En el mes de mayo del pasado 2008 se colgó en las paredes de la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Antequera una singular muestra. Se trataba de una colección de poesías y fotos, emparejadas una a una, para constituir lo que los autores llamaron fotopoemas. Cada panel fotográfico se correspondía con uno poético, alusivos uno a otro en sentido amplio. El fotógrafo era Tony Smallman, artista británico afincado en Antequera (y dedicado a la enseñanza) desde hace años; y el poeta, el conocido escritor y librero antequerano Nicolás Ramos.

El fotopoema es un producto artístico en sí, tan lejano del “poema ilustrado”, como de la foto “comentada o explicada o traducida poéticamente”. Parte de la unión de una imagen y unos versos, para dar lugar a una creación nueva, no igual a la suma de los componentes. Así lo concibieron sus autores, los cuales -según me comentaron- no dejaron de sorprenderse los primeros del resultado, una vez que contemplaron su obra en aquella original exposición, tan diferente y de efecto visual y potencia comunicativa tan distintos a los que logra la difusión en forma de libro de versos y/o de fotografías.

Después de dar noticia de la exposición y del objeto expuesto, quiero insertar aquí algunos de aquellos fotopoemas publicados. No de los mejores, que no sabría yo elegir por falta de criterio y conocimientos, sino de los que más me han gustado, mirando con más atención la parte literaria que la icónica, pues si de aquella sé poco, de ésta sé aún menos. Son sólo tres.

“La escalera” está formado por cuatro versos preciosos, que traen al recuerdo el mito de Dafne convertida en árbol, inspirador de célebres poemas clásicos. La foto muestra, en blanco y negro, el esqueleto desnudo y frío en que ha parado el frondoso árbol verde originario.

ME VI SUBIENDO AL ÁRBOL MAJESTUOSO
PARA SABER QUÉ FRUTO ME LLAMABA.
NO LO HALLÉ ENTRE LAS HOJAS NI EN LAS RAMAS:
SE TRANSFORMÓ EL VERDOR EN ESCALERA


En “Cometas”, fundiéndose con una imagen aparentemente sencilla, aunque realmente grandiosa, hay seis versos en los que se engasta una colección de metáforas impagables, que transfiguran en múltiples visiones las simples telas volantes:

ONDEAN AL VIENTO LÁBILES COMETAS,
A LA CORRIENTE INVITAN SIN RECELO.
BRIDAS CAPACES, SUAVE MONTA A PELO,
JINETES DE AIRE DANDO VOLTERETAS.
¡CÚPULAS ASPIRANTES EN EL CIELO!
FLOTANDO CAPRICHOSAS MARIONETAS.


“Entre las cenizas y los aviones” lo tengo como el fotopoema puro, el auténtico fotopoema. Aquí la poesía saca de la imagen su significado propio -geometría urbana-, para volcar en ella una multitud de sentidos en torno al "gigante" corazón -lo humano-, sostenido en medio de un mundo sombrío, desnudo, fúnebre, amenazante… O le añade el nuevo contenido al original, con un resultado de extraordinaria intensidad, que va calando a cada vuelta del reiterado estribillo.

DURMIENTES Y DESPIERTOS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
RESURGEN DE LAS RUINAS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
NUEVAS VENTANAS SE ABREN:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
A LTOS RASCACIELOS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.



Este breve recordatorio de aquella pequeña y grande exposición, hecho en un medio como Internet, ¿podrá servir a los autores para que se animen a crear un espacio virtual propio donde sigan brillando, ya en la inmensidad de la red, sus fotopoemas, y sus fotos y sus poemas?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

NO ME GUSTA ESTA FERIA

Sin que haya podido indagar en mis adentros la razón exacta, el porqué preciso, lo cierto y verdad es que la actual feria de Antequera no me gusta. No es que haya feria ahora y me refiera a esa, no. La última acabó hace una semana, aproximadamente. A lo que aludo es al “formato”, como se dice ahora, al “modelo”, que también se dice, o sea, al tipo de feria que en los últimos años se ha impuesto: cacharros y casetas. Los cacharros para los niños y las casetas, para los jóvenes y mayores. Los cacharritos, ya se sabe. Las denominadas casetas son, esencialmente, establecimientos donde se expenden bebidas alcohólicas (parece que en las destinadas a menores, no) con alguna que otra engañifa sólida, de no muy alto nivel culinario, desde luego muy inferior al de los bares y restaurantes habituales, a cambio de unos precios bastante elevados, en los que van incluidos los decibelios en directo o en disco, bravos decibelios que te impiden hablar/escuchar, si es que lo intentas.

Yo, como no tengo ya chavales a los que pasear en la ola o la serena (así se nombraba antes) o los coches de choque o los aviones…, sólo me queda, en este paradigma ferial, congregarme en torno al alcohol y los pinchitos o similares, arropado por un caudal de música, para mí excesivo como digo. ¿Bailar? Algo, sí. Pero en plan payasada, lo mismo que en las sopocientas bodas/bautizos/comuniones que lleva uno ya en el cuerpo, todas también iguales entre sí.



No me gusta esa clase de feria en que la variedad está ausente, en que ya se sabe que todo será exactamente igual al año pasado y a los anteriores y a todas las celebraciones y fiestas a las que asistes durante el año. Si no bebes y/o no te gusta mucho el mediocre tapeo ferial, enharinado de polvo terrestre, ya lo tienes todo hecho y te puedes ahorrar la bajada al real.

Porque esa es otra. El traslado del recinto a aquel retirado lugar, allá en los confines últimos de la ciudad, en los límites ya de la circunvalación (o sea, en medio del campo), aparte de la lejanía, de tener que coger el coche y de deber ir expresamente, ha sacado la feria del pueblo, y no sólo en el sentido geográfico. El pueblo no está en feria, aunque aquí (más bien por los alrededores) haya una feria. Parece igual, pero es muy diferente.

No me gusta esta feria. Porque ni siquiera me han entusiasmado los nombres de los cantantes o artistas de otra especialidad contratados desde hace un tiempo. Tal vez la señora Vega haya sido la de más postín este año; coincidió que actuaba una noche que bajé al recinto festivo y ¡vaya decepción! Ni siquiera el sonido era bueno.

Si alguno de los que empezaron a leer esta penosa crítica ha llegado hasta aquí, tal vez se esté preguntando: ¿y qué tiene que tener la feria para que le guste a este hombre? Yo respondo: ni idea. No lo sé. Pero eso no me quita el derecho a quejarme, claro. Porque que yo no sepa cómo “diseñar” (se dice también ahora) una feria en condiciones no es nada malo. Lo malo de verdad es que no lo sepan los responsables del municipio.