lunes, 4 de enero de 2010

CARRERAS DE COCHES Y DE MOTOS

Una vez, un compañero y amigo al que hasta ese día admiraba, intentó justificar ante mí su afición a las carreras de coches y de motos, e incluso la propia existencia de tales espectáculos, aduciendo que se trata de deportes tan válidos como los demás. En el fondo, lo que pretendía era contrariarme y descalificar mi aversión a tales prácticas.


Yo no soy contrario a las motos ni a los coches. Pese a que no me gusta conducir, admito que no sólo son medios de transporte útiles, sino también instrumentos de solaz y esparcimiento para muchos. Hay quien disfruta al manillar o al volante, lo sé y lo acepto como algo lícito. Yo no disfruto, pero eso no viene a cuento. Me opongo a las carreras, demencial ejercicio donde no hay placer sino velocidad, no hay estética sino mecánica, no hay camino sino meta. Donde la naturaleza no es objeto de deleite y complacencia, sino destino para la contaminación y sus secuelas. Donde el desorbitado gasto de combustible, escaso y caro, es un grave pecado social. Me gustaría efectuar el cálculo de cuánto (mal)gastan anualmente las escuderías en derivados del petróleo y, por lo tanto, cuánto contribuyen a aumentar la demanda y a elevar el precio; precio que después todos sufrimos en usos cotidianos, profesionales o no, menos inútiles, de nuestros vehículos.

Por otra parte, no me gusta el endiosamiento de la máquina, sea cual sea: el ordenador, el móvil, la bicicleta, la moto, el coche, la lavadora o el televisor… Endiosamiento que se da cuando la máquina se valora no como instrumento, sino como objeto cuya finalidad está en sí mismo. Una vez me dijo un chaval: “Tu teléfono móvil no me gusta, porque no hace nada”. Después de asombrarme, caí en la cuenta de que su intención era echarme en cara que el aparatito casi no hacía más que transmitir conversaciones y mensajes. No como otros, a los que únicamente les falta bailar flamenco o cuidar del perro, de tantos servicios como en teoría prestan y por los que se veneran, aunque en la práctica sea imposible sacar rendimiento de todos ellos. Únicamente se aprecian porque tienen esas cualidades, no porque debido a ello nos ayuden realmente en la vida.


Las carreras de coches y motos favorecen tal consideración, puesto que constituyen “recorridos hacia ningún sitio”. Los conductores no se encaminan hacia parte alguna que interese o sea necesaria, sólo participan para correr unos más que otros. La meta actúa como punto de referencia del tiempo y, por tanto, de la velocidad. Admito que el paseo es también un “caminar hacia ninguna parte”, caminar por caminar. Pero no es de esa futilidad de la que estamos hablando. El paseo es el recorrido, no la velocidad ni la meta.

Las carreras de coches y motos no son deporte, sólo competición. Todos los deportes encierran una parte de competición, pero no es cierto lo contrario. No se ufanen los Fernando Alonso o la saga de los Nieto de ser deportistas de élite, porque no pasan de ser conductores de competición. Alguno podrá contraargumentar diciendo que el ajedrez, por ejemplo, también es sólo competición, y no deporte. Cierto, pero ¡bendita competición, que enriquece tanto al hombre, en su parte más noble, la inteligencia! Y, además, ni contamina ni genera gastos superfluos, como el de combustible. Etc.

Y tampoco provoca accidentes mortales, que no es cuestión menor.

Por todo ello, yo nunca seré partidario de introducir esas formas de competición entre máquinas en las olimpiadas, por ejemplo. En cambio, sí que defendería que excluyeran de ellas el boxeo, otra competición que no es deporte. Pero el boxeo… es otra historia.

3 comentarios:

  1. A mí tampoco me gustan las carreras. Para un videojuego están bien, pero por todo lo que comentas, son más dañinas que otra cosa. No comulgo en absoluto con la adrenalina que siente un conductor de rallies, porque simplemente no siento esa adrenalina cuando veo competir a alguien. Y mira que es aburrido, por cierto.


    OLI I7O

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  2. Hace dos décadas y media, el que esto escribe sintió cierta inclinación por la F1. Es más, asistí a dos o tres carreras, las suficientes para liquidar de forma radical el interés que habían despertado en mí. Quizás por lo aburrido que resulta ver a quince o veinte multimillonarios compitiendo con sus cochecitos en un circuito.

    Antorelo

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  3. Respetando el que pueda gustar o no, la descripción es demasiado superficial. La ingeniería les debe mucho en el estudio de materiales, seguridad, etc. Esto luego se aplica en otros muchos campos.
    Respecto a los pilotos, han de ser verdaderos atletas, poseer unos reflejos y una capacidad analítica extraordinaria.
    Además, hoy en día, cualquier deporte profesional mueve millones, con la diferencia que los de las carreras, me reportarán mejoras en mis futuros medios de transporte, mientras que los del fútbol por ejemplo, no.
    Y no me gustan las carreras...
    http://latigocanosonoticias.blogspot.com

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