martes, 29 de marzo de 2011

POLIBASURA

          Hace unos cuantos años, en la primera legislatura de Zapatero, en una de las sesiones de control al gobierno, creo, tuvo Mariano Rajoy una salida realmente desafortunada. Muchos recordaréis el discurso en el que llamó “bobo ilustre” al líder del principal partido rival, presidente además del gobierno español. Aquel burdo ataque me lo ha recordado una actuación no menos irrespetuosa de un miembro del actual gobierno, biministro y vicepresidente, cuando se burló, el pasado día 23, de un diputado de la oposición como toda respuesta a una pregunta, también de control (*).  En ambos casos, los actuantes fueron premiados por las risas de sus respectivos coros, adornado además el segundo con unos gorgoritos a cargo del Presidente del Congreso.
http://radiopichardo.com/wordpress/index.php/2011/02/
las-excusas-mas-comunes-para-no-separar-la-basura/

          Estas cosas me hacen sentir bochorno y son las que me han llevado a proponer el neologismo “polibasura” (muy poco original, menos ingenioso, lo sé, pero necesario ya por desgracia), a imitación de lo que todo el mundo nomina “telebasura”, sabiendo lo que dice. La polibasura consiste, esencialmente, en descalificar al adversario en vez de atacar sus razones con pruebas, argumentos, explicaciones, datos, comprobaciones…, en la actividad dialéctica propia de la política. Lo que se busca es la desautorización del contrincante, al margen de qué sea aquello que este defiende o discute, pues en eso ni siquiera se entra: “Ustedes están obsesionados con mi dimisión, porque no han podido ganar en las urnas”. 

          La réplica sucia, que es como daré en llamar a la concreción enunciativa de la polibasura, utiliza varios mecanismos comunicativos:  a) La descalificación directa: “Usted no tiene ya credibilidad”. Una variante de este tipo es el que los antiguos apellidaban tu quoque  (“tú también”) y hoy se conoce como la “técnica del ventilador”: “Con los cientos y cientos de millones de los ERE, ¿qué significan esos tres simples trajes, que ni siquiera está probado, además, que se regalaran?”.   b) La descalificación insinuada: “Usted, señor Ministro, tiene imputado a su Director General y a varios funcionarios, y dice que no se enteró de nada. ¡Vaya!”.  c) La descalificación indirecta: “Estoy seguro de que dice usted la verdad, como siempre” (dicho con tono de ironía). En los tres casos puede acudirse, como sucede de hecho,  al humor, la ironía, la sátira, el sarcasmo, el retintín, etc.

          En la retórica clásica, el nombre que le daban a esta forma de debate basura, en concreto a la réplica sucia, era el de “falacia ad hominem”, es decir, falso argumento orientado a descalificar, incapacitar o desautorizar a la persona con la que se entra en contienda. Tenemos que distinguir dicha falacia del conocido como “argumento ad hominem”, o sea, un auténtico argumento, acomodado o creado especialmente a la medida del adversario. Recordemos que las falacias no prueban ni refutan nada; los argumentos, sí.
        
            Siempre ha existido la falta de juego limpio en la palestra pública. 
La polibasura no es algo de nuestro tiempo. Recordemos a los sofistas. Pero, al contrario que en la mili, la antigüedad no vale aquí como mérito. En mi opinión, denota esta forma de discutir una actitud muy poco elegante, menos respetuosa, bastante indigna  y, con frecuencia, situada al borde mismo de lo inmoral. En todo caso, es un mal ejemplo, que por desgracia cunde.

          La polibasura rebaja hasta lo ínfimo el nivel del debate político (y público en general), tan necesario y, teóricamente, tan enriquecedor. Por otra parte, la ineficacia de la réplica sucia salta a la vista: no niega, no debilita, no derriba… la afirmación del de enfrente, pues supone un desvío temático que deja intacto el valor de dicha afirmación. Es más, semejante desvío refuerza, y no niega, lo expresado por el otro, contra lo que nada parece tener que o poder decirse. Es una forma de callar y, por lo tanto, otorgar.

          La etapa que nos está tocando vivir adolece de una notoria ausencia de políticos de altura, lo que lleva, inevitablemente, a que sus actuaciones verbales presenten una enorme pobreza. Por eso, la vida parlamentaria, los mítines, las declaraciones, las ruedas de prensa (sin preguntas, por cierto), las entrevistas… parecen conformar a veces una especie de gran bolo de inservible farfolla y hedionda polibasura, sin más destino apropiado que el vertedero o el muladar.
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(*) Le dijo el ministro al pepero que se le podría cantar aquello de “Sin ti no soy nada…”. Caéis ya en la cuenta de la escena a la que me refiero, ¿no?

martes, 22 de marzo de 2011

EL HÁSMTER

          Lo que voy a contar sucedió en EE.UU. de América no hace mucho. Como dicen los letrados en los juicios  -situémonos ya en tales derredores-, los hechos son los siguientes:
1. Una mañana, el hámster de Aaron Smith, un adolescente neoyorquino, de Brooklyn,  aparece muerto frente a su casa, situada en el barrio de Bushwick.
2.  Aaron Smith da por supuesto que ha sido obra de  Monique Smith, también adolescente y hermana suya, como venganza por la muerte del ratón de la muchacha, al parecer a manos del muchacho.
3. El muchacho, en una extraña e inesperada reacción (pues muchacho y muchacha, desde siempre, solían dirimir sus diferencias a tortazo limpio), lleva el caso ante la Asociación Estadounidense para la Prevención de la Crueldad con los Animales (ASPCA, según sus siglas en inglés).
4. Por razón de que la autopsia muestra que el animalillo muere por traumatismos, lesiones en el hígado y hemorragia cerebral,  ASPCA decide denunciar el crimen en el juzgado.
5. En consecuencia, se abre una investigación. Las indagaciones duran nueve meses y culminan con el arresto de la adolescente Monique Smith. Dadas las circunstancias, a la muchacha se le concede la libertad provisional.
6. En el momento actual, se está nombrando el jurado que ha de enjuiciar a la presunta criminal Monique Smith. Según la ley del país, pueden caerle hasta dos años de cárcel y 5.000 dólares de sanción.
7. Mister Smith, progenitor del muchacho y la muchacha, declara que “fue un accidente” que se ha sacado de madre (omite añadir, no se sabe si intencionadamente, que también se ha sacado “de padre”). 


          Expuestos así los hechos (auténticos y verdaderos, estos sí, Sr. Rato, pues los extraje del diario “El Mundo” del  pasado día 11),  yo pregunto:
Primero: ¿Qué o quién indujo a los muchachos a pasar del método pugilístico cotidiano al formal y litigante? ¿Les hizo ver algo o alguien que es más civilizado y políticamente correcto argumentar en el foro que pagar/cobrar la culpa directamente a hostias?
Segundo: ¿En qué nubes andan los padres de los muchachos (si es que no están asentados en la conocida Babia), que no se percataron de que había un terremoto en casa, de que se cometían allí asesinatos, de que se hacían autopsias, de que la policía metía las narices hasta en las cacerolas, etc., etc.? ¿O es que son así de respetuosos con las decisiones de sus malvados retoños? ¿Respetuosos, incluso si sus determinaciones pueden concluir en dos años de severo y atroz presidio, con la obligación de aflojar cinco de los grandes?
Tercero: ¿De qué va esa asociación ASPCA, escuchando a un mocoso,  haciéndole caso y arropándolo, en vez de mandarlo de vuelta a casa con un sabio consejo como, por ejemplo, “Anda, chiquito, vete, seguro que tu padre te compra otra mascota un día de estos”? Item más, ¿qué busca ASPCA, sino inmotivada y gratuita notoriedad al personarse en el juzgado y elevar una simple gamberrada a la categoría de supuesto dolo? ¿Alguien no ve que parece que se la coge con papel de fumar?
Cuarto: ¿Tan sobrada está la policía americana, que gasta nueve meses de su tiempo y de su energía y del erario público asignado en buscar pesquisas sobre lo que no tiene vuelta de hoja, en aplicar sus modernos y caros instrumentos, sus probados métodos científicos de análisis… al diagnóstico y calificación oficial de una soberbia gilipollez?
Quinto: ¿Qué será de la pobrecita Monique Smith, qué hará con su vida después de pasarse dos años a la sombra  -si al juzgado lo enternecen más los despojos del hámster que una moza en la flor de su existencia-, únicamente por agarrar del rabo y revolotear al roedor de Aaron Smith a la vista del cadáver del suyo? ¿No sentirá nadie el más mínimo escozor en su corazón, al comprobar que Michale Vick, estrella del fútbol americano, fue a chirona sólo 23 meses, uno menos que posiblemente la niña, por dirigir una extensa red ilegal de peleas de perros? 
Sexto: ¿Lograrán poner estos hechos en guardia y en actitud de arrepentimiento y propósito de la enmienda a cuantos niños y niñas americanos persiguen lagartos, aplastan escarabajos, apedrean gatos y perros, perdigonean ratas, se van a cazar pajarillos con sus escopetas de plomos o simplemente matan moscas con sus manitas mientras transcurren, lentas, las horas de clase? ¿Mirará a su alrededor todo el que ose echar el ojo a un animal, por si acecha la inquisidora vigilancia de algún posible chivato de la APSCA o a algún miembro o colaborador suyo, lápiz y papel, o cámara o móvil en  mano? 
Séptimo: ¿Por qué nadie está dispuesto a gritar o decir o al menos susurrar al oído de sordas viejecitas que el mundo en general y los EE.UU. en particular están más sonados que unas maracas y aquí ni Dios entiende ya nada?
          No hay más preguntas.

domingo, 20 de marzo de 2011

GUERRAS Y... GUERRAS

          Si mantienen aún la conciencia y el amor propio, muchos de los que en su día se manifestaron públicamente, de buena fe, al grito de “¡No a la guerra!”, sentirán ahora que los impulsores de aquel movimiento se están hoy   -y se estaban ya entonces-  pitorreando de ellos. 

          Porque las cosas ya las vamos entendiendo. Apelo a la gramática: “la guerra” es una expresión con dos significados: “la guerra en general” y “esta guerra en particular”. El primero es el lema de los auténticamente pacifistas, el segundo lo vociferan quienes no están a favor de un conflicto armado concreto y podrían, en cambio, apoyar o no rechazar otros.
        
          A muchos de los verdaderos antimilitaristas les han mentido como a niños, a aquellos que creían secundar a una organización que retiraría a todas las tropas de todos sitios, como quien limpia de trastos la cochera, y no se metería en más riñas bélicas; que iban poco menos que a quitar de en medio al ejército y a vender en el Rastro las armas, con sus claveles en las bocachas, y los uniformes. Deben de sentirse engañados, traicionados. Lo han sido, y con descaro. Las imágenes lo atestiguan: si ayer el símbolo de la maldad más diabólica, de la violencia más voraz, de la falta más absoluta de respeto hacia los derechos humanos… fue una foto, hoy otra foto demuestra esas actitudes, pero  mucho más intensamente, pues en aquella sólo se simbolizaba el apoyo y en esta, la participación.


          Según ha dicho quien nos gobierna, las cosas se ven de otra manera cuando se llega al poder. ¡Y tanto! Podía haber puesto en palabras aquellos días lo que su conducta exhibe en el de hoy: “No a la guerra de otros. Sí a la mía, a la nuestra”.  Porque ese, y no otro, ahora lo sabemos, era el verdadero sentido de las pancartas. Pero, ¿hubieran apoyado tal confesión, más sincera, quienes reniegan del uso de las armas en cualquier sitio y circunstancia, de la sangre inútil, del asesinato bélico, entendido como legal y legítimo? Me refiero a los que gritan, o gritarían, en plural: “¡No a las guerras!”. Ay, a veces el número gramatical guarda tanta enjundia...

          Para salvar la cara, hay quien aduce que en el momento actual la ONU ha aprobado la intervención militar, aquella vez no. ¡Por favor! No me meto en la cuestión, bastante sutil para mi s romos conocimientos de derecho internacional, pero parece demostrado que, formalmente, tenía el respaldo. De todo modos, ¿qué es la ONU? ¿Nos ponemos a contar los miembros de la asamblea elegidos democráticamente, o sea, que no obran según su capricho y/o sus intereses personales como reyezuelos o déspotas que son? Más aún, ¿puede llamarse democrática, y por tanto con autoridad moral para decidir, una organización en cuyo seno existe el derecho al veto, es decir, eso-no-se-hace-porque-a-mí-no-me-sale-de-los-cojones?

          A ver si vamos aclarándonos todos y obramos en consecuencia. A algunos, aunque esconden el casco, se les ve el plumero.

miércoles, 16 de marzo de 2011

SANDALIAS Y SETAS

          Por idéntica razón, un niño pequeño balbucea “papá”  mientras señala a un señor que no es su padre;  luego, meses más tarde, conjugará “ponió” y “cabo” en vez de “puso” y “quepo”, y dirá, durante toda su vida (si la escuela sigue sin dedicarse a lo que debe), “andé” por “anduve”.  Esa razón se denomina analogía.  El razonamiento lingüístico infantil aplica así el principio de analogía: “Si al hombre que hay en casa le llamamos ‘papá’ y ese señor tiene el mismo aspecto que él, también le llamaré ‘papá’, aunque no sea mi papá“.  O bien: “Si ‘temer’ se convierte en ‘temió’ y ‘poner’ es igual que ‘temer’, entonces tendré que decir ‘ponió’. Etc.

          Por analogía cometen muchas personas errores de expresión. Los niños están excusados, bien por su edad bien por la inoperante enseñanza escolar, que –insisto-  explica también la ignorancia lingüística de bastantes adultos. La analogía les brinda una guía certera, porque la manejan como ley universal y como apoyo seguro, por tanto, para acertar sin derrochar esfuerzos. O sea, para hablar y escribir con corrección, evitando entrar a considerar cada construcción individual. No obstante, el principio tiene excepciones, como hemos visto con “puso”, “quepo”, etc., y quienes no las conocen y no las respetan, se equivocan. Extienden indebidamente la analogía, buscando la absoluta corrección; por ello, se denomina ultracorrección a este fenómeno. Consiste en ampliar la analogía más allá (“ultra-“) de lo permitido, es decir, al terreno de las irregularidades o excepciones.  En cuanto a “anduve”, ocurre que se rige por otra analogía, que prevalece pese a su corto campo de acción: es la que toma como modelos o referencias las terminaciones de “hube” y “tuve”.

          En Andalucía hay dos palabras en las que se aprecia una forma peculiar, curiosísima, de ultracorrección por analogía, a la que llamaré por mi cuenta ultracorrección dialectal. Me refiero a “sandalias” y “setas”. ¿Nunca habéis oído, paisanos míos, “andalias”? ¿O “etas”? Tal vez la alusiva al calzado esté en retroceso, pero la otra no, seguro, al menos en la zona donde vivo (en el centro de la región, en la provincia de Málaga). Existe y posee vigor, sobre todo en los pueblos pequeños y predominantemente la usan las personas aficionadas a salir a buscar setas. O sea, “etas”. 

          Para mí tengo que estamos ante una exagerada fidelidad al andalucismo lingüístico, que lleva a aplicar, abusivamente, el principio de analogía y la consiguiente “corrección” a partir de un falso análisis. Me explico: se piensa que, si aquí se dan los plurales “lo hijo”, “la ala”, etc., ¿por qué se va a decir “las eta” o “las andalia”, conservando la “s” como en castellano del norte? Se interpreta mal la “s”, como si fuera final de palabra y signo de plural, y se suprime, como sucede dentro del dialecto en todos los demás términos acabados en "-s", tomados, erróneamente, como análogos.

          El término “andalia” es algo más complejo, pues recae en él otra falsa interpretación lingüística, que refuerza la pronunciación ultradialectal. Una vez desposeído de la “s-“ inicial, se piensa, con lógica analógica, que está relacionado etimológicamente con el verbo “andar”, a partir de su significado. A tal confusión la llaman los especialistas etimología popular. Opera también, por ejemplo, en la variante “gomáticos” por “neumáticos”, hablando de las ruedas de los coches o los camiones.

          Estas y otras comprobaciones nos ayudan a adentrarnos en la configuración y el funcionamiento de la competencia o inteligencia lingüística. Otro día me propongo comentar el fenómeno de la hipercorrección, parecido al de ultracorrección, aunque distinto, perteneciente al campo de la Sociolingüística.

domingo, 13 de marzo de 2011

OTRO BLOG

Por si alguno o alguna de vosotros tiene tiempo y ganas de girar una visita, he empezado a escribir también en otro blog, llamado “¡Que nadie se calle!”, integrado en el periódico virtual YMÁLAGA. Me propongo dedicarlo a temas de lenguaje y comunicación solamente. La dirección es esta:


Saludos.

jueves, 10 de marzo de 2011

VETE, VELOCIDAD

Hago estas sensatas, útiles y oportunas advertencias a mis familiares y amigos, y a los españoles (por no decir a toda la Humanidad) en general:

                1.  Si tenéis un perro o perra, gato o gata,  ágiles y corretones, ¡cuidado!
                2.  Si alguno de vuestros hijitos o hijitas adolescentes va siempre con la hora pegada al culo, ¡cuidado!
                3.  Si tenéis  un hijo o pariente joven y/o bien conservado, que acostumbra ir a diario de corto por la calle, con una cinta en la cabeza, un medidor de pulsaciones, zapatillas deportivas…, o sea, de futinero, ¡cuidado!
                4.  Si hoy debéis acudir a una cita a las 5 y son ya las 5, ¡cuidado!
                5.  Si alguna vez paráis un taxi que pasa a lo lejos y enfiláis hacia él “to follaos” (con que lo diga en masculino, basta), ¡cuidado!
                6.  Si una noche espantáis una lagartija o salamanquesa de la terraza y a los pobres animalillos les da por asustarse y tirarse a la calle huyendo, ¡cuidado!
                7.  Si vais reventando, o sea, que te meas por las patas abajo, o notáis urgencia de evacuar, tanto si os halláis lejos de casa como si andáis ya cerca, ¡cuidado!
                8.  Si permitís a vuestros nenes que jueguen en la plaza a pillarse, a esconderse, a la pelota u otros entretenimientos infantiles similares, y mucho más, si se os ocurre hacer de padres o madres fetén y participar de sus diversiones, ¡cuidado!
                9.  Si alguien de la casa tiene patines o bici o bien, por su corta edad, un cochecito o avioncito con mando a distancia, capaz de perseguir y ser perseguido, ¡cuidado!
                10. Si alguna madrugada vuestra santa se pone de parto, el niño berrea y se revuelca porque le duele  algún sector de su pequeño cuerpo, la suegra se queda traspuesta o a algún otro miembro de la familia se desploma sin palpitaciones o se vacia analmente con fuertes retortijones, y ello constituye lógica causa y razón de nerviosismos, trasiegos, carreras… de todo cristo por pasillos, escaleras  y portal, en busca del servicio hospitalario, ¡cuidado!

¡Cuidado!, ¡mucho cuidado! Porque, desde el 1 hasta el 10, todos son factores que pueden generar veloz movimiento y, si por casualidad lo hacen, os puede caer un multazo que os aplaste y  os deje inservibles de por vida. ¿Es que no lo sabéis? ¡No se puede correr, ni hacer que otros corran, ni permitirlo, sea en coche, en moto, en bici, en monopatín, a pata..., más rápido de lo razonable, ni hacer movimientos bruscos… ¡Qué peligroso es que estéis rodeados de personas o animales inquietos, que salgan “escupíos” por menos de un pimiento, sea por canguelo o porque se sientan perseguidos o por estirar las piernas o por hacer ejercicio o por entretenerse o por llegar antes o porque el papá les da una hostia del carajo si los agarra…! Pero eso no os justificaa. ¡Que no, que no! ¿Os creéis que  la nueva ley es solamente para los coches y el límite de 110 km/h? ¡Dios, qué error! Si el espíritu y alma de la norma es no gastar energía (sea de la que sea) y evitar accidentes, pues… nada de lo dicho en mis advertencias se debe hacer. Correr, ir a paso ligero…, ¡qué despilfarro!, ¡qué insensatez ante el riesgo de accidente! Hacedme caso o ateneos a las consecuencias: la multa o la prohibición inmediata. Si al final hay que prohibirlo todo, hasta saltar un charco, vosotros allá.

Y no hablo por hablar. El que avisa no es traidor. Fijaos en esta noticia, que vi en el periódico hace dos o tres días. No se os olvide y que sirva de acción ejemplarizante:


 La Policía Local de Alicante multa a un grupo de 'skaters' por exceso de velocidad
ELMUNDO.es | Alicante
Actualizado viernes 04/03/2011 18:04 horas
Las multas por exceso de velocidad ya no son exclusivas de los vehículos a motor. Los monopatines también están en el punto de mira. Al menos en Alicante. Aquí, la Policía Local ha multado a 15 jóvenes por rebasar el límite de velocidad cuando circulaban con sus monopatines en una plaza peatonal, según publican este viernes diversos medios de comunicación de esta provincia. […] Días después, las multas "por circular a una velocidad superior a la permitida" comenzaron a llegar a los domicilios de los 15 jóvenes identificados con cantidades muy diversas: desde los 60 a los 200 euros. Los 'skaters' no tardaron en recurrir las sanciones, aunque sin éxito. Sus alegaciones se han desestimado y tan solo tienen abierta la vía judicial. Al parecer, según reconocen ante las cámaras de Antena 3, el Ayuntamiento de Alicante considera que la velocidad límite para circular con el monopatín en un área peatonal es precisamente la de un peatón. Aún así, se preguntan cómo pueden medir la velocidad los agentes."Igual nos instalan un tacógrafo en la rueda", ironizan. Ahora, en la plaza luce un nuevo cartel: 'Prohibido patinar'.

sábado, 5 de marzo de 2011

"PASEARSE" Y "HABLARSE"

       El eufemismo constituye uno de los fenómenos que más suele atraer la atención de quienes, como aficionados, gustan de observar el lenguaje. Seguramente porque dice mucho de los hablantes que lo crean y usan, de su trasfondo moral y psicosociológico.

           Por si alguien no lo recuerda, se llama eufemismo a la palabra o expresión que se utiliza en sustitución de otra, cuya mención molesta porque nombra explícitamente objetos o actividades, situaciones o estados que la comunidad hablante juzga negativamente por alguna razón y no quiere ni oír siquiera. En general, los motivos son el miedo o la vergüenza. El término “prohibido” se denomina tabú. Recuerdo que en mis años de colegio (interno y de curas), en vez del verbo “orinar” o “mear”, había que decir “hacer menores”, de donde se colige qué era “hacer mayores”. Eufemismos sinónimos, aunque más infantiles, son “pis” o “pipí” y “popó”. En una placa o mosaico colocado en un rincón de una calle céntrica de mi pueblo, se prohibía hace años “verter aguas” bajo multa de… Sabido es que existen ciertos núcleos temáticos productores de gran cantidad de eufemismos. Entre ellos están el sexo y ciertas partes  o funciones del cuerpo, como la micción de los ejemplos anteriores. Así, “hacer el amor” es un eufemismo supercursilísimo, además de un galicismo, por “fornicar” o “follar”, que se va abriendo paso, este último, poco a poco en el registro coloquial.

          Hoy quiero recoger y comentar dos eufemismos, uno relacionado con la economía, tan de actualidad por desgracia, y otro con la pareja, el amor. Ambos son antiguos, pertenecen a otra época, ya no se emplean, lo cual aumenta, en mi opinión, su interés. Advierto que mi referencia lingüística principal es el español hablado en Andalucía.

          El primero es “pasearse”. Se decía “Paco se está paseando” para decir, en realidad, “Paco se ha quedado parado”, “… no tiene trabajo”, etc. Hoy no se utiliza apenas, pero sí hace algunas décadas, cuando el paro era mucho menos común que ahora y se asociaba a menudo a cierta incapacidad o insolvencia, o bien a la mera desidia y desinterés de la persona, más que a condiciones socioeconómicas y políticas. Era muy “fuerte” no tener ocupación. Los varones (que eran los convocados al trabajo, no las mujeres) “normales”, dignos, equilibrados, bien vistos, cumplidores, etc., no tenían ocasión de andar “paseándose”. En nuestros días,  lamentablemente, el desempleo se ha convertido en un estado habitual, muy extendido, del que participan lo mismo obreros manuales que ingenieros o médicos, etc., y no depende siempre de la preparación o de la actitud personal.

          El segundo, también en desuso, se refiere a la relación amorosa, cuya alusión causa a menudo bastante pudor y genera, por tanto, cadenas eufemísticas. Cuando una muchacha, Lola por ejemplo, y un chaval, Rafa, eran novios, sobre todo si estaban en los primeros meses de trato, se decía que Lola “le hablaba” a Rafa. Tal vez, pienso yo, resultaba demasiado atrevido, y aun impúdico,  hacer mención tan descarada de su relación sentimental. El noviazgo no era cualquier cosa, puede que incluso significara un vínculo más poderoso que el matrimonio de ahora en muchos casos. Por eso, el “hablarse” no creo que tuviera nada que ver con lo que hoy se llama “rollo” o “ligue”, tan sumamente superficiales y  efímeros. Incluso tratándose de novios recientes, mozo y moza estaban atados por un lazo social bastante cercano a lo indisoluble.

          Término próximo al de “hablarse” era “pasearse”, pero no en el sentido laboral anterior, claro está. “Se paseaban” dos jóvenes cuando él la acompañaba a ella para realizar el cortejo, una vez concluida la fase de aproximación, menos ritualizada. Suponía el consentimiento de la muchacha y frecuentemente, el de su familia también. “Se paseaban” antes de “hablarse”.

          Curiosos eufemismos, uno de los cuales, polisémico, enlaza tipos tan radicalmente diversos como el del parado y el pretendiente, aunque con algo de similitud en el fondo, por su común alusión al papel de quien aspira, postula o solicita.

martes, 1 de marzo de 2011

¡POR COPIAR!

          Existe el tópico de que en esta nuestra vieja piel de toro no dimite ni el que guía las mulillas de arrastre. Como todas, algo tiene de verdad tan extendida generalización. Aquí les cuesta trabajo coger la puerta a políticos, a obispos, a cantantes, a escritores, a modelos, a prostitutas y hasta al primo hermano de la mujer de Angustias, como dicen en mi pueblo. Todo el mundo se cree en buen uso y siguen, hasta que llega el desplome total o el dedo les indica la salida.
        
          Por eso habrá extrañado  a muchos españoles la noticia que hoy traigo a colación: la renuncia a su cargo de un ministro germano por una   -diríamos aquí-  solemne tontería. La leo en “El País” del 1 de marzo: “Dimite por copiar su tesis doctoral el ministro de Defensa alemán”.


          Joven aún, 34 años, con un excelente currículum en política, brillante gestor, aristócrata, rico, casado con una descendiente de Otto von Bismarck , extraordinariamente bien visto en su partido,  reconocido, admirado y querido por el pueblo…, ha caído por su excesiva ambición académica, que le llevó, hace cuatro años, a redactar la tesis doctoral por el método del fusilamiento. Se nota que los alemanes son muy mirados y no aceptan el más mínimo lunar en la vida privada de los personajes públicos. El diario Süddeutsche Zeitung  lanzó la sospecha y la bola ha ido engordando. La universidad lo ha repudiado (el chico bueno hubo de renunciar al título de doctor) y la oposición le ha dedicado tres o cuatro linduras: “impostor”, “mentiroso”, “ladrón”, “estafador”, antes de indicarle por donde se va a la calle.

          Al empollón lo han pillado copiando. Hasta los primeros de la clase, hasta en Alemania, cabeza ahora de Europa, trampean. Los españoles y los latinos en general nos hubiéramos permitido una media sonrisa cómplice, como hemos hecho con tantas y tantas tropelías, sobre todo las de quienes tienen cara de pillos y look de tunantes. Somos más permisivos, muy comprensivos, muy complacientes, por aquello de que nadie es perfecto, de que todo el mundo tiene un día malo (e incluso por eso de que “yo haría lo mismo”). Allí, creyendo en el refrán paradójicamente hispano “Quien hace un cesto hace ciento”, han agarrado un cabreo que defecas y la artillería no ha cesado hasta ver al exdoctor Guttenberg  -¡vaya apellido para un fementido escritor de tesis!- políticamente muerto. O hibernado.

          Por lo demás, algunos corresponsables del copieteo, como el director de la tesis o el propio tribunal, que ni olieron el plagio, se “han distanciado” del caso y se han exculpado como han podido, con cuatro frases inanes.  En eso parece que no se advierten diferencias sustanciales entre ibéricos y teutones.