jueves, 29 de julio de 2010

DOS NOVELAS "FEMINISTAS"

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Quiero hablar de dos libros, concretamente dos novelas, las últimas que he leído. El azar ha dispuesto que tengan en común algunas notas: por ejemplo, el hecho de ser mujeres quienes las han escrito y, quizás por eso, un sesgo feminista bastante evidente. No las he elegido yo, mejor dicho, no he elegido leerlas una tras otra, en secuencia ininterrumpida, aunque ambas forman, de alguna manera, un conjunto, como digo. Sus títulos, autoras y demás datos son estos: Orestes, legislador, de Alicia Ferrer (Sevilla, 2010, 232 pp.), y Venganza en Sevilla, de Matilde Asensi (Barcelona, 2010, 312 pp.).

Ante todo, confesaré que ambas me parecen extraordinarias obras. De tener que inclinarme por una de las dos, sinceramente tendría bastante dificultad. Tal vez elegiría la primera, un tanto más compleja y con algo más de sustancia. Virtudes que son dignas de destacar, considerando que se trata -si estoy bien informado- de una “opera prima”.

Se basa en el mito de Orestes, rey de Micenas tras asesinar a su madre, Clitemnestra, la cual había instigado la muerte de su esposo, Agamenón. Mejor dicho, es una interpretación de esa historia, que coloca al monarca micénico como impulsor de una operación política y social de gran alcance: la sustitución del matriarcado por el dominio masculino, comenzando por la sustitución del culto religioso a la Diosa Madre por el de Zeus. Con esta trama, la autora consigue crear una historia llena de interés, incluso para un lector de ahora. Sabe acompasar el ritmo de la narración, combinando sabiamente pasajes descriptivos con otros de acción e incluso de suspense, o con la introducción de relatos secundarios, subordinados al hilo principal. Aparte, la expresión es elegante, precisa, clara, pulcra, aunque sin caer jamás en la retórica pesada y vacua, y los diálogos, incluidos en el instante adecuado y con la extensión apropiada, son todo lo expresivos que requiere el fin comunicativo que los justifica. En resumen, una excelente novela, como digo, cuya lectura se hace amena, sin dejar de invitar a la reflexión en el terreno de la macropolítica o de la ideología, tema principal, y acerca de otras cuestiones colaterales. Felicito con mi más sincero parabién a la autora y le pido que sea Orestes el comienzo de una brillante carrera literaria. Facultades no le faltan.

El argumento de la segunda novela se resume en su título: es la historia de una venganza. Se sitúa en la España del siglo XVII, con un pie en la península y otro en “Tierra Firme”, es decir, en la América hispana, que en esta época es la gran mina de metales preciosos con los que salvar las sucesivas bancarrotas de la monarquía. La peculiaridad más sobresaliente de la obra es que su protagonista, que, junto al lecho de muerte de su padre, asume el compromiso de llevar a cabo la venganza sobre quienes lo han encarcelado y llevado hasta un final humillante, es una mujer. Pero una mujer un tanto especial, porque de puertas para fuera pasa por ser un hombre y se comporta como tal en el dominio de las armas, en sus conocimientos y capacidades para gobernar un barco, etc. Usa, así, aparte de su inteligencia y su firme voluntad, el atractivo femenino y la fuerza masculina para llevar a cabo sus planes. La autora, que cuenta con técnica y veteranía, domina el arte de narrar, cosa que hace que la novela atrape desde el principio, en una progresión muy bien medida. La opción de salpicar la expresión con términos y giros de la época no acaba de resultar, creo yo, porque se queda a medio camino. Sí está muy conseguida la intención de la autora de mostrar e incluso resaltar ciertas notas de la sociedad y las formas de vida de la época, a modo de denuncia histórica. Por todo esto, me parece que puede ser considerada Venganza en Sevilla una buena, una muy aconsejable lectura de verano.
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domingo, 25 de julio de 2010

LO BUENO Y LO MALO

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En más de un sentido, uno puede “ser bueno” o ”ser malo”, o bien “estar bueno” o “estar malo”. Todos los hispanohablantes conocemos la diferencia entre “ser” y “estar” en tales contextos. En cambio, los extranjeros tan solo asimilan la oposición (‘estado permanente’ – ‘estado circunstancial o pasajero’) después de mucho tiempo en contacto con nuestra lengua. Hoy voy a hablar aquí de esos dos adjetivos, “bueno” y “malo”. Pero no, ¡líbreme Dios!, de su valor moral, ni siquiera de sus respectivos sentidos apreciativos generales, que aluden a la calidad de algo. No me atreveré a tanto, zambullidos como estamos, y cada vez más, en un radical relativismo (¿es legal esta paradoja?), donde casi todo “es así, si así me parece” (o “me interesa”). Me ceñiré, por eso, a la pura semántica y no daré el paso del diccionario a la realidad. Hoy, al menos, no.

Con “estar”, ambos adjetivos aluden a la salud o al grado de excelencia de un objeto, material o no: “Manolo está ya bueno”, “El cocido estaba muy malo”. En el caso de “bueno”, también se relaciona con la apariencia o el atractivo físico, expresado casi siempre en grado superlativo: “Mi vecina está buenísima” (*). En cuanto a “ser”, con su compañía ambos adjetivos se refieren al carácter o al comportamiento y también a ciertos rasgos connaturales o congénitos: “Sí, Sofía, tú sí eres una buena chica”, “Mis hijos son malos en el colegio”, “No soy bueno para mandar”, “El exceso de vino es malo para el hígado”.

Al parecer, la bondad distingue algunos matices más que la maldad. Además de “bueno”, se puede ser “buenecito”, si está uno hablando de un niño, o bien de un adulto que, para ganarse la confianza y rehacer su imagen, cambia de comportamiento y se hace el bueno, aparenta ser bueno, con lo cual el diminutivo adquiere un valor irónico: “Desde que discutimos, lleva una semana muy buenecito”. En cambio, no decimos “malito”, a no ser que lo apliquemos a un tierno infante, cuya perversidad queremos ponderar, aunque no pase de travesura. Por supuesto, el derivado es “malito”, no “malecito”.

A propósito de la salud, antes mencionada, para la que sirven tanto “malo" como “bueno”, se emplea “malucho” cuando algo flaquea sin ser nada serio, y no, sin embargo, “buenucho”. Y en relación con el talante personal, ampliable metafóricamente a los animales, existe “buenazo” o “bonachón”, sin paralelo derivativo en el ámbito contrario.

Cuando la bondad se aplica a un proceso o período, se habla de “bonanza” (económica, social, política, meteorológica, en el seno de la familia o de la empresa…). Como si de un tabú se tratara, no se ha creado la correspondiente “malanza” o algún otro similar.

Fijémonos ahora en las expresiones o frases hechas: “estar de buenas” / “estar de malas”, supongo que con la elipsis de “relaciones”; “a la buena de Dios”, tal vez con la ausencia de “voluntad”; “a las malas” (por ej., “A las malas, lo más que me pueden hacer es denunciarme”), aunque no se da “a las buenas”; “mala pata” no alterna con “buena pata”, sí en cambio “mala vela” con “buena vela”. Un poco diferente, por su valor sintáctico y comunicativo, es ese “bueno” que se dice cuando en una conversación uno quiere mostrar impaciencia o iniciar la despedida, o bien ponderar algo (“¡Buenoooooo…!”), o incluso manifestar acuerdo con lo que otro acaba de decir o proponer, etc. En Andalucía, más que en otras regiones, es muy normal el empleo de “buena gente” como casi sinónimo del “bueno” alusivo al carácter o la conducta (“El alcalde es buena gente”). No se da el paralelo “mala gente”, aunque sí una formación proveniente de los términos “mal”+”ángel”, y es “malaje”, persona con poca gracia (“singracia”), poco encanto, que provoca rechazo...

En los últimos tiempos se ha creado, en el ámbito de la política, el vocablo “buenismo”. Me atrevo a definirlo como ‘actitud del que no ve o no quiere ver o hace como que no ve malicia en los demás y pretende solucionar absolutamente todos los conflictos por las buenas, mediante el diálogo u otro procedimiento similar’. Se usa, sobre todo, en esa parcela de la vida social donde ha nacido, y muy a menudo para calificar cierto ideal o inclinación, un pretendido “modus operandi” del presidente del gobierno. Consecuencias de tal visión buenista (si se me permite el neologismo correspondiente), excesivamente angelical para los oponentes, y ejemplos de ella son la llamada “alianza de civilizaciones” o la “salida dialogada de ETA”, entre otras. Entiendo yo que la persona “buenista” no tiene por qué ser una persona “buena” o, como siempre se ha dicho, una “buena persona”. Así como tampoco es igual “buenismo” que “bonhomía”. En cualquier caso, no ha venido al mundo aún el opuesto "malismo", aunque en la política siempre ha dado mucho juego la pareja "el bueno" - "el malo", incluso muchos de los que esto lean pueden estar imaginándose algunos pares recientes.

Nada más. Buenas tardes (eso es lo que se dice, pese a que hayan sido, sean o vayan a ser “malas tardes”, que no existe como expresión).
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(*) Cuando yo era pequeño, una expresión como esta no sonaba demasiado bien, fuera de ciertos ambientes social y culturalmente bajos. Ahora parece que se va extendiendo.
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domingo, 18 de julio de 2010

FÚTBOL, SOLO FÚTBOL

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Después del Mundial de fútbol, y a propósito de él, muchos se han hecho preguntas acerca del enfervorizado seguimiento y apoyo a la selección española en España (también en otros países), que se ha traducido en manifestaciones masivas, caracterizadas por una amplitud, constancia e intensidad hasta ahora inusitadas. No pocos nos hemos visto sorprendidos por la multiplicación de banderas rojigualdas y prendas y objetos con los mismos colores. Muchedumbres y filas de balcones se han adornado durante días, hasta cuajarse, con el cromatismo patrio y han exaltado, pletóricos de entusiasmo, a “España”. Diríamos que algo ha ocurrido, tan fuerte, tan intenso, que ha arrastrado a millones de personas de toda condición, movilizándolas y llevándolas a actitudes y gestos de adhesión extrema, relacionados con “España”, exhibidos en el espacio público sin rubor ni disimulo.


Bastantes comentaristas se han planteado, a tal propósito, qué pasará después: si permanecerá algo de ese ardor, si supondrá esa manifestación pasional el inicio de una recuperación de los símbolos nacionales, si continuará el orgullo de quienes han coreado y/o aplaudido lo de “Yo soy español, español, español…”, si seguiremos sintiéndonos partes de un mismo todo, si será ese todo, como ha parecido estos días, la nación española, la patria común, vertebradora de cualesquiera diferencias… (véase el extraordinario artículo de mi colega, en este mundillo de los blogs, F. Manero: http://fernandomaneromg.blogspot.com/2010/07/normal-0-21-false-false-false.html).

Difícil adivinar respuesta. La cuestión clave es si, en un futuro más o menos inmediato, alguna otra causa común más trascendente que el fútbol se nos representará como objetivo realmente valioso y meta ilusionante, y logrará enardecernos y que peleemos todos a una, codo con codo, por alcanzarlo, sin regatear esfuerzo ni desfallecer un instante, un poco como hemos hecho en apoyo de la Selección y tras la copa.

Un factor que no ha merecido demasiada atención durante el Mundial es el de la propaganda. Los medios de comunicación orales y escritos “han calentado” a las masas con sabiduría y eficacia. De otra manera, no se concibe que millares de personas normalmente no aficionadas ni atentas al balompié hayan sufrido por la “Roja” como si en ello les fuera la vida, hayan vociferado por calles y plazas, hayan lucido prendas y maquillajes fuera de carnaval…, hayan adorado a jugadores de los que ni sus nombres sabían anteriormente, convertidos en becerro de oro, etc. La movida del Mundial no habría sido así si no hubiera obrado la insinuación publicitaria y la exhortación explícita en las televisiones, las radios y los periódicos. Creo que los profesionales de la propaganda, tanto comercial como, sobre todo, política (que trata de cambiar ideas y comportamientos, y no tanto la compra de productos), habrán tomado buena nota de los mecanismos puestos en marcha y de la respuesta del público. Hoy la política es casi toda propaganda (según nos ha enseñado y enseña cada día el partido gobernante, sobre todo) y no puede haberse desperdiciado semejante ocasión para aprender.



Teniendo esto también cuenta, es decir, el influjo determinante de la propaganda, vuelvo a la pregunta de antes: ¿servirá el Mundial para algo realmente importante, o sea, para caer en la cuenta de que todos los españoles somos españoles, que nos cobija una misma nación y nos cubre una misma bandera… y que, por lo tanto, los problemas de todos son de todos y hemos de unirnos, por tanto, en busca de su solución, etc., etc.? Sinceramente, tengo poca esperanza. La inercia marcada por los movimientos populares en torno a la Selección tal vez podría haber aprovechado si estuviésemos en otras circunstancias políticas, más próximos a unas elecciones generales, por ejemplo, donde la masa toma cuerpo, donde el colectivo ciudadano es apelado y se convierte en instigador de posibles cambios políticos, para remover o afianzar la situación existente. Pero no ha sido así, por razón de calendario electoral, que nuestro presidente se empecina en respetar. Por eso, la vida pública ha recobrado su languidez mortecina, con una mayor laxitud, si cabe, provocada por la canícula, y cada uno ha retornado a su particular hoyo, de donde sacó unos días la cabeza al oír el vocerío futbolero. La corriente supuestamente imparable del Mundial se ha amansado y otro nuevo acontecimiento, menos universal y brillante, como es el debate sobre el estado de la nación, ha hecho ver que siguen los particularismos, el absentismo de gran parte de la sociedad, que otra vez nos miramos el ombligo y pasamos olímpicamente.



Sospecho, así, que la “España” del Mundial era tan solo un equipo de fútbol, no un país. Entes, uno y otro, muy distintos, y muy diversamente amados también, aunque con idéntica bandera.
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domingo, 11 de julio de 2010

ANDALUCÍA CERRADA Y ANDALUCÍA ABIERTA

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Por mor del Estatuto Catalán, salta con mucha frecuencia a los medios de comunicación el fenómeno del plurilingüismo español. Casi siempre, para polemizar sobre la situación y la consideración de la lengua catalana y otras en relación con el castellano. Pues bien, hoy me quiero referir a la región andaluza y su peculiaridad dialectal, de la que nadie parece echar cuentas, por eso de que aquí, como en la inmensa mayor parte de España, no hay enemigo al acecho de la lengua nacional.

Y me fijaré en un fenómeno muy concreto, aparentemente insignificante, tal vez porque pasa desapercibido para quienes no son andaluces. Sin embargo, su valor es tal, que divide a Andalucía en dos. Se trata de la existencia de un subsistema de vocales abiertas en la parte oriental, inexistente en la occidental. Esto quiere decir lo siguiente: en Granada o Almería, por ejemplo, distinguen el singular del plural de nombres, adjetivos, determinantes…, por la pronunciación abierta de la vocal final (“o”, “a”, “e”, no tanto la “u” y la “i”), mientras que en la zona occidental suenan igual el singular y el plural, o la segunda y la tercera persona del singular en los verbos. Así, tenemos que “armario” puede aludir a uno o muchos de estos enseres en Sevilla o Cádiz, mientras que en Granada o Jaén es solo uno, porque para hablar de más de uno se pronuncia la “o” final abierta. En el alfabeto fonético, las vocales abiertas se representan con una especie de cedilla suscrita; aquí utilizaré la mayúscula: “Este armario” – “EstO armariO”. Los andaluces occidentales introducen en construcciones como esa una suave aspiración (“Estoh armario”), recuerdo de la “s” perdida hace siglos, que contribuye sin duda a la distinción de significados.

Decía que, para un español no andaluz, la diferencia entre vocal cerrada y vocal abierta resulta prácticamente imposible de apreciar. Hace tiempo, mucho tiempo, coincidí como compañero de armas (la mili, no se piense otra cosa) con un jiennense, residente en Granada, y un vasco, apellidado “Rivas”. Un día, el andaluz le planteó al vasco la siguiente curiosidad: “¿Tú cómo te llamas, Riva o RivA?”. La respuesta fue la que menos esperaba el demandante (y yo, naturalmente, que también soy andaluz): “Pero…, si es lo mismo, ¿no?”. O sea, el tal Riva o Rivas solo captaba la ausencia de “s”, que era lo fonéticamente relevante para él, y no el matiz abierto o cerrado de la “a”, pese a que el de Jaén lo reprodujo a la perfección.

Como la “s” del plural en el castellano del norte y de Hispanoamérica, la apertura vocálica no es casi nunca imprescindible para la diferenciación de significados en el entorno de los enunciados reales. Por ejemplo, “de” (verbo o preposición) nunca será confundida con “des”, aunque no se pronuncie la “s” ni se modifique la vocal, porque cada palabra tiene contextos sintácticos propios y singulares: “Aunque te dé el traje de mi abuelo, no te voy a pedir que me des dinero por él”. Igual ocurre con “dio” y “Dios” (“dio” – “diÓ”), “amó” y “amor” (“amó” – “amÓ”), etc. Por tal motivo, puede que, con el tiempo, los hablantes consideren que es un despilfarro comunicativo, como la “s” (y otras consonantes) diferenciadora del número o la persona, y entre en vías de desaparición.

De momento, persiste y se defiende en el corazón de su territorio (Córdoba, Jaén, Granada y Almería) ; aunque en zonas limítrofes, como la provincia de Málaga, parece que empieza a dar síntomas de debilidad. Sobre todo si soporta otras presiones, de tipo social y cultural: en mi pueblo, malagueño y de vocales abiertas, se dice (o se decía, cuando éramos más iletrados) “catedrá” y no “catedrÁ”, como correspondería a la realización oriental del “catedral”. Encuentro la siguiente explicación: en las proximidades, sólo se conoce una catedral, que es la de Málaga capital, donde nosotros hemos conocido qué tipo de monumento es y, lo que más me importa aquí, hemos aprendido cómo se dice, “catedrá”, a la manera del Occidente andaluz, al que pertenece lingüísticamente la ciudad.

Aunque también se da el fenómeno contrario, que muestra el impulso de resistencia. Nosotros pronunciamos el nombre “Enrique” con la vocal final abierta, “EnriquE”, como si fuera plural, o algo así. Es más nítida la apertura cuando acudimos al diminutivo cariñoso: “EnriquitO”. Aparte de lo fonético, podíamos preguntarnos por qué es así este antropónimo en mi pueblo. No encuentro otra explicación mejor que su entronque con el patronímico derivado “Enriquez”, con la terminación típicamente castellana de tantos apellidos con idéntico origen: González, Pérez, Fernández”, etc.

Para un observador atento, Andalucía es un hermoso vergel dialectal multicolor, donde disfrutar de hechos y hábitos comunicativos singulares, en los cuales descubrir raíces del pasado y florestas del presente. Supongo que, más o menos, como cualquier otro pedazo de la Tierra que cuente con alguien deseoso de mirar.
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miércoles, 7 de julio de 2010

EL PERRO INVISIBLE

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“Laqui” era un perro bastante listo, bueno, y divertido.

Un día, el dueño de “Laqui” descubrió una meada en el sofá y se enfado mucho, por eso castigó a “Laqui”. El pobre “Laqui” se fue a su cuna y al día siguiente se levantó y en ese momento descubrió que nadie le hacía caso ni siquiera el cartero y eso que le ladraba con todas sus fuerzas y al final terminó agotado, no podía más. “Laqui” se marchó viendo que nadie le hacía caso, por eso se fue de casa.


Iba por una carretera , no miró y de pronto de la nada apareció una furgoneta blanca, menos mal que la casa de “Laqui” estaba al lado de la carretera y el dueño lo vio y salió con toda la rapidez del mundo, abrió la puerta de la casa rápidamente y “Laqui” estaba haciendo pipí en la carretera , por eso no se iba a la acera. El dueño no tuvo más remedio que abalanzarse a la carretera y apartar a “Laqui”. El dueño estaba satisfecho, pero se olvidó de que él no estaba en la acera , el conductor de la furgoneta estaba , cómo decirlo , un poco borracho y por supuesto no hizo caso de que el dueño estaba delante de la furgoneta. Fue entonces cuando al dueño de “Laqui” lo atropellaron .

Aunque el dueño estuviese ingresado dos años en el médico, no culpó a “Laqui” de que el ahora tuviera que llevar muleta, fue todo culpa suya porque el fingió no verle y por eso ahora mismito “Laqu”i podría estar en el cielo.

"MATÍAS"

domingo, 4 de julio de 2010

EL ARTE DE HACER VERSIONES

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Hablando de música, siempre que un intérprete ejecuta una obra, sobre todo si fue compuesta por otra persona, puede decirse que realiza una versión de ella. No hay, o es muy difícil que se den, dos interpretaciones idénticas. Incluso la original se convierte a la postre en una versión entre todas las posibles. He aquí un popurrí de una de las canciones más diversa y universalmente adaptada:



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Existen, no obstante, realizaciones que, aun conservando lo esencial de la obra, como corresponde a toda versión, introducen cambios muy considerables en elementos más o menos secundarios. Así, por ejemplo, suprimir el texto, para hacer una “versión instrumental” o, al contrario, colocar un texto a una melodía compuesta para instrumentos o sustituir el ya existente. Se dan, sobre todo, en el ámbito de la música popular. Cualquier melómano puede recordar a los famosísimos Paul Mauriat, James Last (http://www.youtube.com/watch?v=lFShyni9nCs), Fausto Papetti, Xavier Cugat (http://www.youtube.com/watch?v=QB-dgS1uff4&feature=related), etc., y sus versiones orquestales de cientos de canciones. Las infinitas traslaciones instrumentales de los Beatles representan un destacado hito (http://www.youtube.com/watch?v=BJX2wqC6BBY&feature=related) . En cuanto a la inclusión de un texto o su modificación, el caso más conocido mundialmente es quizás el del tema principal del cuarto movimiento de la Novena de Beethoven, debido a Waldo de los Ríos (“Escucha, hermano,,,”, http://www.youtube.com/watch?v=sTv-t8-Ssdw&feature=related); está también la conversión del segundo movimiento del “Concierto de Aranjuez” en hermosísima balada popular (Richard Anthony, por ejemplo, http://www.youtube.com/watch?v=vyi802igGXc) o “Amor de hombre”, de Mocedades, procedente de la zarzuela “La leyenda del beso” (http://www.youtube.com/watch?v=tg5C1KxKq54&feature=PlayList&p=8F13D785B417CCE1&playnext_from=PL&playnext=1&index=3).

Otra posibilidad consiste en introducir alteraciones “de estilo” que afecten globalmente a la pieza, dándoles un aire distinto al de las versiones cercanas a las consideradas más ortodoxas. Entre nosotros, son conocidas las variedades aflamencadas de boleros o canciones pop. Uno de sus iniciadores fue el genial Bambino (http://www.youtube.com/watch?v=WhUieifJk3U). A mí me agradan mucho las grabadas por Manzanita, recientemente desaparecido, de “Un ramito de violetas” (http://www.youtube.com/watch?v=8WdrVgdUXJI) “Sólo pienso en ti”. También tienen amplísima difusión y aceptación las interpretaciones con dejes melódicos o moldes armónicos de tipo jazzístico, o propios del blues o del godspell. En esa línea, como ejemplo extremo, se editó hace algunos años un disco de coplas (de Quintero-León-Quiroga y otros) versionadas por cantantes actuales; exceptuando algunas (tal vez la de Marta Sánchez), el resultado fue más bien mediocre. En general, todas las interpretaciones “intimistas” de tales canciones suelen terminar en fracaso, porque no es el tono apropiado de la copla, más cercano al énfasis dramático, al arrebato pasional, a la voz desgarrada. Por eso, no creo que dé en la diana tampoco el sinuoso fluir, acaramelado y blando, de la última “folclórica”, Diana Navarro, pese a llamarse así. (http://www.youtube.com/watch?v=d_6R5T9xAls)

Por último, me referiré a una clase de versiones que levantan siempre bastante polémica: las adaptaciones de obras pertenecientes a la llamada música clásica. En general, intentan la actualización, la acomodación al oído contemporáneo o la simple indagación de nuevas posibilidades. En la discusión, me sitúo dentro del bando de los partidarios, pues les otorgo la misma legitimidad que a cualquier otra versión de cualquier otra obra. Mi oído no tiene tan sacralizada a la música culta como para encerrarla en un santo tabernáculo y hacer que permanezca intacta, sólo accesible a la minoría de los elegidos. Destaco a uno de los más prolíficos en esta faceta, Paul Mauriat, con arreglos orquestales excelentes, caracterizados por leves cambios en la instrumentación (incluido el empleo de instrumentos electrónicos) y por la acentuación del elemento rítmico, confiado juntamente a la percusión y al juego de síncopas entre diferentes secciones de la orquesta. Resultan memorables su versión de la “Toccata y fuga en re menor” de J.S. Bach (http://www.youtube.com/watch?v=kE7kLdTKeKY) o el breve y frenético “Preludio en do” (http://www.youtube.com/watch?v=_5JtxPyBWxE), de los cuales suelo disfrutar a menudo. Similares características presentan las conversiones hechas por el citado Waldo de los Ríos, de las que recomiendo vivamente la correspondiente la “Sinfonía nº 40” de Mozart (http://www.youtube.com/watch?v=2KOArXB_ekA&feature=related). Confieso que me he pasado media vida tratando de conseguir el disco en el que se incluía, desde que la escuché por primera vez hace sopocientos años.

Diferente modalidad de agrupación instrumental es la “orquesta de plectro”, también utilizada para adaptaciones; aquí puede verse y escucharse una de la “Danza húngara” de J. Brahms (http://www.youtube.com/watch?v=xX8npCUETkY). Conozco y mantengo relación con un extraordinario músico cordobés, Eusebio Jiménez, una de cuyas actividades es, aparte de componer obras originales, realizar adaptaciones para rondalla (si no me equivoco, tiene ya tres discos en el mercado), con la salvedad de que él actúa como intérprete también, y además de todos los instrumentos, bandurrias, laúdes y guitarras, gracias a las técnicas de grabación en estudio.

Tenemos, por otra parte, la orquestación electrónica, como la que realizó de la misma “Toccata y fuga en re menor” Jean Michel Jarre (http://www.youtube.com/watch?v=shySro0L0m8), la cual aconsejo a todos los aficionados libres de prejuicios, o de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi (http://www.youtube.com/watch?v=Bcb5TZKewZE&feature=related . Compruebo que la obra de Bach se ha convertido en una de las de más gancho entre los versionistas, tal como puede apreciarse en un recorrido por Internet. Otra de las piezas emblemáticas para los últimos intérpretes electrónicos, incluso simples aficionados, está siendo el “Canon” de J. Pachebel (http://www.youtube.com/watch?v=owAj5LiXG5w&feature=fvw) del que también se hicieron hace tiempo actualizaciones orquestales no electrónicas.

Vino viejo en odres nuevos, algo de eso es la versión. Y, por lo tanto, re-creación y arte. Soy amigo de las versiones, eso está claro.
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