miércoles, 21 de diciembre de 2011

REGALO DE NAVIDAD


Me quedo con la faceta obsequiadora de la Navidad y os deseo los mejores regalos. Por mi parte, voy a cumplir con este presente literario, debido a una extraordinaria escritora americana en castellano. ¿No puede ser una cosa bastante sana pensar de vez en cuando en las musarañas? Un cálido abrazo.


MUSARAÑEANDO
          Hoy vi una  musaraña. Pienso a menudo en las musarañas. Pero hoy incluso estudié una musaraña. Pobrecita mía, es un animal chiquito, gris, con el morro demasiado largo en proporción a su cuerpo. No es bonita la musaraña. ¿Por qué, entonces, tiene un nombre bonito, unos significados casi místicos, románticos? Quizás antiguamente fuera un animal doméstico, cariñoso. ¿Será porque es el más pequeño de los mamíferos? La que yo vi estaba muerta, un poco más grande que el dedo pulgar. Un ratoncito, pensé. Pero, cuando me acerqué, vi que no, que tenía la cara alargada y me acordé de haber mirado la palabra en un diccionario ilustrado hace años. Sí, vi una musaraña. Intentaré volver a olvidar su aspecto y pensar en la belleza de su nombre. Intentaré pensar en las musarañas más a menudo.

                                                                   Sharon E. Smith, Dicho sea de paso

lunes, 5 de diciembre de 2011

PATRONAS


               Los malos tiempos empujan a buscar donde no hay, a agarrarse a un clavo ardiendo, a vender  -si hace falta-  el alma al diablo. O a la divinidad: estoy seguro de que abundan en nuestro país, y quizás en otros, bastantes hombres y mujeres que han vuelto a mirar a Dios, a Jesús, a la Virgen, para suplicarles ayuda, para clamarles, “gementes et flentes”, que los auxilie “in hac lacrimarum valle”, donde transitan una infeliz jornada.
               La tradición cristiana nos ha legado la costumbre de nombrar a la Virgen María patrona de ciudades y pueblos, con advocaciones diferentes. En realidad, los nombres de la Santa Madre son numerosísimos y de lo más variopinto, muchos de los cuales califican una faceta de la Señora y, a menudo, una dimensión de su amorosa dedicación protectora. Además de las archiconocidas Virgen del Carmen (patrona, entre otros muchos lugares, de Haití) o la Inmaculada Concepción (patrona de los Estados Unidos, junto a otros muchos protectorados), encontramos denominaciones menos habituales, como Nuestra Señora de los Ojos Grandes, patrona de Lugo, o Nuestra Señora del Tremendal, de Teruel; Nuestra Señora de Caños Santos es la patrona de Cañete la Real (Málaga): allí todo es “caño” o “Cañete”, incluso las niñas llamadas como su Virgen, a las que se dirigen cariñosamente los lugareños con el diminutivo “Cañito” (a veces con pícara mutación de la vocal de la primera sílaba). Fuera de nuestro país, los colombianos veneran a Nuestra Señora de Chiquinquirá y los venezolanos piden favores a Nuestra Señora de Coromoto. Desconozco si, como en el pueblo malagueño, se bautizan niñitas con los nombres de sus vírgenes y, por supuesto, si les dicen “Chiquinqui” o “Corito”, por ejemplo.

http://www.todocoleccion.net/tema-virgenes-bonita-serie-venezuela-n-1171-1180~x26321011
               En mi ciudad, tenemos la fortuna de que la patrona sea la Virgen de los Remedios, designación oportunísima para sembrar ilusión en los corazones de tantos paisanos abatidos por la crisis. Realmente, la mayor parte de las vírgenes de aquí tienen nombres muy apropiados para la confiada invocación en momentos de penuria. Además de la patrona, están la Virgen de la Esperanza, la Virgen del Perpetuo Socorro, la Virgen del Consuelo, María Auxiliadora, Nuestra Señora de la Victoria, entre otras. En general, a lo largo y ancho del mundo católico, predominan las advocaciones con sentido de protección, de ayuda, de apoyo, de beneficio…, como Nuestra Señora de la(s) Merced(es) (patrona de Barcelona), la Virgen de la Paz, Nuestra Señora del Refugio (Pontevedra), Nuestra Señora de los Desamparados (Valencia), la Virgen de la Caridad, etc.
               Otras vírgenes con nombres que denotan desgracia, sufrimiento, abandono o postración, parecen invitar poco al filial acercamiento. Sin embargo, más bien apuntan a lo contrario, pues la Virgen de los Dolores, la del Espino (Soria), la de las Angustias (Granada), la de la Amargura, Nuestra Señora de la Soledad (Badajoz), la de las Lágrimas se miran como fuentes de alivio generoso de todos esos infortunios.
               No tendrán queja, pues, los creyentes. Disponen de una divina  -y poliédrica-  madre a quien levantar confiados las manos , en estos aciagos días, y pedir… lo que sea que en cada ocasión necesite su alma y su cuerpo, tanto “milagros”, “remedios”, “socorro perpetuo”, “consuelo”, “paz”,  como desaparición de “dolores”, “angustias”, “lágrimas”, etc. ¡Vaya suerte!

sábado, 19 de noviembre de 2011

RECORTES MALOS Y RECORTES BUENOS



               Desde hace meses, en campaña, precampaña, anteprecampaña, etc., uno de los temas más traídos y llevados ha sido el de los recortes. Entiendo que un recorte es la disminución, o incluso la supresión, de la retribución o de servicios que los ciudadanos venían percibiendo y disfrutando antes del tijeretazo; también está el recorte por encarecimiento, consistente en subir el precio de los bienes públicos, aumentar los impuestos, etc. Teniendo esto en cuenta, tal vez alguien se haya preguntado, al leer el título, si existen recortes buenos, si la expresión “recortes malos” no es una inútil redundancia… En cierto modo sí, porque lo mejor es que no se recorte nada, sino todo lo contrario. Pero, como dice el refrán, a veces “lo mejor es enemigo de lo bueno”. O sea, que la resta de ciertas atenciones y de una cantidad moderada de dinero o el incremento de los abonos pueden evitar males mayores en ciertos momentos. Se supone que con esta convicción se efectúan las podas.
                    Voy a ser más concreto.  Para mí, un recorte malo es aquel que se orienta a recaudar más por parte del Estado, sin que este haya estudiado y determinado claramente la cuantía de lo que ingresará (por pago o por ahorro) y no tenga previsto un destino definido o dicho destino no cubra una necesidad imperiosa; o no se informe a los afectados de nada de esto. Así, por ejemplo, yo estoy congelado (y no por la ausencia de calor precisamente, sino por no haberse actualizado de mi pensión) desde hace meses y todavía no sé a dónde ha ido a parar el montante de euros que no ha llegado a mis manos. Por este motivo, la hibernación de mi paga es un recorte malo. Otras causas de maldad son: la aplicación indistinta, sin tener en cuenta las circunstancias de los diferentes sectores sociales; o, al revés, la adopción de una discriminación tal, que siempre paguen el pato los mismos o que una y otra vez queden afectados los mismos pagos y prestaciones, etc.
               ¿Y el recorte bueno? Muy sencillo, el que no presenta tales defectos. Es decir, el que resulta justificado, razonable y justo. La situación económica, bien diagnosticada, es la que impone la necesidad y dicta la conversión de lo recaudado en partidas concretas; la situación de los paganos da la clave de lo que es aconsejable y cómo se hará para no perjudicar más a unos que a otros. Una última condición: la transparencia, que da acceso al conocimiento de todos estos extremos para que se entienda la productividad de la pérdida.
               El gobierno saliente ha decidido en la última parte de la legislatura varios recortes, que, salvo excepciones, no han sido demasiado contestados por los sufridores, creo yo que más por un exceso de conformismo de estos que por la pulcritud en la gestión de aquel. De distinto modo han reaccionado sectores de la sociedad catalana frente a su reciente gobierno de CyU, empeñado en ahorrar o al menos en quitar deudas anteriores. Pidamos que el que rija desde mañana la nación acierte con recortes buenos, si es que –como se espera-  tiene que hacerlos.

martes, 15 de noviembre de 2011

CAMPAÑA ENREDADA


               Por la revista Computer hoy (nº342, del 11.11.11), de la que soy fiel y entusiasta suscriptor, me entero de una serie de asuntos referentes a la campaña electoral en curso y su presencia en internet, realmente curiosos. Por ejemplo, que el PSOE “ha presentado su programa de puntos. Cuanto más ayudes a Rubalcaba a difundir sus propuestas en las redes sociales, más puntos obtienes, que luego puedes canjear por regalos, como tazas térmicas, polos, libretas tipo moleskine, etc.”, naturalmente con el apellido-eslogan del candidato (no, las siglas del PSOE) grabado sobre franja roja. “El PP, también interesado en aumentar su presencia en las redes sociales, propone al público que les ceda sus perfiles, que les haga campaña desde ellos y, ya puestos, ha creado la app Rajoy y planteado un concurso en el que los que creen la campaña más votada […] podrán pasar la ‘victoriosa’ noche de las elecciones con ellos en la sede de la calle Génova” (pp. 70-1).

http://www.humanas.cl/blog/?tag=mujer&paged=2

               Pero no todo son malas noticias. Da cuenta la revista (p. 70) de la existencia en la red de una prueba de ayuda para indecisos: según sean las respuestas que el internauta dubitativo dé a una serie de preguntas que plantea la web, “le mostrará qué partido o tendencia está más acorde con su forma de pensar”. Lo llama la “prueba de la rana” y se puede encontrar en http://test20n.comuf.com/test.html.
                Todos los partidos se han mostrado desde el principio interesados en tener presencia en las redes sociales, donde han creado su perfil correspondiente, así como canales en YouTube o Flickr, etc. Pero, junto a ellos, hay perfiles alternativos, donde se da cabida al humor y la sátira. Así, tenemos “SIN RUBALCABA”, que se define icónicamente con una “R” bocabajo. Alguno ha obtenido más de 86.000 seguidores. Otros muestran divertidas caricaturas, montajes fotográficos o gestos llamativos e incluso insólitos.


http://www.elreferente.es/actualidad/el-pp-abrira-la-campana-electoral-en-cataluna-15952
         
               Se han creado periódicos
on line para informar específicamente de la campaña y secciones monográficas en medios ya existentes, con numerosos vídeos y enlaces. La agencia Europapress ofrece en su web acceso a las últimas noticias sobre las elecciones. La intención de todos es informar al minuto de todo lo que va sucediendo en la campaña.
               Por último, lo que más me ha interesado a mí, por mi inclinación pedagógica, es un par de sitios de carácter “didáctico”: uno (www.marketingcomunidad.com) analiza las estrategias y técnicas propagandísticas del mercado en general y de la política en particular; el otro (www.costabonino.com) muestra los secretos publicitarios y de marketing que se esconden detrás de las campaña políticas. Y cuenta con un especial, dedicado a las próximas elecciones en España.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA EVALUACIÓN DEL DEBATE


               En la noche del pasado día 7 tuvo lugar, por fin, el único debate de la campaña electoral entre los candidatos de los dos grandes partidos políticos españoles.  Existe la costumbre, aquí y en todos los países democráticos, de efectuar una valoración urgente al concluir, entre periodistas, comentaristas, tertulianos…, así como mediante una encuesta rápida, por teléfono, realizada a una muestra de población a cargo de empresas demoscópicas. El objetivo es, sobre todo, obtener una calificación en términos de “vencedor” y “vencido”.  En este caso, parece que el triunfo se ha otorgado a Rajoy por una diferencia clara, aunque no demasiado abultada.
               En mi opinión, esa es una manera de evaluar a los aspirantes excesivamente simple,  demasiado imprecisa, como casi todo lo periodístico. ¿Qué significa vencer? Supongo que consiste en ser más o ser menos que el otro en algo, terminar por encima o por debajo…, pero ¿en qué? Seguro que cada uno de nosotros  tendría una respuesta distinta si le preguntaran. Por supuesto, dicha respuesta se relacionaría con lo que esperara del debate y de los participantes antes de celebrarse. 

http://clubefraingonzalezluna.files.wordpress.com/2010/07/debate.gif
                En teoría, actuaciones como las de anoche deberían servir para que el votante se hiciera una idea más clara, más ajustada, de lo que venden los aspirantes, para así cualificar su voto, y eso es lo que buena parte del público espera. Pero no siempre, casi nunca, coincide con  la intención de los protagonistas; su objetivo es otro, pues la mayoría no aspira a que los entiendan, sino a que los voten. Más aún, puede no coincidir la finalidad respectiva de los que se enfrentan, porque depende mucho de la posición de partida en cuanto a intención de voto del electorado, según se refleja en las encuestas, así como de la pertenencia o no al partido a la sazón gobernante, etc.
               En tal sentido, las circunstancias eran muy desfavorables para Rubalcaba, que cargaba con el lastre de una gestión de su gobierno discutida (incluso condenada) por todos. Rajoy, en cambio, no solo se encontraba libre de esa servidumbre, sino que contaba con el recuerdo colectivo de una buena labor en la etapa de Aznar, sobre todo en materia económica, que ahora se ha convertido en el problema capital. Y, además, con las encuestas de cara, como consecuencia de lo mal que lo ha hecho Zapatero, así como, seguramente, de la forma en que el PP ha llevado la precampaña y la campaña.
              En tal situación, Rubalcaba, que no parece aspirar a ganar las elecciones, en la noche del debate (seguido por más de once millones de espectadores), se decantó desde el principio por una estrategia clara: a) no darse por aludido cuando Rajoy recordara los pecados de su gobierno, aún en funciones; b) intentar sacar de su oponente alguna concreción programática (de ahí las continuas preguntas), mejor si iba referida a “recortes” sociales, para elevarla retóricamente a la categoría de principio identitario y descalificar así todo el programa del PP como “antisocial”, tintarlo todo de negro, digamos, a partir de una “mancha” pequeñita, confiando en que al día siguiente los titulares de los periódicos (sobre todo, los amigos) se encargarían de colaborar en esta labor; c) destapar las “verdaderas” intenciones del PP, al margen del programa escrito, o no tan al margen, pues buscó el candidato socialista dos o tres frases un tanto ambiguas que pudieran dar pie a interpretaciones como las suyas (aunque también las contrarias); d) callar en la medida de lo posible su proyecto, sus “soluciones”, temiendo una crítica obvia: ¿por qué no has actuado así en estos años? O no son tan buenas dichas soluciones o eres un cínico por no habértelas guardado para usarlas ahora en tu favor.
               Por su parte, el aspirante conservador, respaldado por las encuestas (y también por la sensación de hastío generalizada y el deseo de cambio, de que “se toque ya el final del partido”) y crecido en su actitud por eso mismo, además de buen conocedor de las añagazas del más que veterano socialista, ahora candidato, pero nunca cándido, jugó su partido: a) aunque sin cebarse, desautorizó en varias ocasiones a quien tenía enfrente, aludiendo (con datos)a las tropelías del gobierno del cual era vicepresidente y portavoz, que nos han llevado al borde del precipicio, con frases duras en su contenido, aunque no tanto de forma (Rajoy no suele ser enfático, no intensifica demasiado…, para bien o para mal); b) advirtió hacia donde apuntaban las balas del enemigo y se cerró en banda, no concedió casi ninguna concreción, no desveló casi ningún detalle, pese a que el otro le arrastraba a hacerlo con tantas preguntas, tendentes también a exasperarlo y sacarlo de sus casillas por lo insistentes; c) exponiendo tan solo el esquema o esqueleto de su proyecto (o sea, lo más fácil de explicar y de entender, e incluso de aceptar sin problema), se propuso dar la sensación de tener un proyecto y proyectar así seguridad, confianza en sí mismo, frente a las improvisaciones, bandazos y contradicciones del los socialistas; d) explicó con meridiana claridad y contundencia, sin señalar matices ni riesgos, sin aludir a posibles fallos en la previsión, etc.,  los fundamentos de su plan, basado en el incremento del empleo como eje y columna fundamental, más que en la intervención del gobierno como motor de la activación y recuperación económica, que es el modelo socialista, “evidentemente fracasado”.
               En síntesis, la meta de Rubalcaba era abrir una brecha y colocar una bomba en la fortaleza del contrario; y la de este, no permitir que eso ocurriera e incluso, si fuera posible, incrementar la protección de dicha fortaleza. Definidas así las intenciones, y tomándolas como criterio, como aspectos de mi particular baremo, estoy ya en posición de evaluar y calificar. Me parece que, como la mayoría de los interrogados han dicho, seguramente de modo intuitivo, Rajoy consiguió lo que quería en un porcentaje superior al de su contrincante.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LA MOTIVACIÓN


Traigo aquí unos párrafos acerca de la motivación, extraídos de la web “Universidad de Padres”, escaparate del programa que lleva el mismo nombre y que dirige el profesor José Antonio Marina. Me han parecido muy interesantes. 

              

               Llamamos “motivación” a la energía que mueve y dirige nuestro comportamiento. De ella depende nuestro ánimo y nuestro interés.
               Salvo niños especialmente apáticos o pasivos […], los niños están siempre motivados, pero ¡ay! no para lo que nosotros queremos que lo estén. Ellos quieren jugar, desordenar, moverse, ser independientes, pero nosotros queremos que estudien, ordenen,  estén quietos y sean obedientes. En suma, queremos que se interesen por cosas que nos interesan a nosotros, no a ellos. Cosas que  son buenas para ellos -como para nosotros es bueno hacer ejercicio o adelgazar- pero que  resultan costosas y poco atrayentes -como hacer ejercicio o adelgazar-.     Esa transferencia de interés, que exige tenacidad,ingenio astucia,  forma parte esencial de la tarea educativa. Es una mezcla de seducción y de coacción.
          Distinguimos la “motivación de inicio”, es decir, la decisión de comenzar algo, y la “motivación para continuar la tarea”, o sea, la capacidad para soportar el esfuerzo y el fracaso a veces. El ánimo para hacer proyectos, el entusiasmo por las cosas, la perseverancia para superar las dificultades, son   hábitos que debemos fomentar en nuestros niños y adolescentes. Además –y esto es lo más innovador-  hemos introducido dentro de nuestro modelo un tipo de motivación que no es estudiado por los psicólogos. Estos sólo hablan de las motivaciones que están dirigidas por la búsqueda de satisfacción o por la esperanza de un premio (sea material o afectivo). Lo importante es “tener ganas de hacer algo”.
         Olvidan que hay muchas cosas que hacemos sin tener ganas de hacerlas, y que eso también deben aprenderlo nuestros hijos. ¿Qué fuerza nos impulsDia en esos casos? Solemos llamarla “sentido del deber”. Durante siglos fue el centro de la educación, pero ahora lo hemos olvidado y por eso estamos tan descentrados. Conviene recuperarlo. Es estupendo hacer las cosas por entusiasmo, por gusto, pero cuando no sucede así, habrá que hacerlas porque es nuestra obligación.



jueves, 27 de octubre de 2011

LA ERA DE LOS PINOCHOS



               El discurso propio y característico del período político que está a punto de terminar, si se puede considerar dominado por algunos términos, uno de los más destacados es, sin duda, la palabra “mentira”, junto con los parientes de su campo léxico, sus  sinónimos, etc.  Me da la impresión de que ha abundado más que otros tan repetidos como “crisis”, por ejemplo. Desde aquel aciago día en que el hoy candidato a presidente la pronunció en forma de denuncia (“España no se merece un gobierno que mienta”), ya no ha dejado de aflorar en intervenciones públicas de dirigentes de cualquier color. Todos han venido acusando a todos de no decir la verdad a sabiendas de lo que hacen. En el Congreso, en el Senado, en declaraciones a periodistas, en ruedas de prensa…, políticos nacionales y políticos regionales, alcaldes, concejales… Nunca ha cesado la acusación de falsedad a los adversarios. El universo de la mentira es un círculo cerrado, porque si yo proclamo la falta de veracidad de mi contrincante, puedo estar diciendo la verdad o faltando a ella: en cualquier caso, siempre hay un mentiroso, o él o yo.

               T
an reiteradamente, tan casi a diario, aflora este vicio como argumento contra el de enfrente en los medios, que puede haberse extendido entre el público la sensación de que nadie ha dicho ni dice la verdad nunca; en ocasiones, con la ayuda de declaraciones faltas de toda lógica y, por tanto, increíbles (el ministro tal no se enteró de que su subordinado más inmediato hacia tal cosa, el presidente del partido equis no estaba al tanto de ciertos enjuagues en su formación, una persona imputada no merece ser creída nunca, no hay crisis, en el tercer trimestre empezará la recuperación, etc.), con promesas o programas que no se cumplen, continuas contradicciones... En efecto, mucha gente está ya convencida de que, cuando un personaje de la política habla a través de la prensa, siempre disimula, oculta, disfraza, exagera o empequeñece, reinterpreta, distorsiona… los hechos y tergiversa las palabras, buscando presentar las cosas como más le interesa a él y/o a la institución a la que se debe. 
                La impresión es de que, por detrás o por debajo de tanto discurso mendaz, hay una realidad, “la” realidad, seguramente penosa, inquietante, cuajada de problemas…, como consecuencia, en parte, de errores o incompetencia de los que la tapan. Según decía alguien, es como si el auténtico teatro se estuviera desarrollando en otro escenario.

               De todo esto, la consecuencia primera es el distanciamiento y la incredulidad del votante, que tal vez no muy tarde llegue a convertirse en ex votante, según la frase de F. Nietzsche: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”. La segunda, el zambobazo  que recibe la conciencia ciudadana cuando, por algún resquicio imprevisto, se filtra la verdad y se descubre el embuste y al embustero; sobre todo, si a la trola la acompañaba algún manejo contable.  En tercer lugar, como lo malo se aprende pronto, y más si el modelo viene de arriba, ¿nos extrañará que se establezca y cunda el principio de insinceridad en la vida cotidiana? El final más desastroso de la mentira instalada no es el engaño impune a los demás en busca de un beneficio (tal vez la evitación de un perjuicio), sino el ser falso consigo mismo. He oído que la actual crisis económica ha sido originada, entre otros factores, porque el país ha vivido por encima de sus posibilidades durante la anterior etapa, o sea, porque se ha estado mintiendo, queriendo o sin querer. Etc., etc.
               ¡Ay, la era de los pinochos!

sábado, 22 de octubre de 2011

CÓMO ME LLAMO (y III)


               En este tercer y último artículo sobre la forma de llamar a los demás sin utilizar su  nombre o su apellido, voy a consignar una serie de palabras sustitutas, alusivas a algún aspecto de la identidad personal, real o supuesta.
               Así, resulta muy común dirigirse a alguien a quien no se conoce, respecto al cual conviene mantener una cierta distancia y consideración, con la palabra “jefe”: en el taller de mecánica, el titular le dice al dueño del coche: “Entonces, ¿le cambiamos el aceite también, jefe?”; o el camarero, en el bar, a un cliente que acaba de apostarse en la barra: “¿Qué va a ser, jefe?”. Menos utilizado es el término “maestro” (excepto por los niños en la escuela: “Maestro, quiero cambiarme de sitio”): en la churrería, le dice un cliente al churrero “Eh, maestro, ¿me va a dejar a mí de muestra?”. Se oye más el pronombre “usted” con valor vocativo semejante a los anteriores: “Hasta luego, usted”, “Oiga, usted, ¿a dónde va?”  (distinto, formalmente al menos, de “Oiga usted, ¿a dónde va?” u “Oiga, ¿usted a dónde va?”). El sustantivo “amigo” comporta menor separación social y/o diferencia de edad: “Amigo, se ha dejado aquí la bolsa”. 
               En ninguno de estos casos cabe el tuteo (excepto, quizás, con “amigo”) ni se aplican los apelativos a mujeres (“usted” puede presentar dudas). Para ellas, desde hace algún tiempo, se ha generalizado “señora”, antes reservado a las mujeres casadas y de cierto relieve social. De la mano de este último tratamiento, una vez ensanchada su extensión social, ha ido instalándose “señorita” y, mucho más, “caballero”, con el que nos hablan a todos los hombres en tiendas, supermercados, establecimientos bancarios… Cuando se trata de un anciano o anciana, el hablante se atreve a veces a recordarles su edad, haciéndoles oír la palabras “abuelo/a”, no siempre tan amable y cariñosa como parece: “Abuelo, cuidado con el escalón”.
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                Si el apelado es un niño o un joven, aparecen “chaval”, “niño/a”, “muchacho/a”, “mozo”, “mozuelo” (en mi tierra decían muchos “muzuelo”), “joven” y otros, como “chico/a” (fuera de Andalucía) o “nene/a”, para críos muy pequeños (o no tanto, en ciertas zonas andaluzas). Con un sentido irónico, de intención despectiva, se aplican algunos de ellos a varones o mujeres que ya han dejado atrás la juventud, sobre todo “muchacho”: “Tú no andas muy bien de la pelota, muchacho”. En situación de igualdad o de superioridad del hablante, aparece el “tú” con idéntica función a la del “usted” anterior: “Tú, ven para acá ahora mismo”. Otro término, más cercano al matiz calificativo, es “rubio/a”: “Mira, rubio, ¿esta calle se llama La Legión?”, “Rubia, ten cuidado con el charco”. Un último apelativo infantil o juvenil bastante reciente, según creo, es “campeón”, pleno de connotaciones positivas y elogiosas, según la estimativa triunfante en el mundo de hoy. 
               Si mi análisis hubiera sido más profundo y detenido, a la par que más completo en la lista de vocablos con función vocativa, nos hubiera descubierto matices y distingos de diversa índole, referidos por una parte a la intención de los enunciados en que se incrustan (órdenes, preguntas, advertencias, alabanzas…) y, por otra, a los factores contextuales influyentes en cada situación de comunicación. Las diferencias geográficas y sociales también suelen ser pertinentes en este campo: puntualicé arriba la costumbre de llamar sistemáticamente “nenes” a los niños de cualquier edad en algunos lugares de Andalucía; añado el hábito general, norma ya, de decirse “niño/a” los hermanos entre sí y los padres a los hijos. Los amigos y amigas también lo hacen con frecuencia. Dentro de la familia, es normal aprovechar los términos que designan el parentesco, si es cercano (“papá”, “hija”, “abuela”…), y si no, también, en determinadas casas: el yerno dice ”suegra” cuando habla a su madre política, o “cuñado” cuando lo hace con el hermano de su esposa, etc. 
               Acabo con los apodos. Como suplantaciones de los nombres propios de persona, asumen sus funciones, entre ellas la apelativa: “Préstame tu iPod, Melenas”. Dentro de esta categoría entran ciertos motes que podríamos llamar genéricos, como los infantiles “mocoso” o “enano”, o bien el adulto masculino, singularísimo, “mariquita”, con sentido irónico y valor humorístico: “Vaya novia que te has mercao, mariquita”. Una parte del argot juvenil la forman los apelativos que los adolescentes se dedican en sus interacciones verbales: “periquito”, “artista”, “pelón”, “primo/a”, “tío/a”, etc., entre los cuales ocupa un puesto destacadísimo, sin lugar a duda, el ya universal “colega”.



jueves, 6 de octubre de 2011

CÓMO ME LLAMO (II)


               En un artículo reciente traté sobre la manera en que nos dirigimos a los demás, usando unas veces su nombre de pila, otras el apellido y otras algún mote o sobrenombre. Hoy quiero volver sobre esa temática y comentar algunos otros recursos vocativos.
               Me referiré al empleo del nombre del cargo o función de las personas. Empiezo por el que más me choca, creo que por lo elevado de la jerarquía del interlocutor. La más alta institución política en nuestro país, después del rey, es el presidente del gobierno, seguido del de las cortes. La tradición establece que, en sustitución de su nombre (precedido de Don/Doña), lo adecuado es decir su apellido o el término propio del puesto que ocupa, antecedido de “señor/-a”: “Sr. Rodríguez Zapatero” o “Señor Presidente”. Sin embargo, llevo un tiempo oyendo y leyendo esta última expresión sin el inicio “señor”, en narraciones indirectas (pues, como puede suponerse,  no tengo acceso a las conversaciones de los presidentes ni siquiera como espectador): “Le pregunté: ‘Presidente, sabes que mucha gente está pidiendo un adelanto de las elecciones…”.  Igual ocurre con los ministros y otras autoridades, como el gobernador del Banco de España, etc. Naturalmente, siempre se trata de personas que, sin disfrutar de una excesiva proximidad a ellos ni una relación de parentesco, suelen tratarlos a menudo en razón de su dedicación laboral. En igual situación estás los delegados o los alcaldes, los directores, etc.: “Alcalde, ¿quieres presidir la próxima entrega de premios de…?”. Esta forma de tratamiento siempre se construye con “tú”, no con “usted” (tuteo).
               En la misma línea están los alumnos cuando, a pesar de la diferencia de edad y posición, requieren la atención de sus maestros o profesores: “Maestro, ¿por qué no cambias el examen de mañana?”. A las profesoras o maestras, que hasta hace poco eran “Seño” o “Señorita”, también se les apela con el nombre de profesión. En una ocasión planteé en la sala de profesores por qué no nos llamaban por nuestro nombre, en vez de usar “maestro” o “maestra”. Una compañera me dio esta explicación: “No se atreven, porque creen que sería tomarse demasiado la confianza”. Puede ser, aunque el tuteo ya expresaba bastante confianza.

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               La Nueva gramática de la lengua española, de la RAE (Madrid, Espasa Libros, 2010) hace esta observación explicativa al respecto: “Se percibe en el español contemporáneo un notable desarrollo del tratamiento de familiaridad. El incremento comenzó en la primera mitad del siglo XX, pero que [sic] se ha extendido de forma más notoria en los últimos treinta o cuarenta años. El uso creciente de las formas de familiaridad constituye un signo de cercanía, de igualdad, asumida o presupuesta, y de solidaridad, favorecido tanto por el auge de los movimientos políticos igualitarios como por la estimación que se concede hoy al hecho mismo de ser joven. El uso extendido del y del vos en la publicidad refleja bien esta escala de valores. El trato general con desconocidos adultos sigue siendo el de usted, con variaciones que están en función de las áreas geográficas, pero también de la edad del que lo dispensa. (p. 322). Y añade más adelante: “Los sustantivos que designan títulos, cargos y oficios se pueden usar en español como apelativos en el trato personal, además de cómo títulos oficiales: alcalde, director, ingeniero, licenciado, maestro, ministro, presidente, rector. El uso de estos apelativos puede ser compatible hoy en la conversación con el tratamiento de confianza (¿Estás de acuerdo, presidente?), pero se requieren las formas verbales al trato de respeto cuando se construyen con señor / señora (¿Está usted de acuerdo, señor presidente?)” (p. 324).
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               Doctores tiene la Iglesia. No obstante, contaré una anécdota que contraría un tanto la doctrina académica. En una rueda de prensa reciente, un periodista se dirigió al actual candidato del PSOE, que era el destinatario de las preguntas, diciéndole simplemente “Rubalcaba”. El aludido, con gesto grave, le corrigió: “Señor Rubalcaba”. Al parecer, no todos aceptan tan fácilmente la “cercanía”, la “igualdad”, la “solidaridad” de las que habla la Academia y que, según la institución, favorecen los “partidos igualitarios”. No todos, insisto, aunque las prediquen

jueves, 29 de septiembre de 2011

LA CUNA


               Hace tiempo escribí sobre esas personas que, al caer la tarde y hasta entrada la noche, andan rebuscando en los contenedores de basura algo aprovechable (http://ahitequieroyover.blogspot.com/2008/07/el-sndrome-de-la-oferta.html). Hoy voy a coger de nuevo el tema, pero esta vez para narrar una breve historia. Es una escena real, curiosa y a la vez interesante, presenciada por mí hace unos días y en la que hasta participé como actor secundario.
               Venía yo de realizar una de mis tareas cotidianas, la compra, que tengo encomendada una vez relevado, por edad, de obligaciones profesionales. Como casi siempre, me acompañaba mi perrila “Pocho”. Junto a un contenedor próximo, un hombre de unos cuarenta años y un chavea de siete u ocho trasteaban con una especie de jaula grande de madera, tratando quizás de armarla. Al llegar a su altura, vi que era una cuna, desechada por alguien. El deseo de darle gusto a su olfato, hizo que mi lazarilla se parase, ocasión que aproveché para observar la actividad de los que luego supe eran padre e hijo, y de pegar la hebra, como todo buen jubilado que se precie. No los conocía de nada, pero eso no fue ni es nunca obstáculo, todo lo contrario. 

               Me enteré, por boca del padre, que pretendían averiguar si el mueble estaba completo y en un relativo buen estado. Supe que había en casa un niño de dos años, al que vendría de perlas la cuna. Mientras, advertí que una de las barandas laterales de la camita carecía de elementos de sujeción, porque no habían dejado los dueños la pieza metálica necesaria, según hice ver yo, implicado ya en la misión; añadí que, no obstante, podría ser suplida fácilmente.

              Había soltado mis bolsas a poco de llegar y sostenía el cabecero y un lateral para que el señor pudiese hacer sus cálculos, comprobar cómo se acoplaban las piezas  y valorar las posibilidades de reconstrucción y el posterior uso. En un alarde de cortesía, se apercibió de mi ayuda y denunció la incomparecencia de un hijo mayor, cuyas “manos”  -sic-  estaba echando de menos desde el principio.
    -  Se ha ido. Se ha ido porque le da vergüenza.  
    -  ¿De qué?  -indagué lo obvio.
    -  De que esté recogiendo cosas que han tirado. Ya ve…

               El padre de familia no tardó en llegar al convencimiento de que la cuna era reciclable. Apiló las piezas y las repartió entre sus dos manos para un seguro y cómodo transporte. Inició el regreso a casa, flanqueado por su pequeño; yo los seguí a ellos y a mí, la “Pocho”. Al bordear el contenedor, apareció un muchacho de unos catorce o quince años, que se levantaba y se sumaba al grupo.
    -  ¿Tú eres el mayor? –me metí donde no me importaba-. ¡Que no te dé vergüenza, hombre!  -seguí hollando huerto ajeno.
    -  No los conozco  -se protegió como San Pedro el púber, aunque sin esconder un punto de humor, que dio el nivel previsto de ambigüedad a su expresión.
    -  ¡Si no tenemos, pues no tenemos!  ¡Y habrá que buscar donde sea! –fue la recriminación del padre, exclamada con tono entre irritado, filosófico y educativo.
    -  Claro  -me adherí a su visión del mundo.

               Los caminos que nos llevarían a nuestros respectivos domicilios nos separaron. A cierta distancia, vi que el vergonzoso adolescente tapaba su coronilla y alrededores con gorrita blanca, vestía camiseta de color rosa fuerte y pantalón vaquero corto, con la cintura cuatro o cinco dedos por debajo de donde cabría esperar, y calzaba zapatillas sin cordones… Se me ocurrió que así, con ese estándar juvenil, no desentonaría ni se apocaría entre sus colegas de la ESO, a cuyos padres no imaginaría hurgando en la basura, como tampoco los demás al suyo. La ropa, seguí dándole vueltas, sirve para muchas cosas, incluso para esconderse. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA MAGIA DE ESCRIBIR


               Acabo de leer el último libro que he conseguido de José Antonio Marina, La magia de escribir, de 2007, realizado en colaboración con María de la Válgoma (Barcelona, Plaza y Janés). Es un volumen relativamente breve, 189 páginas, que contiene un texto sencillo, ameno y variado. Comienza con una exposición teórica e histórica sobre la escritura, que es la parte más extensa de las tres en que se divide; la segunda trata sobre el aprendizaje de la expresión escrita en el marco escolar y la tercera se dedica a la creación literaria como actividad y como experiencia.
             
               La presencia de un sabio como Marina, aunque sea solo coautor (y sin dejar de apreciar la valía de su compañera), hace que se refleje en la obra la luz de su inteligencia y la amplitud, diversidad y profundidad de sus conocimientos. No obstante, creo modestamente que hay una limitación en la concepción misma de la obra, claramente incidente en el resultado final. Me refiero a que los autores parecen no haber definido con nitidez y precisión el perfil del destinatario principal. Así, para un lector ajeno al ámbito de la enseñanza y poco aficionado a la escritura, el libro no tiene excesivo interés; y para buena parte de los docentes especialistas en el área de lenguaje se queda corto, pues la mayoría de las cuestiones tratadas le resulta conocida, algunas incluso con más detalle de lo que las explican Marina y de la Válgoma. Por último, si ellos han pensado en un público intermedio entre ambos extremos, sinceramente creo que no existe o es bastante difícil de encontrar, porque es el que no gasta tiempo ni dinero en un título como este.

               Uno de los pensamientos que ilumina la exposición entera o, como ahora se dice, que opera de eje transversal, es el de que la escritura comporta una actividad mental de naturaleza creadora, que trasciende la mera mecánica del grafismo. Escribir es pensar y pensar es crear, repiten los autores, con estas u otras palabras. De ahí pasan a mostrar su convicción de que la enseñanza de la lengua debe situarse en el uso (“enérgueia”), y no en el objeto (“ergon”), lo que los lleva a entroncar sus planteamientos con la “escuela activa” y con los “talleres” como método de trabajo prototípico. Creen en el dinamismo creador de los niños (sobre todo, los pequeños) y en su incontenible afán de aprender. Rodari y su Gramática de la fantasía son puntos de referencia esenciales.

              Una persona que esté o haya estado ejerciendo dentro del aula, encuentra pronto los peros de tan brillante y atractiva propuesta, efectuada en términos parecidos por otros muchos autores desde hace décadas. Por desgracia, las iniciativas innovadoras puestas en práctica siempre se han estrellado, antes o después, contra los muros de los colegios e institutos, como las olas del mar contra los firmes e inmóviles acantilados. El plan de trabajo general de los centros educativos  (fines u objetivos reales, organización de personas, espacios y tiempos, materiales, métodos o estilo de tareas, evaluación del aprendizaje…) no admite, no soporta, no resiste… proyectos como el que insinúan, sin concretar, los autores de este libro. Es atractivo, ideal, hermoso…, pero impracticable en las actuales condiciones de los centros, incompatible con la mentalidad de la mayor parte de los alumnos y padres, irreconciliable con unas rutinas mentales y de funcionamiento tan firmemente arraigadas. Por su parte, muchos  profesores del área (no todos, claro) han querido, como digo, y quisieran caminar por ahí, porque también creen en “la magia” de la escritura, la lectura..., pero sencillamente no pueden, aprisionados como están dentro de los estrechos límites del sistema y del entorno educativo. Doy fe de ello.

               Así que el libro de Marina y De la la Válgoma es un libro seductor, rebosante de optimismo, pleno de ilusión y de imaginación, a reventar de ideas y sugerencias…, pero, por desgracia, no muy útil, si de él se espera que incida significativamente en la praxis escolar. 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LAS DOS HORILLAS


               Hoy, víspera del comienzo de curso en Secundaria, estaba convocada una huelga del profesorado en determinadas comunidades autónomas, finalmente aplazada, al parecer, para el 20 y 21. El motivo, el cambio de las 18 horas lectivas semanales por 20. En tal situación, ninguna persona relacionada directa o indirectamente con la enseñanza puede dejar de tener formada una opinión sobre las posturas adoptadas dentro del colectivo en relación con la medida y sobre la medida misma. Yo la tengo, y la voy a expresar y a tratar de explicar brevemente.
               Las movilizaciones se pretenden justificar, por parte de los que las convocan y secundan, como una defensa de la calidad de la enseñanza, que mermará por el aumento de horas lectivas. El concepto clave es, pues, el de “calidad de la enseñanza”. Se aduce que cada profesor deberá atender, así, a un número mayor de alumnos y desatender en alguna proporción las funciones no lectivas, valoradas como igualmente necesarias para la formación.  Yo no estoy de acuerdo con las acciones promovidas por los sindicatos (creo que todos o la mayoría), porque creo que el fundamento no es nada sólido, no existe un motivo razonable.
Quiero explicarme con una serie de consideraciones, como no podía ser menos, en torno a la calidad de la enseñanza. En primer lugar, es un concepto ambiguo, inconcreto, difícilmente medible e incluso de no fácil definición, a no ser que se haga en términos de calificaciones o notas. Por otra parte, si la calidad se aprecia en los resultados, sean las notas o cualquier otro elemento basado en el instrumento de evaluación que sea, deberíamos contemplar también la calidad del aprendizaje, pues de este otro factor, el aprendizaje, proviene, en no menor medida, el nivel de resultados. Si un niño alcanza un grado de preparación equis, no es solo porque los maestros le hayan enseñado mucho, poco, así o asado, sino también por su actitud, su trabajo y esfuerzo, por el apoyo de la familia, etc. Y también depende de la dotación de medios y recursos disponibles en los centros. De este modo, el profesor y su horario es un factor, pero no el único que condiciona la calidad final. De hecho, los profesores de la enseñanza concertada y privada tienen bastantes más horas de clase, hasta 28 semanales algunos, y nadie ha dicho nunca que los alumnos salgan en general peor preparados o que, si presentan diferencias negativas, sea por los horarios de los profesores.
               En segundo lugar, suponiendo que hubiese una correlación entre el horario lectivo actual de los profesores y la calidad del aprendizaje, la relación cantidad de horas / calidad del aprendizaje ¿quién y cómo se establece el horario? , ¿cuál es el criterio con que se marca el límite de horas lectivas? Al parecer, los patrocinadores de la huelga asientan sus argumentos en el simple principio de que “cuantas menos horas, mejor”, porque no he oído ni leído  -creo que nadie lo habrá dicho/escrito ni lo dirá/escribirá-  que 18 es calidad y 20 ya no es calidad, así, en términos absolutos. Según es sabido, el horario de los profesores, como todos los demás aspectos esenciales de su función, lo determina la ley; igual que los del resto de funcionarios y asimilados. Si la ley establece las horas lectivas en un margen entre 18 y 21 para los docentes de la enseñanza pública, ¿eso qué quiere decir? Quiere decir que, en las circunstancias concretas de nuestro país, la Administración entiende que tal volumen de horas es el adecuado para garantizar una enseñanza aceptable a los alumnos. Más claramente, para los que ligan número de horas y calidad: nuestros gobernantes determinan que, con un mínimo de 18 horas y un máximo de 21 por profesor y semana, los alumnos de Secundaria deberían concluir sus estudios con una formación de calidad apropiada. Este es su criterio, el criterio que prima y que se impone (se esté o no de acuerdo con él). Además, el sueldo se fija en correspondencia con esa dedicación: a usted le pagaremos tanto por dar entre 18 y 21 horas según aconsejen o exijan las circunstancias, viene a decir el contrato. 
               Hasta ahora, se ha generalizado el volumen mínimo como si fuera el máximo, sin detraer del sueldo ni un euro (por ese motivo, que no tiene nada que ver con el rebaje por la crisis, contra la que no se alzó, por cierto, ninguna voz de sindicato o colectivo organizado). Pero, la propia Administración (en este caso, una o varias de ámbito regional), sin salirse de la ley, cree llegado el momento de sumar dos horas al mínimo, que tampoco hacen llegar al máximo previsto. No se alteran, pues, las condiciones en las que la normativa juzga que se ofrece una enseñanza de aceptable calidad, cuyo límite está en las 21 horas. Las protestas surgen, pues,  del deseo de continuar con la situación actual, que demuestra una gran “generosidad” por parte de los gobiernos central y regionales: ellos han venido “regalando” a los docentes el pago de tres horas lectivas no dadas, que, no obstante, la ley contempla se pueden dar. Ahora, en tiempos de ajuste y requeteajuste, ya no se está para obsequios y se imponen condiciones algo más duras. Distinto es que el profesorado no esté de acuerdo con las horas que la norma vigente cree apropiadas para dar calidad; pero, que yo sepa, nadie ha gritado, desde que rige, contra esa normativa. Ni contra otros muchos componentes del sistema educativo con más incidencia en la formación de los niños y adolescentes.
               Así, pues, esta huelga no es la mía. Tendría que tener más calado y más sustancia. Tampoco me sumo a la discusión aislada sobre las horas, que más bien parece un regateo. ¿O quizás se trata de una buena ocasión para que los sindicatos aticen al/a la gobernante y lancen a su cara el malestar múltiple de los docentes, para, de camino, ganar algo de respaldo y perder algo de desprestigio?

miércoles, 7 de septiembre de 2011

HUBO UN AÑO...


               Hubo un año, no hace muchos, en que ocurrieron hechos bastante sorprendentes, de no poca trascendencia para el mundo y, dentro de él, España. Voy a reseñar unos cuantos.

               Se inicia el uso de los ultrasonidos en el diagnóstico médico, es decir, la técnica denominada ecografía, a partir de los descubrimientos de Ludwig y Struthers, que permitían detectar piedras y cuerpos extraños en el interior de un tejido. Hoy se ha convertido en un instrumento habitual y no nos percatamos suficientemente de su valor. Gran importancia tuvo, también, la realización del primer vuelo comercial de un avión de reacción destinado a pasajeros. Fue el cuatrimotor Haviland Comet  (¡hermoso nombre!), que hizo el trayecto Londres-Trípoli-Londres en 6 horas y 36 minutos, a una media de 726,66km/h. En nuestro país, ese mismo año se llevan a cabo las primeras pruebas de televisión: con una cámara, se capta el tráfico de la Gran Vía de Madrid; también se logra transmitir una corrida de toros desde La Ventas. Se da así paso a la implantación de la televisión en España. Trece o catorce años después vería yo mi primer programa televisado, que fue   -si no recuerdo mal-  una película de dibujos de Walt Disney. 

              En el ámbito del deporte y el espectáculo, destaco la creación, en agosto, de la Unión Deportiva “Las Palmas”, equipo entre los históricos de nuestra liga. Meses más tarde, en noviembre, se estrenó en Londres la ópera “Salomé”, de Strauss, con vestuario y efectos de Salvador Dalí, quien visualizó a los personajes como insectos gigantes; la representación resultó bastante controvertida. En el mismo país, Gran Bretaña, nació en gran actor, tan peculiar, Jeremy Irons, protagonista de películas como  La mujer del teniente francés o Inseparables, en la que da vida a los dos gemelos. En cines españoles se proyectaba, entre otras películas, Una mujer cualquiera, de María Félix, y en Hollywood recibió el “Oscar a la Mejor Actriz” la sublime Olivia de Havilland por su película La heredera. Murió en accidente la escritora Margaret Mitchel, que alcanzó la fama con su única novela Lo que el viento se llevó. Se retiró del ring, como boxeador imbatido, Joe Louis, después de poner en juego su título en 24 ocasiones. La prensa sensacionalista y del corazón difundían la inminente ruptura matrimonial de Ingrid Bergman y Petter Lundstrom, e insinuaban el inicio de un romance de la actriz sueca con el director Roberto Rossellini, casado y padre de varios hijos; al parecer, se enamoraron durante el rodaje de Stromboli.

              El día 12 de febrero, sobrevino una gran catástrofe:  descarriló el expreso Barcelona – Madrid y murieron más de 40 personas. Ya en verano, se registró una enorme explosión en una mina de Sama de Langreo, que causó 16 muertos y 7 heridos. En otro orden de cosas, se aprobó casi a finales de año la anexión del término municipal de Barajas a Madrid.

               En el plano internacional, se crea la OTAN con la firma de un pacto de defensa mutua entre Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y los estados del Benelux, con una vigencia inicial de 20 años. En el mes de mayo, el Consejo Parlamentario alemán aprueba una ley de creación de la República Federal Alemana, de la que Bonn es elegida como capital; el primer presidente  (canciller) es el democristiano Konrad Adenauer. En China, se proclama la República Popular, para cuya presidencia es nombrado Mao. La URSS y las demás “democracias populares”  (Bulgaria, Hungría, Polonia, Rumanía y Checoslovaquia) acuerdan crear una Consejo para la Ayuda Económica Mutua, COMECOM, organismo paralelo al Mercado Común Europeo, con el fin de coordinar los planes estatales de producción y facilitar la asistencia tecnológica en los países menos avanzados. Etc.

              
               Mientras todo esto sucedía en el ancho mundo, dentro del pequeño e íntimo reducto familiar centraba la atención un hecho verdaderamente extraordinario, el más destacado con diferencia de ese año, algo inolvidable… para los miembros del clan. Fue el nacimiento, en mayo, de un niño de grandes ojos negros. Lo llamaron José Antonio y hoy firma en internet con el acrónimo “Jaramos”.

              El año al que me vengo refiriendo es 1949, en el que tuvo la inmensa suerte de nacer un servidor.

martes, 30 de agosto de 2011

CANON FUTBOLERO

               El pasado fin de semana (27 y 28 de agosto), los jefes de la Liga de Fútbol Profesional dejaron en la puñetera calle a los periodistas radiofónicos, porque se negaron a estos pagar una cuota, por aquellos creada, para entrar en los estadios y laborar allí como suelen. Algunos, los más pudientes, sacaron una entrada y enviaron cuñas informativas a través del socorrido móvil.
               Yo no sé a vosotros, pero a mí me suena muy mal, muy mal, que los plumillas de la radio tengan que retratarse por pisar el lugar donde se producen los acontecimientos, con el dignísimo objetivo de informar a los de la peña de cada equipo, y de la afición en general, imposibilitados de ver a los peloteros en directo. Me suena fatal, porque me suena a las trincadas de la SGAE, ¿recordáis?, que traduce en euros para sí misma cualquier musiquilla oída en cualquier bar,  peluquería y hasta local de reparación de calzado. O sea, me suena a… descarada sisa o ratería. Las cadenas se han plantado de momento, pero no se sabe si aguantarán a pie firme muchos sábados y domingos con tan importante merma de sus programas estelares, los deportivos, que atraen tanta audiencia como recaudación publicitaria.

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               Según lo veo, no obstante, lo peor no es este hecho, que en sí representa una catástrofe, sino la ola de huracanes y tormentas “Irene”, o “Rita” o lo que sea, que puede que se desencadene. Porque lo malo se aprende muy pronto. Lo malo aquí es poner la mano por ser tema de información. ¿Veremos, entonces, ruedas de prensa con un fulano en la puerta vendiendo entradas a equis euros? ¿Pedirá su parte el sacerdote cuya misa retransmitan, y hasta el organista, sacristán y monaguillo? ¿Habrá que resarcir a todo el que resulte encuestado ante micrófono por la calle o a través del teléfono? ¿Pondrá precio a su intervención el general o coronel que nos hable por las ondas de algún acaecimiento en el teatro de operaciones? ¿Tratará de conseguir un dinerillo extra la directora del jardín de infancia que llama a la prensa para decirle que el curso próximo habrá dos o quizás tres chiquitos menos? Y así, dirán al reportero que “por su bella cara, nanay de la China”. Como se afirma por ahí, hay cosas que se sabe cómo empiezan, pero no cómo terminan. Casi siempre son las guerras o las huelgas; yo añado el canon, y no el de Pachebel, claro. O sea, esta especie de exclusiva miserable, que parece va a salir del cenagal de las revistas y teleprogramas pestilentes, del palacete de la SGAE, para ir de conquista y ampliar su infame territorio. 

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               De gratis, nada, monada. Ahora todo el mundo está falto de guita y todo el mundo, y más, pretende engrosar algo su fondo de liquidez. Como sea, según máxima que puso en circulación Zapatero; por cierto, ¡sin cobrar por el invento! Aún. Porque, a partir de la SGAE y su escuela liguera, el presidente del gobierno (este y los que vengan) puede que sea uno de los que vea rebosar más sus bolsillos con monedas y billetes de procedencia periodística, porque las frases y la imagen, los gestos y hasta las ojeras y las arrugas de la camisa de tal personaje suelen inundar como ninguno otro producto las ondas. Y, si para cada ocasión hay un listo, ¡cuántos otros no harán hasta el pino contorsionista con tal de llamar la atención y la presencia y el desembolso de los informadores, e incluso provocar subida de precio por incremento de demanda! Imagino titulares así: “El hijo de Bono reconoce que ya no carga a la derecha” (si no lo sabéis, preguntad a vuestros padres o maridos qué es “cargar” dentro del vocabulario de la sastrería) o “Cristiano Ronaldo descubre con asombro que el forro de su bota izquierda no es de seda india”, etc.                     
               Creo que la Liga de Fútbol ha jugado de pena. Su táctica recaudatoria puede llegar a golear y hacer que descienda de categoría ese proletario que se gana su pan con la alcachofa. 

sábado, 20 de agosto de 2011

CONVERSIÓN DE "JARA_MITOS"

Hace unos días, mi blog Jara_mitos sufrió una profunda metamorfosis y se ha convertido en Lengua española y comunicación. El nombre dice cuál será su contenido futuro, referente al cual ya he colgado algunos artículos. Espero que os interese cuando lo visitéis en esta dirección (que es la misma de antes): 
                            http://jaramito.blogspot.com/
Muchas gracias. Salud(os).

martes, 9 de agosto de 2011

FEOS, CORTAOS E INVISIBLES

               En mi primer curso como profesor, se me acercó un día un chaval de 1º de BUP (ahora, 3º de la ESO, o sea, 14 años) al terminar la clase. Cuando estuvimos solos en el aula, arrancó a llorar amargamente. El problema era que las niñas no le hacían caso porque era obeso. Sinceramente, no sé si lo que le dije le resultó útil, porque la situación en sí era ardua y, sobre todo, por mi notable bisoñez. Después me he encontrado más casos similares. También, actitudes absolutamente contrarias.
               La socialización de género, es decir, el acercamiento y relación entre hombres y mujeres, movidos por la atracción sexual, comienza realmente en la pubertad o en la adolescencia, según sea el ritmo de desarrollo de cada persona. Es el momento en que se ensayan, por tanto, las primeras tácticas de cortejo y conquista.
               Los que entienden de esto distinguen tres tipologías masculinas, según las bases desde las que se despliegue tal comportamiento. Cada una tiene su versión positiva y la correspondiente negativa. Son estas, dichas con los calificativos con que son adjetivados los niños o los jóvenes que las muestran: a) la del “guapo” / “feo”; b) la del “simpático” / “soso” o “desabrido”; y c) la del “interesante”  / “insignificante” o "invisible".
               Ya se entiende que se trata de categorizaciones efectuadas en términos relativos. Quiero decir que se definen y se asignan a partir de la óptica femenina: aunque existen feos (más que guapos) universalmente reconocidos o chavales cuya charla resulta agradable o no para todo el mundo, etc., aquí se habla de lo que son o dejan de ser para las niñas o las adolescentes del entorno. En la situación a la que me refiero, son ellas quienes deciden y, en consecuencia, quienes hacen que los amigos o compañeros interioricen esa opinión y se formen su autoimagen, marcada con el signo más o menos positivo o negativo, según  los casos. En general, todos nos fiamos bastante de la respuesta o reacción que provoca en nuestros semejantes el propio comportamiento. Insisto, por otra parte, en el “más o menos”, porque no se dan, por lo común, ejemplares puros; la mayoría ocupan un determinado lugar en la escala, “más o menos” cercano o lejano a los extremos.


               La consecución de los objetivos que un muchacho se plantea al acercarse a una chica equivale al éxito. Su logro depende de varios factores, entre los que destaca el gusto de la señorita o señoritas en cuestión. Sin embargo, también influye la identidad del aspirante. Está claro que las variantes positivas de la taxonomía anterior suelen encontrar el camino más expedito y viceversa. Pero, ¿se podría destacar alguna de esas modalidades como especialmente abocada al triunfo más o menos fácil y seguro? Al parecer, tratándose de la edad de la que hablamos, los guapos casi siempre se llevan la palma. Tan solo habría que consultar la lista de llamadas, perdidas o no, de sus móviles. No entro en el canon de belleza varonil, que pertenece a la inteligencia estética femenina. De los dos tipos restantes, puede que el simpático abunde más que el interesante, aunque seguramente se equiparan en cuanto a sus posibilidades.
               ¿Y qué hacemos con los feos, antipáticos y nada interesantes? Es muy difícil que se conjuguen las tres “virtudes” en el “adorno” de una persona. Es más, dado el instinto de supervivencia del ser vivo en general y del humano en particular, así como la fuerza de la atracción sexual, cada uno trata de buscar una salida a su supuesta limitación: el que no es muy agraciado, intenta explotar todos sus recursos comunicativos para enrollarse bien y entretener  a la niña que le gusta; el que es un poco “cortao” se acicala todo lo que puede y procura “vestirse de seda”, como la mona, o bien presentarse con un halo de misterio para parecer más interesante, etc.
               Lo peor es que tal mecanismo de compensación no entre en funcionamiento. Entonces tenemos la situación del chaval que conté al principio. Él se consideraba feo para las niñas y no pudo buscar en el baúl de sus cualidades otro algún resorte sustitutivo. Su autoimagen era negativa y eso lo desposeyó de la suficiente autoestima. En efecto, como ese caso, hay muchachos que, a partir de la comprobación del más mínimo rechazo, que generalmente ellos atribuyen a no ser atractivos, ni siquiera poseen fuerza suficiente para echar mano de otros recursos o estrategias para llamar la atención de las amigas y ganarse el favor de aquella a la que pretenden. Por supuesto, no se atreven, ni por asomo, a competir con posibles rivales. Se les llama acomplejados.
               Estos niños lo pasan muy mal. Muy mal, muy mal, aunque no se atrevan a decírselo a nadie ni a compartir su dolor. Con el paso de los años, la mayoría logra sacar la cabeza del hoyo. Unos pocos se hunden en él para siempre. Por ellos merecería la pena ocuparse, más de lo que se hace, de esta clase de dificultades en el contexto educativo, familiar y escolar, de los adolescentes. 


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