miércoles, 30 de junio de 2010

MIENTRAS MEJOR, PEOR

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Me permito dar la vuelta a la superconocida consigna desiderativa, emblema y guía de todo rebelde y/o conjurado, en cualquier orden de cosas, para expresar mi postura en relación con la actuación de “la Roja”. Ya saben, la Selección Española de Fútbol. Hasta esta mañana, sin llegar al extremo de los que van por la calle metidos en cualquier envoltorio rojigualda o adornan sus balcones con la enseña nacional, o vienen participando en sesiones orgiásticas cada vez que a nuestro once le toca partido..., pues me he sentido interesado por la actuación y por los resultados de los de Del Bosque, he visto los encuentros con cierta emoción e inquietud y, cómo no, me he alegrado por los éxitos, que se resumen en la llegada a los Cuartos.


¿Qué ha sucedido esta mañana para que me enfríe, para que mi trayectoria de aficionado vaya ya más ralentizada y mi entusiasmo, siempre moderado, decline ya visiblemente? Algo muy simple. ¿Cómo no se me había ocurrido antes imaginármelo? Es esto: he oído en un programa deportivo de radio que, si España alcanza la copa finalmente, a cada jugador se le pondrá en la mano… (me conmuevo al ir a escribirlo) la suma de 600.000 euros. Rediós, 600.000 euros, es decir, 100.000.000 de pesetas. ¿Es eso posible? Lo es. Pero, ¿es justo? Creo que no. No olvidemos, ni siquiera bajo los efectos narcóticos del deporte nacional, la crisis y esas cosas. En total, serían más de 1.200.000.000 de pesetas, que formarían casi como una Torre del Oro de billetes, puesto uno encima de otro.

Esta mañana he caído en la cuenta de que nos estamos volviendo locos. Al menos en nuestro país. Yo quiero hacer un acto de cordura (¡de justicia!) y no entrar por el aro. El aro ese que intentan que atravesemos los medios de comunicación, tan interesados en que adoremos al Becerro de Oro “Rojo” y estemos en vilo cada vez que participa en duelo contra algún otro ídolo enemigo. ¡Si han conseguido que los españoles, notoriamente poco afectos a todo lo nacional, sembremos de banderas nuestras calles! Eso sí, con banderas confeccionadas con género menor, de las que se venden en los chinos a dos o tres euros. Porque no nos es dado gastar más en símbolos, no sea que no quede para la manduca. Y los chavales de los 100.000.000 no van a repartir nada en subvenciones, ni siquiera para eso.
Lógica, pues, mi conclusión, que avanzo en el título: mientras menos partidos ganen, menos dinero ganarán. Mientras más pierdan, menos perderemos. Mientras peor, mejor.

domingo, 27 de junio de 2010

CÓMO SE METIÓ OBELIX EN EL CALDERO DE PANORAMIX DE NIÑO (*)

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Hace mucho tiempo, nació un niño llamado ASTERIX y después un niño, un niño bastante gordo, llamado OBELIX. Un día como otro cualquiera el padre de OBELIX se despistó y OBELIX se fue de su cabaña intentando coger una mariposa que le llamó la atención. Y la mariposa se metió en la cabaña de PANORAMIX .PANORAMIX la cogió y la metió en el caldero de la poción de la fuerza. A OBELIX se le escapó un pedo, lo cual lo propulsó al caldero. Intentó coger la mariposa que no se había hundido del todo. OBELIX se resbaló y se cayó en el caldero. Después de un rato, una viejecita que pasaba por allí entró en la cabaña de PANORAMIX. Vio a OBELIX y dijo:

- Pero bueno, qué niñito más gordito y bonito.

Entonces la viejecita se acercó a OBELIX y no veas la que se armó. OBELIX le pegó toda clase de mamporros. La viejecita salió de allí volando.

"MATÍAS"
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(*) Este es el primer cuentecillo escrito por un sobrino mío de 8 años. De momento, ha elegido el pseudónimo literario de "Matías". Diferenciaré sus textos de los míos por el color celeste.

sábado, 19 de junio de 2010

¡SUSPENSO A LOS PROFESORES!

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En los últimos años, diversos informes de ámbito europeo han puesto de manifiesto el bajo nivel de los estudiantes españoles de distintas etapas. De esos datos nos hemos avergonzado y hemos deducido, con preocupación, la pobreza intelectual y la escasa formación de nuestros jóvenes, la ineficacia del sistema educativo y el negro futuro que espera a un país con tal grado de indigencia cultural y científica de quienes tendrán en sus manos tal futuro.

Pues bien, un lamentabilísimo hecho, ocurrido en las pruebas de selectividad de hace unos días en la región andaluza, corrobora, y aun intensifica, la imagen de nuestra ignorancia. Así apareció, como noticia, en El País:

“El examen de selectividad de Lengua castellana y Literatura, al que se enfrentaron el martes 31.631 alumnos, contenía un error en uno de sus ejercicios. Se subrayaban dos ejemplos de un texto y se les pedía a los estudiantes que identificasen a qué tipo de perífrasis correspondían. El problema es que uno de los ejemplos no era tal perífrasis. […] ‘Pretendía exterminar’ no es una perífrasis. El verbo pretender es transitivo y suele requerir de una oración con complemento directo en forma de infinitivo (en el caso del texto, exterminar). "
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/error/cuela/prueba/Lengua/selectividad/elpepuespand/20100618elpand_9/Tes

Increíble, pero cierto. Conviene aclarar que las pruebas de selectividad las redacta una comisión, formada por profesores especialistas (creo que debería ir entrecomillado al referirnos a los de Lengua) en cada materia, tanto de Bachillerato como de la Universidad. El procedimiento suele consistir en que cada miembro, siguiendo la normativa existente, propone un texto y unas cuestiones, y se valoran en la comisión, la cual decide al final cuáles constituirán la prueba. De este modo, la comisión es la responsable del contenido del examen. Es obra suya y denota su concepción de la prueba y sus criterios acerca de lo que debe saber un aspirante a universitario. En este caso, también ha mostrado su ignorancia o su desidia, que resultan al final casi lo mismo. Téngase en cuenta que la cuestión de las perífrasis pertenece al programa de la ESO. Es una vergüenza y una desgracia que el mal haya llegado ya al estamento profesoral. Los que no saben no son sólo los alumnos, ¡también los docentes! No es algo tan grave, a corto plazo, como la crisis económica, por ejemplo, pero pertenece al mismo tipo de cosas, en cuanto que forma parte de la situación en la que estamos metidos…, mejor dicho, hundidos.

Una acción imperdonable, la de la comisión de Lengua de este curso. Al chaval que me lo contó y me dio el enlace de El País (él realizó, o sea, sufrió esa prueba del martes), le dije que, por decencia, no debería haber alumnos suspensos este año en la materia (¡es lo mínimo!); el suspenso, para los profesores encargados del examen, a los que tendrían que poner de patitas en la calle, expulsarlos al menos de la Selectividad inmediatamente, antes de que metan mano en la corrección de los exámenes. Pues… a ver qué otras tropelías podrían cometer en algo que es tan crucial y trascendente para el porvenir académico de los estudiantes.
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jueves, 17 de junio de 2010

EL PRÍNCIPE DESTERRADO, y 2

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Como he dicho, casi siempre estoy arriba, en el salón o en la terraza, que es graaande grande. Allí está la casita de “Rix”. Es como una tienda de campaña de indio, chulísima. Al lado le puso mi hermano Juan, que ya tiene 11 años, una especie de alfombra con tierra, para que el perrito echara sus pis y sus cacas. Luego tuvo que agrandarla y cubrir los bajos de la tienda, cuando “Rix” empezó a mear contra la pared, levantando la pata. Hasta entonces, se lo hacía por todos sitios. La Vito le llamaba marrano, guarro, astroso, indecente… a grito pelao. Pero nunca le pegó, ni le pega, ¡nunca! Mi padre lo dejó bien clarito cuando me lo trajo: “A este perro, que no le ponga nadie la mano encima”. Y todos lo respetan, porque era mi padre y porque fue su último deseo. Y a mí me parece que “Rix” lo sabe, que algo se ha olido. Jaja, ¡qué golfo!
Algunas veces, el perro y yo nos bajamos a mi cuarto. Allí me pongo a ver la tele o a jugar a la PSP, porque mi mamá no me deja bajar juguetes. Juan casi nunca viene, a él le sigue gustando leer comics o incluso libros. Se queda tumbado en el sofá del salón.
Hace un mes o así, un domingo mamá y la Vito se pusieron rabiosas, vaya cabreo que agarraron. Estuvieron dando gritos a “Rix” toda la mañana. Fue porque se encontraron una mancha húmeda en la moqueta y, claro, pensaron que “Rix” se había meado. (Pobrecillo. Perdóname, guapo.) ¡El cisco que le formaron! Más o menos como el que me lían a mi cuando me lo hago en la ropa. En eso siguen igual que en la novela: me dicen que voy a ir al infierno, que soy un cerdo, ya tan grande, que, cuando me case, me voy a mear encima de mi mujer… Yo qué sé la de cosas feas que se les ocurren para que me achare y me aguante... El perrito se escondió, temblando, debajo de mi cama y no salió hasta que se fueron a misa de doce.
A los pocos días, cuando ya se había secado la moqueta, apareció una nueva mancha de pis. Pero… ¡esa la descubrieron de otra manera! Me pillaron, a mí, con el pantalón bajado y meándome yo allí a caso hecho. No, “Rix” no fue tampoco el culpable de la anterior meada. Se liaron a voces, me zarandearon, la Vito empezó a llorar… El cristo que se armó fue flojo. Pero yo ni me asusté. Sin ni siquiera subirme el pantalón, solté todo lo fuerte que pude: “Mira, mamá. Tú escoges, lo que más te guste: o me meo en la ropa o me meo en la moqueta esta, ¿vale? Cuando esté jugando o viendo la tele y no tenga gana de subir al aseo, me lo haré aquí. Vestido o en el suelo, como “Rix” lo hace al lado de su casita“. Ya estaba yo hasta las narices de que me torturaran como a un bandido, nada más porque me orinaba sin darme cuenta de vez en cuando.
Me subí los calzoncillos y el pantalón. Mamá no chistó, ni la Vito, claro. Juan se aguantaba la risa. Se fueron todos al salón y me dejaron solo.
A mi habitación le echaron la llave y se me prohibió bajar durante el día. Para dormir, colocaron mi cama en el cuarto de Juan, al lado de la suya, donde todavía está. Así que, además de un príncipe destronado, como escribió Miguel Delibes, soy también un príncipe desterrado.
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miércoles, 16 de junio de 2010

EL PRÍNCIPE DESTERRADO, 1

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A mi hijo, José Antonio

Hola. Soy Quico, el niño de la novela El príncipe destronado, que escribió Miguel Delibes (*). Me dijeron que se había muerto. Me dio mucha lástima, porque era como mi otro abuelo. Ahora tengo seis años, tres más que en la novela. Estoy más grande, pero tengo el mismo aspecto: ojos azules y rubios rizos. Todavía me confunde a veces la gente con una niña. Ahora, cuando alguien me dice “¡Qué chica tan mona!”, como ya estoy más suelto, le contesto: “Yo soy un tío, y usted, ¿qué es? “, o bien, echándome mano a la bragueta le suelto “Soy un niño, si quiere se lo enseño”. Y se ríen para que no se note que les da vergüenza.

Bueno, en lo demás también sigo igual. Me llevo muy bien con mi hermano Juan. Y, por supuesto, me meo encima cada vez que encarta. En la cama, sólo de vez en cuando. En los pantalones, muchas veces. Sobre todo cuando estoy tranquilo en mi casa, distraído jugando o mirando la tele. Como siempre me ha pasado, es que ni me doy cuenta. En el colegio, no me meo, porque allí me matarían y además… ¡vaya numerito delante de los otros niños, y de las niñas! El colegio donde me han llevado es de monjas. Me quieren mucho todas y me dan muchos besos, más que a otros. Y las dejo que me cojan de la mano para llevarme al recreo o a la clase, que me abrochen el babero y todo eso. Ahora que lo pienso, en el colegio no me dan muchas ganas de hacer pis o nada más me dan cuando se puede ir, o sea, en el recreo, entre clases…
Nos hemos cambiado de casa. Ahora vivimos en un piso más grande. Un dúplex le dicen, porque tiene dos plantas. En la de arriba está el salón, una salita, la cocina, la terraza y un cuarto de aseo; la de abajo es para los dormitorios y otro cuarto de baño, que sólo nos deja mamá utilizar para bañarnos o ducharnos. No quiere que orinemos ni caguemos en él; dice que debe estar siempre “puesto en visita”, o sea, preparado por si viene alguien de visita. La salita de arriba, igual: está cerrada como una cárcel. El suelo de los dormitorios tiene pegada una especie de alfombra, a la que llaman moqueta. Yo casi siempre estoy en el salón o en la terraza, con mi hermano y con la Vito. ¿La recordáis? La criada de las manos agarrotadas. Mi madre ahora apenas para en casa, porque tiene que trabajar, desde que se separó de mi padre.

Poco antes de marcharse, mi padre me hizo un regalo estupendo: un perrito caniche, blanco, muy simpático, saltarín, que siempre está conmigo. Mamá y la Vito lo odian, pobrecillo, tan bonito como es. Le puse de nombre “Rix”. Es muy listo: yo le enseño muchas cosas. Por ejemplo, aprendió a llevar a la cocina por las mañanas los pañales que me ponían de noche por si me meaba. Ya no me los ponen, porque yo no quiero ese bulto entre las piernas y en el culo. Casi nunca mojo la cama y, además, me da un poco de vergüenza tener que enseñarle a la Vito mi chorra todas las noches. ¡Soy mayor! Tampoco la dejo que me bañe; he aprendido mirando cómo lo hace Juan. Nos metemos los dos y él me dice si me dejo algo por enjabonar o secar…

(Continúa)
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(*) La versión cinematográfica de El príncipe destronado se tituló La guerra de papá y se estrenó en 1977. Protagonizada por Lolo García -en el vídeo- y dirigida por Antonio Mercero, tuvo un enorme éxito.

EL VELO MUSULMÁN, EL BURKA Y LA LEY

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Inserto el extracto de un interesante artículo, titulado “El velo islámico”, publicado por Pedro Vergara en el periódico local La Crónica (30 de abril al 7 de mayo de 2010, p. 30). Creo que aporta bastante a la clarificación de un problema que se empieza a plantear en bastantes países no musulmanes, entre ellos España.


Comienza haciendo una distinción entre “religión” (“conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad” y de “normas morales”), “ceremonias propias del culto” y “signos externos, fuera del lugar de culto, que sólo pueden considerarse como folklore o tradición”, como las procesiones, el hábito o la sotana católicos, la kipá o solideos judíos, el turbante de los sikhs, el velo de las musulmanas…
En cuanto al velo, no se trata, además, de una elección libre de mujeres adultas (como el hábito de las monjas, por ejemplo), sino “una imposición de la familia o del grupo al que pertenecen” y, por lo tanto, se convierte en “un símbolo de sumisión, de sometimiento al hombre, que atenta contra la libertad de las mujeres”. Por su parte, el burka “es una extrapolación del velo” y “la suprema expresión de un repugnante machismo contra la dignidad de la mujer”.
“En caso de conflicto , la ley y las normativas locales deben prevalecer por encima de esos símbolos, tanto los católicos como los musulmanes”. “Pero los musulmanes saben que ganarán cualquier pulso con nuestra desnortada y complaciente sociedad, y la pasividad de nuestros Gobiernos”.
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sábado, 12 de junio de 2010

LA NOVIA DE NADAL

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Me propongo hablaros de esta linda muchachita; no sé si la conocéis. Es muy guapa, muy joven, deportista, buena estudiante… y, supongo, con muchas cualidades más. Pero el motivo del rescate que le hago para traérmela aquí, a mi espacio, es que quiero presentarla como modelo para todos nosotros, niños, jóvenes y mayores. Un ejemplo de responsabilidad, de voluntad, de discernimiento, de personalidad… Os cuento la historia. La chavala, que se llama María Francisca Perelló, más conocida como “Xisca”, es la novia de Rafa Nadal, el súper campeón de tenis. Al parecer, componen una pareja bastante estable, pues su amor y su relación dura ya 2 años, mucho en los tiempos que corren.
Como se sabe, el pasado día 6 de los corrientes Rafa participó en la final del “Roland Garros” y ganó por quinta vez el trofeo, con lo que se elevó, de nuevo, hasta el puesto número uno mundial. Llegar a esa altura tiene un increíble mérito, pues supone competir y ganar a los mejores de los mejores. Pero, en este caso, el mérito aumenta, por cuanto significa la superación de una racha “baja” del tenista, después de algunas lesiones, que le hizo descender en el ranking. Se enfrentó, pues, también a sí mismo (uno suele ser el adversario más correoso de uno mismo) y ha salido triunfante. No todos salvan un bache así, en los niveles en que nos movemos, donde las diferencias, y las victorias o derrotas, se miden en milésimas. Llegar dos veces es rara, y por ello encomiable, proeza. Enhorabuena… doble, chaval.



Pero, como reza el título y anunciaba al principio, aquí debo hablar, siquiera un par de párrafos, no tanto del muchacho, sino de su novia. Resulta que, según oí en la radio, ella no asistió a ese partido de la final de “Roland Garros”, tan importante y tan decisivo. ¿Por qué? Por una razón que a algunos, quizás la mayoría, les parecerá tonta, desproporcionada: ¡tenía esos días un examen! Así que la señorita cambió el gozo, la satisfacción inmensa de ver subir a su queridísimo a la cumbre del Olimpo, en un ascenso duro como he comentado, cambió -digo- todo eso por el cumplimiento de la obligación de pasar un examen. Oí la noticia y me quedé con la boca abierta. ¿Que, tal como están las cosas, haya jóvenes así, con ese sentido de la responsabilidad? Casi no me lo pude creer, siendo quienes son, es decir, una pareja con su futuro ya más que resuelto. El sentido del deber y del esfuerzo es el mismo, según veo, en Rafa y en “Xisca”.
Creo que no habrá muchas niñas ni mujeres con ese empaque moral. Ni niños ni hombres. La gente de hoy somos más bien “blanditos”, lo queremos todo al instante y sin sudar. Sé, porque lo he vivido, que en pocos colegios o institutos se atreve algún profesor a poner un examen después de un día de romería o de feria, o los lunes posteriores a fines de semana muy significados. En caso de que alguien ose hacerlo, sabrá que los alumnos se sentirán moralmente justificados si no estudian, y el culpable será él. Se han llegado a invertir los términos: del “No puedo ir a la fiesta porque tengo un examen” al “No puedo preparar el examen porque voy a una fiesta”. Sin embargo, siempre hay al menos un justo en esta Sodoma y Gomorra: el citado día 6 fue “Xisca” Perelló, la mejor novia del mejor campeón. ¡Felicidades, pareja!

viernes, 4 de junio de 2010

A QUIÉN SE LE DA EL DINERO

Creo que voy a ocupar hoy un trozo de espacio virtual para decir algo que a algunos les parecerá una catetada. Va en relación con la crisis, cómo no, pues ya lo inunda todo. Concretamente, con el dineral que el gobierno les dio hace poco a los bancos, al límite ya de la ruina. Entiendo yo que, si se hallaban en tal estado, sería por una mala gestión, o sea, por dar más dinero del que recibirían, por dar dinero a quien no lo podría (o querría) pagar. Por ejemplo, los promotores y constructores de viviendas. Entonces, ¿por qué les reglaron ese capitalazo a gente tan manirrota? ¿Fue un premio? ¿Se trataba, al menos, de una especie de “seguro de derroche” o de “salvación de las espaldas” del que da y da y da sin mirar a quién? Lo lógico es que, si se repartían pelas para que las pequeñas y medianas empresas, junto con alguna más o menos grande, salvaran el cuello, se les dieran directamente a ellas, y no a los bancos o entidades financieras, que lo habían hecho tan mal y que intentarían sacar tajada del dinerito fresco. Nadie premia a quien se merece un castigo. Porque al final el dinero no llegaría a buen destino o llegaría sólo en la medida en que a los banqueros les hubiera producido previo beneficio. En mi lógica, al que ha dilapidado su cortijo no debe regalársele otro, porque ya se sabe lo que hará con él. En todo caso, que, para otra vez, la condición sea que los directivos de los bancos objeto de la subvención se larguen con viento fresco y entren otros. Es lo que ingenuamente se me ocurre, como generosa e ingenua parte del aporte a la salvación de la banca española.