jueves, 9 de diciembre de 2010

ENSEÑANZA Y EDUCACIÓN


          El último Informe “Pisa”, correspondiente al año 2009, pone estos días de actualidad otra vez la enseñanza y de nuevo quedamos a la altura del betún: no superamos la media europea en el conjunto de las áreas evaluadas.

          A grandes rasgos, la fisonomía esencial del actual sistema educativo en España, tan sumamente ineficaz, es heredera directa de la filosofía y la práctica que inauguró la LOGSE en 1990. Desde entonces no ha cambiado lo básico, bien porque los sucesivos gobiernos no han querido o no han sabido, o bien porque algunos han suprimido, antes de aplicarse, normas dictadas por sus antecesores, de signo político opuesto. De esa Ley General del Sistema Educativo se han realizado infinidad de análisis y tal vez se haya agotado casi como objeto de estudio, teniendo en cuenta, además, que pocos responsables políticos han prestado atención a las valoraciones críticas. Está dicho todo o buena parte de lo fundamental. En este humilde artículo me limito a aludir a un aspecto muy simple, pero muy significativo a la vez y de no poca trascendencia, del pensamiento que sostiene la concepción educativa logsiana y la lógica del sistema vigente.

          Antes de entrar en harina, quiero confesar que voy a hablar por boca de arrepentido, puesto que en los primeros años de la LOGSE defendía yo, con cierto ardor incluso, lo contrario de lo que aquí voy a exponer. Era lo propio de un profesor relativamente joven, llevado en volandas a aquel paraíso de idealismo y de romanticismo característicos de la primera época de nuestra democracia. Lo que hoy defiendo procede de una visión más realista, más meditada y contrastada, adoptada por quien viene ya de vuelta de muchas cosas, como gran número de españoles y españolas de mi generación.

          Una de la innovaciones que la LOGSE pretendió imponer es la que se reflejaba en el cambio de denominación de algunas etapas del sistema. Así, si anteriormente se empezaba en Párvulos, para continuar con la Enseñanza Primaria, seguida del Bachillerato y COU, a partir de la nueva ley todos los nombres de los tramos no universitarios contenían el término común “educación” y no “enseñanza”: “Educación Infantil”, “Educación Primaria”, “Educación Secundaria Obligatoria” y “Educación Secundaria Post-Obligatoria” (luego llamada “Bachillerato”). Con ello se quiso simbolizar la idea de que a la institución escolar se le encomendaba no sólo la instrucción, sino también (y quizás ante todo) la educación. Esta pareja de términos enfrentados era casi sinónima de otras muy de la época, como formación e información, etc. El profesorado más y mejor dispuesto, ansioso de introducir mejoras en las clases, paralelas a las que sacaron al país de un régimen político y de un modelo de sociedad ya repudiado por todos, acogió e interiorizó este principio, y se aprestó sin más a la tarea de inculcar los hábitos, las normas de conducta, los valores, las actitudes que componen el capital ético inicial de cada persona, labor hasta entonces encomendada a los padres, sin abandonar la obligación de impartir conocimientos y desarrollar habilidades, su labor más tradicional y hasta entonces más genuina.
          Después de veinte años, el resultado de la LOGSE no ha podido ser peor. Al margen del “Informe Pisa”, basta un somero examen para ver que lo que se ha conseguido en el aspecto que aquí trato, es sobre todo: a) contribuir a que los padres en general desatiendan un tanto la obligación de educar (bien) a los niños, puesto que se supone que es responsabilidad del colegio, lo que, en cierto modo, representa una liberación del estrés provocado por la dedicación laboral de ambos cónyuges y su derecho (hiperproclamado por la publicidad y el consumo) al ocio, y b) colocar la educación en un terreno de nadie, puesto que el profesorado, el colegio, es incapaz de lograr el objetivo propuesto (mejor dicho, encomendado), sin medios realmente eficaces para sustituir a la familia ni para, llegado el caso, extirpar la (mala) educación adquirida por los chavales en la casa y en la calle.

          Así están las cosas en capas muy extensas de la sociedad española actual. Y, además, cunde el desánimo, provocado no sólo por la escasa (buena) educación de los niños y jóvenes, sino también por el bajísimo nivel de su instrucción. Diríamos, con la archiconocida frase, que unos por otros, la casa sin barrer. Más aún, bastantes de esos niños y adolescentes se han habituado a que nadie apueste ni se ocupe de su educación con fuerte compromiso, con constancia, y reaccionan volviendo la espalda o encarándose sin temor con quienes les muestran la ineludible firmeza y les exigen el esfuerzo que la misión requiere. No tienen nada que perder; a sus padres, muchos los tienen ya K.O., según confiesan cuando éstos van a decirle al maestro o la maestra que no pueden con sus hijos.
          No quiero ser catastrofista. No todo está mal en todas partes, es verdad. Además, no me interesa dibujar un cuadro completo de la situación actual, para el que, por otra parte, carezco de datos. Lo que me importa es poner de relieve que, si diferenciamos entre educación y enseñanza, y creo que debemos hacerlo, la primera corresponde esencialmente (no exclusivamente, claro) a la familia y a la sociedad entera (la “tribu educadora”), y la segunda, la enseñanza, al sistema educativo fundamentalmente. El maestro o la maestra que recibe a los niños, ha de poder contar con que los chicos vienen con el mínimo equipaje de principios y normas de conducta aceptables en nuestra cultura occidental, los cuales se reforzarán y completarán en la medida de lo posible en el aula. Si no acuden así los chavales, será poco fructífera toda labor, incluso la puramente instructiva. El niño que no se corta en llamar al profesor hijo de la gran puta, mamonazo y otras lindezas por el estilo, que no lleva ni siquiera los libros y cuadernos a clase, que no se arredra ante nada ni nadie, que no siente inquietud por los suspensos o la repetición de curso…, el niño que, en definitiva, ya ha llegado a eso, sea cual sea su edad, ¿creen ustedes que cambiará por temor a un castigo en casa, que no le caerá (y lo sabe porque nunca o casi nunca le ha caído) o por temor a un apercibimiento o incluso expulsión del colegio, que no menoscabarán un ápice su vida cotidiana, libre, sin apenas interferencia de los padres? ¿Creen que estará dispuesto ese mismo sujeto a dedicar un minuto de su precioso tiempo a dejar de hacer lo que le pida el cuerpo y a esforzarse por aprender algo? ¿Creen que actuará en él algún mecanismo moral de control de sus emociones y actos? Etc. Aludo a situaciones extremas para mostrar claramente lo que quiero decir. De todos modos, la media no se aleja demasiado de ellas.

          Aunque parezca una paradoja, concluyo, estoy convencido de que gran parte del éxito o fracaso del sistema educativo depende de factores externos, de los que el principal es lo que se haga o se deje de hacer en casa con los hijos. Por suerte, sospecho que una nutrida cifra de padres, jóvenes, preocupados, con cierta formación, está empezando a cambiar la orientación y el rumbo de las cosas.


11 comentarios:

  1. Pero eso si...todos los niños con su portátil con conexión wifi a clase...
    No sabemos situar Albacete en un mapa de España, pero podemos hacer deberes, usar un traductor y chatear por el messenger a la vez.
    Y con la tele encendida claro!
    Queda mucho trabajo por hacer (en casa y en los colegios).
    Buen post amigo.

    Salu2

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  2. Está cundiendo la alarma social.
    La impunidad y a la vez el proteccionismo de algunos alumnos, ha creado en las aulas un clima irrespirable.
    Muchos pensábamos que la escuela iba a ser el motor del cambio social, eran los tiempos de la fallida transición. La realidad ha demostrado que la escuela va a rastras de la sociedad. Basta asomarse a una revista, un periódico o peor aún a un canal de la tele, para ver en lo que hemos convertido una sociedad.
    Es imprescindible un cambio de orientación en los valores la gente.
    Por eso me parece muy bien, la alarma social ante el abuso de algunos de nuestros jóvenes. Tenemos que reconsiderar muchas ideas.

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  3. Retengo dos frases, bastante coincidentes. Una de Toni: "Queda mucho trabajo por hacer (en casa y en los colegios)", y otra de A. Urpiales: "Es imprescindible un cambio de orientación en los valores de la gente [...]. Tenemos que recnsiderar muchas ideas". Estoy de acuerdo con ambas, claro. Pero añado: ¿cómo se cambia a la gente, sus concepciones, sus hábitos, sus comportamientos...? Creo en los liderazgos, en los modelos humanos y, sobre todo, en los medios de difusión (de propaganda, se decía antes) de ideas y de referentes sociales, culturales... en manos de líderes positivos. Creo también en la acción colectiva para remover situaciones. Ec. Saludos y gracias a ambs por vuestras aportaciones.

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  4. La culpa para mi la tienen unos padres que no ejercen como padres (en mis tiempos esto no era así), unos profesores poco preparados (esto no ha cambiado con el paso del tiempo) y una sociedad falta de valores (por desgracias esto ha empeorado con el paso del tiempo).

    Un abrazo,

    Rato Raro

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  5. ¡Y los niños! ¿No, Rato? Te has olvidado de esos pequeños diablos. Jeje. Saludos.

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  6. Estoy convencido de que el desastre (se puede llamar así) en nuestro sistema educativo es un problema social; enfocarlo sólo como una cuestión académica y, por tanto técnica, sería un error más. Se requiere una política que toque muchos resortes sociales para ir enderezándolo, empezando por la voluntad política de hacerlo, claro. En lo que se refiere a lo académico yo prestaría atención preeminente a la educación primaria. Es ahí donde nacen los primeros desfases entre los alumnos que marchan adecuadamente en su aprendizaje y los que se rezagan, y que, después, van a formar esas bolsas de fracasados escolares, de alumnos con actitudes dirruptivas que destruyen el esfuerzo de los profesores y las expectativas de sus compañeros. La falta de profesores, la falta de flexibilidad en la organización escolar, en suma, la falta de dinero, hace imposible su recuperación posterior.
    Quiero señalar también como causa de la ineficiencia escolar la pésima organización del trabajo en los horarios diarios y el calendario anual (aquí me refiero a la secundaria). La enseñanza se organiza como si se tratara de cursos intensivos, obligando a los alumnos a permanecer en el aula hasta bien pasado el medio día, como si fuera posible mantener la concentración en un trabajo básicamente intelectual todas esas horas seguidas. Lo mismo ocurre con la concentración de los días lectivos a lo largo del curso que hace imposible impartir los programas completos con la parsimonia que requiere una asimilación eficaz de técnicas, contenidos y valores. Quizá aquí haya que hacer una exhortación a la generosidad de los profesores que podrían ceder algún privilegio, motivo fundamental, por otra parte, de su desprestigio social.
    Pero también podemos señalar algo positivo. La LOGSE permitió la extensión de la obligatoria a los 16 años. Ha sido un salto adelante fundamental y una de las causa del descenso de nivel en la secundaria. Pero ¿Acaso no era prioritario lo primero? ¿No se alcanzará un equilibrio, que parece apuntarse ya, con el tiempo?
    No sé si disculparme por la extensión o porque sólo he tocado dos puntos del millón, o así, que habría que tratar.

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  7. Yo, más limitado, me he limitado en mi artículo a un solo punto, que es la contribución negativa o poco positiva de la familia y el entorno social. Apreciación en la que creo estamos de acuerdo, según este primer enunciado tuyo, coincidente con mi último párrafo: "Estoy convencido de que el desastre (se puede llamar así) en nuestro sistema educativo es un problema social; enfocarlo sólo como una cuestión académica y, por tanto técnica, sería un error más". No hay que disculparse por la extensión en mi blog, y menos tú, que tanto lo enriqueces. En lo de Primaria, de acuerdo; habría que volcarse más en ese tramo, porque es la base y el origen de todo. En lo de los horarios, ¡por supuesto! Hace dos cursos me tocó una clase de 2 a 3 de la tarde con un 3º de la ESO: ¡canela fina! En cuanto la extensión de la obligatoriedad, siempre he pensado y dicho (y ahora que no hay trabajo, más) que me parece bien que todos los chiquillos estén hasta los 16 como mínimo en el sistema, pero no estudiando todos lo mismo (porque a esas edad presentan ya muchas diferencias); en los dos o tres últimos cursos tendría que haber más diversidad en la oferta, mucha más. ¿Que hace falta dinero para eso? Por supuesto, pero ¿no lo merece la enseñanza? Tendrías que ver cómo contrastan los mármoles, azulejos, pinturas, espejos y rejas del local que tiene en mi pueblo Hacienda y la simple cal en las paredes de los colegios públicos. Gracias por tu análisis, que supongo continuará en otro momento. Saludos, amigo.

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  8. Gran post. Creo que haces valer tus conocimientos en el caso. Simplemente un par de incisos. El informe Pisa es desolador en cuanto a la posición, sí, pero los resultados de los países son muy parejos (aunque estemos por debajo de la media por unos pocos puntos) y, la verdad, viendo a los padres de hoy en día hasta me parece muy buena (la posición). La otra cosa es que no parecemos recordar el porcentaje de fracaso escolar y abandono de los estudios en nuestros días de estudiantes. Era espectacular. Pero es difícil tener una buena perspectiva del pasado sólo con recuerdos.

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  9. Gracias, Soyun. Haciendo memoria, en mis tiempos (casi mejor tendría que decir "in illo tempore") sólo hacíamos el Ingreso y el Bachillerato cuatro gatos y el 99'99999% aprobaba, claro. El "fracaso escolar" (un tanto "sui generis") correspondía, en todo caso, a los que no hacían Bachillerato ni Formación Profesional. Numéricamente, tal vez fueran más los niños que se iban del sitema que los que seguíamos. Eso es verdad. Pero hoy todos están metidos en el sistema hasta los 16 o los 18 incluso, quizás estorbándose unos a otros y haciendo que los niveles (medio y alto) bajen. Por eso, puede que mejor que el método "Pisa" habría que adoptar uno en el que se mostrara que, incluso los que aprueban, saben menos que antes sabíamos nosotros, entre otras cosas porque teníamos toda el aula para nosotros y la atención del profe estaba puesta sólo en enseñar. Saludos, amigo. Bienvenido a este humildísmo blog.

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  10. Muy interesante el asunto que planteas en esta entrada. Decía Ortega que los aires que corren por las escuelas son los mismos que corren por la sociedad. La sociedad actual es muy diferente a la de hace 25 ó 30 años. Pienso que hemos corrido mucho en poco en poco tiempo, hemos pasado del todo prohibido al todo permitido,¡y así nos va! No hemos sabido hacer que estos cambios se hagan de forma paulatina y ahora pagamos las consecuencias. Asistimos a un cruce de inculpaciones entre los sectores implicados en la educación, pero los problemas siguen ahí sin resolver.
    No es el lugar para analizar estos problemas y el grado de implicación de las distintas partes: porque todas tienen su parte de responsabilidad.
    Lo dejo aquí, aunque solo haya hecho una introducción. Ya hablaremos cuando nos veamos.
    Muy buena entrada.
    Un abrazo.

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