martes, 16 de febrero de 2010

MEMORIA HISTÓRICA

En el ejercicio de mi profesión, conocí hace algún tiempo a un chaval, creo que de 14 años, que había adoptado la curiosa costumbre de anotar en una libretita las actuaciones concretas de compañeros de colegio hacia él, positivas o negativas, según su punto de vista. Así, dejaba constancia de hechos como el que uno o una le dejara un bolígrafo o no, si le ayudaba a resolver un problema o se negaba, si le prestaba o no atención, etc. Este documento lo utilizaba luego para portarse con unos y otros de acuerdo con sus apuntes, una vez consultados: “No te dejo un folio, porque tú no me lo diste cuando te pedí un lápiz el día tal”, por ejemplo. A raíz de unos problemas en la clase, de esos que ahora se denominan “de convivencia”, en los cuales se vio implicado, me presté a ayudarle y, de esta manera, iniciamos y mantuvimos una muy buena relación personal y bastante confianza mutua. Lo de la libretita me parecía una total equivocación, porque suponía mantener a lo largo del tiempo y fuera de contexto un juicio sobre las personas, totalmente cerrado e inamovible; rechazar la posibilidad de cambiar de opinión y valoración sobre ellas, así como de perdonar e incluso olvidar, a tenor de cambios de comportamiento posteriores, de nuevos modos de relacionarse, etc. O sea, prolongar las culpas “ad infinitum” y avivar eternamente la llama del recelo, el distanciamiento, el rencor, sin posibilidad alguna de reconciliación.

Traigo esta anécdota para manifestar que me parece una concreción, en un entorno muy limitado y con unas coordenadas bastante más simples, de lo que se entiende en los últimos años por “Movimiento para la Memoria Histórica”, que ha dado como resultado toda una ley. Estoy convencido de que esa historia de la agendilla me ha hecho entender mejor la decisión política, para mí extraviada, de exhumar lo que entre todos habíamos enterrado bien hondo. Excuso detallar el contenido de dicha ley. Todo el mundo sabe que se trata de remontarse a la guerra civil y la dictadura, y hurgar aun en los más escondidos rincones del país, incluso bajo de tierra, para buscar, incansable y exhaustivamente, todos los atropellos y desmanes de los ganadores, condenarlos una vez más y resarcir, pese a la distancia temporal, a las víctimas, mejor dicho, a sus herederos, pues la mayoría han fallecido. O sea, para que no se vayan a ir (¡pero si ya se han ido!) de rositas los “malos”.

¿No ven el paralelismo entre estas intenciones y sus consecuencias, y las del cuadernillo del niño, antes explicadas? Después de la Transición y lo que ese proceso generó de perdón mutuo (¡MUTUO!), de deseos de rehermanamiento, de inicio de un camino de pacífica y esperanzada avenencia y concordia, etc., este afán de “memoria histórica” no puede sino revivir hechos, comportamientos y situaciones nuevamente alentadores del enfrentamiento y del odio. No es buena esa vuelta al pasado. Yo no niego la legitimidad, incluso la obligación, de los historiadores de indagar y poner de manifiesto todo, repito TODO, lo que pasó. Pero teniendo en cuenta que se trata de un ejercicio intelectual, de una investigación científica, y no de la búsqueda de pruebas para abrir otra vez un juicio, cuyas consecuencias no lograrán sino alterar el clima alcanzado con un enorme esfuerzo colectivo. Juicio, además, desfasado, porque la vida del país se venía rigiendo ya por lo que cristalizó en la Transición, bajo sana y generosísima consigna general: no miremos más al pasado para reorganizar nuestra vida social y política (sí para la investigación histórica, claro), borrón y cuenta nueva, y girar la cabeza hacia el futuro. Consigna con la que empezó y continuó yéndonos bien, hasta que alguien se ha propuesto resucitar el encono, apelar a viejos resentimientos . (*)



LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA



En cuanto a la libretita, un día me jugué el tipo. Llamé al dueño y le rogué: “Te voy a pedir un favor: que me regales esa agenda y no vuelvas a empezar ninguna otra”. El muchacho se quedó sorprendido. Me dijo algo que no recuerdo literalmente, pero que venía a expresar que eso era como ofrecerme su ser social, el soporte de su fuerza dentro del grupo, etc. Yo le respondí que me daba cuenta del enorme sacrificio que le estaba pidiendo, pero que merecía la pena, porque así erradicaría de su vida y de sus relaciones los efectos que antes he dicho. Me solicitó unos días para pensarlo. Al día siguiente, vino a mí, arrancó las hojas escritas y las puso en mis manos, con la promesa de que nunca más escribiría cosas así.
Ese fue el final del caso del cuadernillo. El de la Memoria Histórica…, sinceramente, no sé cuál será. Pero tengo mis preferencias.
_____________
(*) Cuando estoy a punto de concluir la revisión de este texto, asisto a una entrevista a Joaquín Leguina con motivo de su última novela, Luz crepuscular. Preguntado por el asunto de la memoria histórica, responde en unos términos tan próximos a los míos, que, si mi artículo ya hubiera visto la luz y tuviera la suficiente categoría como para atraer su interés, se diría que me lo “había fusilado” (aquí, en el sentido de “copiar”, “plagiar”, y no “ajusticiar”, pese a la materia de la que tratamos) . No ha sido ni podrá ser nunca así, claro. En cualquier caso, lo cierto es que la coincidencia en la valoración de ese movimiento político he visto que es total. De lo cual me congratulo, naturalmente.

9 comentarios:

  1. Me ha gustado muchísimo "maestro". Está muy bien detallado todo y sinceramente gracias de corazón porque sin ti no hubiera sido el mismo que soy ahora, insisto GRACIAS. ;)

    ResponderEliminar
  2. Un buen post.
    Enhorabuena de nuevo por el blog.
    Salu2

    ResponderEliminar
  3. Hola, gracias por pasar por mi blog. Te cuento que sobre tus consultas, la diferencia en medio tono es apreciable para un oido educado, hay diferencia: para hacerlo mas fácil, lo escuchas un poquito mas agudo. En cuanto a la cantidad de alteraciones, los alumnos dicen que cuanto mas cantidad, mas difícil es, pero para un músico no debiera existir tal dificultad porque tiene un dominio total de su instrumento.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Yo, sinceramente pienso que le estás negando el derecho a una persona de poder siquiera el día 1 de Noviembre ponerle unas flores a sus seres queridos. Seguramente, tú si puedes hacer eso.
    Yo no lo veo como un revanchismo social, no lo veo como si se tratase de sacar trapos sucios de etapas anteriores...


    Aún no coincidiendo con algunas de tus ideas, ya que no creo que sea del todo aplicable el caso del cuaderno a este (ya ha quedado claro antes el porqué) me gusta tu escrito.

    Un saludo ;)

    ResponderEliminar
  5. Gracias por entrar, leer y comentar. Está claro que no vemos las cosas de la misma manera. O que no vemos las mismas cosas, que es muy diferente. Supongo que habrá ocasión de desmenuzar esta diferencia de opinión. Estoy a la espera de un nuevo texto en tu blog y supongo que otros u otras también.

    ResponderEliminar
  6. En esta asunto no caben las posturas viscerales. Las heridas internas son las que más tardan en cicatrizar; y cuanto antes cicraticen, mejor. También -creo- todo el mundo tiene derecho a honrar a sus muertos, pero sin llegar a posiciones extremas, que nada aportan a la convivencia.

    Anónimo 2

    ResponderEliminar
  7. Claro, claro, Anónimo 2. En el supuesto (que creo compartimos) de que el objetivo sea la convivencia y no un eterno "me-las-pagarás". Gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  8. Me encanta esta entrada. ¡Menudo maestro debes de ser! :o) Qué pena que el chico recondujese por "el lado oscuro" esa iniciativa de la libreta, porque bien se le podría dar otra utilidad (por ejemplo, de cada persona, apuntar una buena acción y una mala acción, o dos buenas acciones y una mala acción)

    Ah, lo de Joaquín Leguina podría ser un curioso caso de criptomnesia.


    OLI I7O

    ResponderEliminar
  9. Gracias, amigo Oli, por tu elogio. La verdad es que, si vieras el cambio que dio ese chaval... Naturalmente, yo sólo fui un mero colaborador o facilitador, como se dice ahora. Esas cosas nos proporcionan a los de mi profesión muchas satisfacciones. Dices que podría haberle dado otra utilidad... No sé, a mí me pareció mejor arrancar de cuajo el hábito. Bueno, lo de Leguina... pues... he tenido que buscar la palabrita, como es lógico, y ni aun así acabo de enterarme del todo de lo que quieres decir. Ya ves. Un saludo.

    ResponderEliminar