jueves, 29 de abril de 2010

BIENAVENTURANZA

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No sé si quienes leéis esto habéis asistido con agrado a un algún entierro. A mí me ocurrió ayer. En primer lugar, la persona fallecida no significaba mucho para mí y tan sólo figuraba yo allí como acompañante de una amiga de la familia. Pero, sobre todo, aprecié en el sacerdote un estilo, un modo de conducir la ceremonia, que confieso nunca he presenciado: logró crear un clima recogimiento, cuya manifestación más visible fue el impresionante silencio con el transcurrió todo el acto. Y ello, pese a que el templo estaba abarrotado y a que una parte de los asistentes eran muchachos y muchachas muy jóvenes, casi niños, compañeros y amigos de un hijo de la difunta. El oficiante leyó unos textos, pronunció un sermón, rezó las oraciones propias del rito fúnebre con respeto, devoción… Lo que más me impresionó fue que, poco antes de concluir, invitó al público a una reflexión, que comportaba un examen sobre sus propias vidas. Se hizo una pausa de varios minutos, con un fondo musical muy hermoso: una canción que desarrollaba una frase de San Juan de la Cruz, referente a que al final de la vida se nos juzgará, principalmente, por lo que hayamos amado. La verdad es que salí verdaderamente complacido, pese al fondo y el objetivo de la celebración.

Sirva este prólogo para justificar la atención que mantuve a lo largo del acto, reconozco que bastante inusual. Lo normal es que me distraiga, mirando para acá y para allá (las iglesias son, a veces, extraordinarios museos) o pensando en mis cosas. Debido a ello, escuché una por una, sin que se me fuera el santo al cielo, las bienaventuranzas evangélicas, que hacía ya mucho que no oía ni leía, y me percaté puntualmente de sus respectivos mensajes. Una de ellas, creo que la octava, merece la pena que la traiga aquí, porque me chocó bastante (por primera vez, desde que la aprendí en los tiempos del catecismo): “Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. Entiendo que los “perseguidos por causa de la justicia” son los que han actuado en contra de la ley y, debido a eso, la justicia los busca, para juzgarlos y condenarlos o no. Entonces, ¿la doctrina evangélica promete el “reino de los cielos” (premio máximo al concluir la vida terrenal) a todos los que, por robar, asesinar, chantajear, practicar el terrorismo, prevaricar, violar…, se convierten en objeto de persecución y captura? En resumen, ¿se les concede disfrutar del paraíso y la gloria de Dios Padre eternamente a todos los chorizos del mundo, por el simple hecho de serlo?



En los últimos tiempos se habla mucho de que no pocos detenidos, incluso si han sido cogidos con las manos en la masa, entran por una puerta de la comisaría o del juzgado y salen por la otra tan campantes, cuando no, desafiantes. O sea, que se han reducido o ablandado las penas y sanciones considerablemente, con lo que aumenta la impunidad para los malhechores y la inseguridad para las víctimas. El caso del niño Rafita es uno de los más sonados últimamente. En esta línea, la bienaventuranza octava sería la guinda del pastel. Si mi interpretación del texto bíblico es acertada (creo que no, pero ignoro por qué: sabios tiene la Iglesia) y si son o se hacen católicos los perversos, no sólo no sufrirán condena, sino que disfrutarán de una suculenta recompensa. En el más allá, claro está, pero ¿qué es la vida mortal sino abrir y cerrar de ojos en comparación con la eternidad? Ojalá no sepan ni se enteren de la doctrina cristiana quienes legislatura tras legislatura han ido despenalizándolo casi todo, porque capaces son de tomar lección y enseñanza, sin importarles la procedencia, para acrecentar su buenismo. Que a ninguno se le ocurra (o le acaezca) asistir a responsos como el de ayer.

7 comentarios:

  1. Defendía Kant que era necesaria la existencia de Dios para poder justificar de algún modo las buenas obras; de no ser así todo el mundo actuaría con maldad. Establecía que debía de existir un Dios que impusiese el castigo necesario a los malechores. En este caso, la ética debería esperar a la política.

    Por ello la frase que pronunció este cura, entendida tal y como la hemos entendido ambos sólo me recuerda a un político de pacotilla
    que quiere mantener contenta a toda la población prometiendo a todo el mundo un futuro lleno de felicidad.

    En este sentido, pienso que la justicia sí que está mal aplicada y que deberían tomarse medidas, de otro modo sólo nos quedaría confiar en que Kant no se equivocó.

    Un saludo C3C1

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  2. No está en mí hacer de teólogo, ni mucho menos, pero, siempre entendí otra interpretación en este versículo:
    "los perseguidos por causa de la justicia", son los perseguidos por ser o tratar de ser justos en sus actos.
    Es curioso la forma con que Jesús de Nazaret lanzaba paradojas que dibujan con claridad meridiana los contextos en los que se movía. Resulta que los que debían ser justos por excelencia (los agentes de justicia) se convierten en perseguidores de los que realmente son justos (entiéndanse aquí los cristianos). Y es que una cosa es la justicia y otra la legalidad. Se puede ser ilegal siendo justo de la misma forma que se puede exhibir una conducta legal siendo injusto.

    Otro aspecto que destaca en la el mensaje del nazareno es la rabiosa actualidad que tiene su enfoque, no hace falta más que echar una mirada a los tribunales de "justicia" de nuestro país.
    En cuanto a los sermones, ya lo decía él, "haced lo que dicen y no haced lo que hacen", auqnue yo me quedo con tu santo tío, Don José, probablemente el ser adulto ajeno a mi familia (aunque la siento como parte de la misma) al que tomé como primer modelo a imitar en mi infancia.
    Ese sí que era un verdadero cristiano, palabra de agnóstico.

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  3. Por desgracia, el hombre necesita de los castigos, C3c1.Y, cuando es pequeño y está aprendiendo, más.

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  4. Deivid, entiendo tu interpretación. Pero entiende tú también que está sacada por los pelos. La frase dice lo que dice. Si quisera decir lo que tú interpretas, debería ser así: Dichosos los perseguidos por ser justos..., o ... por actuar con justicia... Así lo veo.
    Gracias por entrar, leer y comentar, C3c1 y Deivid.

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  5. Aunque soy "medio ateo" mi opinión es que se refiere a los perseguidos por la justicia por ser cristiano, algo en aquella época bastante común.

    La verdad me gustaría tener fe en la justicia porque creo que la he perdido en su totalidad.

    Un abrazo,

    RATO

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  6. Y yo, Rato. No por experiencia, sino por ver lo que veo, escuchar lo que escucho y, sobre todo, leer lo que leo. Saludos, amigo.

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