martes, 8 de septiembre de 2009

FOTOPOEMAS

En el mes de mayo del pasado 2008 se colgó en las paredes de la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Antequera una singular muestra. Se trataba de una colección de poesías y fotos, emparejadas una a una, para constituir lo que los autores llamaron fotopoemas. Cada panel fotográfico se correspondía con uno poético, alusivos uno a otro en sentido amplio. El fotógrafo era Tony Smallman, artista británico afincado en Antequera (y dedicado a la enseñanza) desde hace años; y el poeta, el conocido escritor y librero antequerano Nicolás Ramos.

El fotopoema es un producto artístico en sí, tan lejano del “poema ilustrado”, como de la foto “comentada o explicada o traducida poéticamente”. Parte de la unión de una imagen y unos versos, para dar lugar a una creación nueva, no igual a la suma de los componentes. Así lo concibieron sus autores, los cuales -según me comentaron- no dejaron de sorprenderse los primeros del resultado, una vez que contemplaron su obra en aquella original exposición, tan diferente y de efecto visual y potencia comunicativa tan distintos a los que logra la difusión en forma de libro de versos y/o de fotografías.

Después de dar noticia de la exposición y del objeto expuesto, quiero insertar aquí algunos de aquellos fotopoemas publicados. No de los mejores, que no sabría yo elegir por falta de criterio y conocimientos, sino de los que más me han gustado, mirando con más atención la parte literaria que la icónica, pues si de aquella sé poco, de ésta sé aún menos. Son sólo tres.

“La escalera” está formado por cuatro versos preciosos, que traen al recuerdo el mito de Dafne convertida en árbol, inspirador de célebres poemas clásicos. La foto muestra, en blanco y negro, el esqueleto desnudo y frío en que ha parado el frondoso árbol verde originario.

ME VI SUBIENDO AL ÁRBOL MAJESTUOSO
PARA SABER QUÉ FRUTO ME LLAMABA.
NO LO HALLÉ ENTRE LAS HOJAS NI EN LAS RAMAS:
SE TRANSFORMÓ EL VERDOR EN ESCALERA


En “Cometas”, fundiéndose con una imagen aparentemente sencilla, aunque realmente grandiosa, hay seis versos en los que se engasta una colección de metáforas impagables, que transfiguran en múltiples visiones las simples telas volantes:

ONDEAN AL VIENTO LÁBILES COMETAS,
A LA CORRIENTE INVITAN SIN RECELO.
BRIDAS CAPACES, SUAVE MONTA A PELO,
JINETES DE AIRE DANDO VOLTERETAS.
¡CÚPULAS ASPIRANTES EN EL CIELO!
FLOTANDO CAPRICHOSAS MARIONETAS.


“Entre las cenizas y los aviones” lo tengo como el fotopoema puro, el auténtico fotopoema. Aquí la poesía saca de la imagen su significado propio -geometría urbana-, para volcar en ella una multitud de sentidos en torno al "gigante" corazón -lo humano-, sostenido en medio de un mundo sombrío, desnudo, fúnebre, amenazante… O le añade el nuevo contenido al original, con un resultado de extraordinaria intensidad, que va calando a cada vuelta del reiterado estribillo.

DURMIENTES Y DESPIERTOS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
RESURGEN DE LAS RUINAS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
NUEVAS VENTANAS SE ABREN:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.
A LTOS RASCACIELOS:
GIGANTE EL CORAZÓN EN LAS CIUDADES.



Este breve recordatorio de aquella pequeña y grande exposición, hecho en un medio como Internet, ¿podrá servir a los autores para que se animen a crear un espacio virtual propio donde sigan brillando, ya en la inmensidad de la red, sus fotopoemas, y sus fotos y sus poemas?

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