martes, 30 de agosto de 2011

CANON FUTBOLERO

               El pasado fin de semana (27 y 28 de agosto), los jefes de la Liga de Fútbol Profesional dejaron en la puñetera calle a los periodistas radiofónicos, porque se negaron a estos pagar una cuota, por aquellos creada, para entrar en los estadios y laborar allí como suelen. Algunos, los más pudientes, sacaron una entrada y enviaron cuñas informativas a través del socorrido móvil.
               Yo no sé a vosotros, pero a mí me suena muy mal, muy mal, que los plumillas de la radio tengan que retratarse por pisar el lugar donde se producen los acontecimientos, con el dignísimo objetivo de informar a los de la peña de cada equipo, y de la afición en general, imposibilitados de ver a los peloteros en directo. Me suena fatal, porque me suena a las trincadas de la SGAE, ¿recordáis?, que traduce en euros para sí misma cualquier musiquilla oída en cualquier bar,  peluquería y hasta local de reparación de calzado. O sea, me suena a… descarada sisa o ratería. Las cadenas se han plantado de momento, pero no se sabe si aguantarán a pie firme muchos sábados y domingos con tan importante merma de sus programas estelares, los deportivos, que atraen tanta audiencia como recaudación publicitaria.

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               Según lo veo, no obstante, lo peor no es este hecho, que en sí representa una catástrofe, sino la ola de huracanes y tormentas “Irene”, o “Rita” o lo que sea, que puede que se desencadene. Porque lo malo se aprende muy pronto. Lo malo aquí es poner la mano por ser tema de información. ¿Veremos, entonces, ruedas de prensa con un fulano en la puerta vendiendo entradas a equis euros? ¿Pedirá su parte el sacerdote cuya misa retransmitan, y hasta el organista, sacristán y monaguillo? ¿Habrá que resarcir a todo el que resulte encuestado ante micrófono por la calle o a través del teléfono? ¿Pondrá precio a su intervención el general o coronel que nos hable por las ondas de algún acaecimiento en el teatro de operaciones? ¿Tratará de conseguir un dinerillo extra la directora del jardín de infancia que llama a la prensa para decirle que el curso próximo habrá dos o quizás tres chiquitos menos? Y así, dirán al reportero que “por su bella cara, nanay de la China”. Como se afirma por ahí, hay cosas que se sabe cómo empiezan, pero no cómo terminan. Casi siempre son las guerras o las huelgas; yo añado el canon, y no el de Pachebel, claro. O sea, esta especie de exclusiva miserable, que parece va a salir del cenagal de las revistas y teleprogramas pestilentes, del palacete de la SGAE, para ir de conquista y ampliar su infame territorio. 

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               De gratis, nada, monada. Ahora todo el mundo está falto de guita y todo el mundo, y más, pretende engrosar algo su fondo de liquidez. Como sea, según máxima que puso en circulación Zapatero; por cierto, ¡sin cobrar por el invento! Aún. Porque, a partir de la SGAE y su escuela liguera, el presidente del gobierno (este y los que vengan) puede que sea uno de los que vea rebosar más sus bolsillos con monedas y billetes de procedencia periodística, porque las frases y la imagen, los gestos y hasta las ojeras y las arrugas de la camisa de tal personaje suelen inundar como ninguno otro producto las ondas. Y, si para cada ocasión hay un listo, ¡cuántos otros no harán hasta el pino contorsionista con tal de llamar la atención y la presencia y el desembolso de los informadores, e incluso provocar subida de precio por incremento de demanda! Imagino titulares así: “El hijo de Bono reconoce que ya no carga a la derecha” (si no lo sabéis, preguntad a vuestros padres o maridos qué es “cargar” dentro del vocabulario de la sastrería) o “Cristiano Ronaldo descubre con asombro que el forro de su bota izquierda no es de seda india”, etc.                     
               Creo que la Liga de Fútbol ha jugado de pena. Su táctica recaudatoria puede llegar a golear y hacer que descienda de categoría ese proletario que se gana su pan con la alcachofa. 

sábado, 20 de agosto de 2011

CONVERSIÓN DE "JARA_MITOS"

Hace unos días, mi blog Jara_mitos sufrió una profunda metamorfosis y se ha convertido en Lengua española y comunicación. El nombre dice cuál será su contenido futuro, referente al cual ya he colgado algunos artículos. Espero que os interese cuando lo visitéis en esta dirección (que es la misma de antes): 
                            http://jaramito.blogspot.com/
Muchas gracias. Salud(os).

martes, 9 de agosto de 2011

FEOS, CORTAOS E INVISIBLES

               En mi primer curso como profesor, se me acercó un día un chaval de 1º de BUP (ahora, 3º de la ESO, o sea, 14 años) al terminar la clase. Cuando estuvimos solos en el aula, arrancó a llorar amargamente. El problema era que las niñas no le hacían caso porque era obeso. Sinceramente, no sé si lo que le dije le resultó útil, porque la situación en sí era ardua y, sobre todo, por mi notable bisoñez. Después me he encontrado más casos similares. También, actitudes absolutamente contrarias.
               La socialización de género, es decir, el acercamiento y relación entre hombres y mujeres, movidos por la atracción sexual, comienza realmente en la pubertad o en la adolescencia, según sea el ritmo de desarrollo de cada persona. Es el momento en que se ensayan, por tanto, las primeras tácticas de cortejo y conquista.
               Los que entienden de esto distinguen tres tipologías masculinas, según las bases desde las que se despliegue tal comportamiento. Cada una tiene su versión positiva y la correspondiente negativa. Son estas, dichas con los calificativos con que son adjetivados los niños o los jóvenes que las muestran: a) la del “guapo” / “feo”; b) la del “simpático” / “soso” o “desabrido”; y c) la del “interesante”  / “insignificante” o "invisible".
               Ya se entiende que se trata de categorizaciones efectuadas en términos relativos. Quiero decir que se definen y se asignan a partir de la óptica femenina: aunque existen feos (más que guapos) universalmente reconocidos o chavales cuya charla resulta agradable o no para todo el mundo, etc., aquí se habla de lo que son o dejan de ser para las niñas o las adolescentes del entorno. En la situación a la que me refiero, son ellas quienes deciden y, en consecuencia, quienes hacen que los amigos o compañeros interioricen esa opinión y se formen su autoimagen, marcada con el signo más o menos positivo o negativo, según  los casos. En general, todos nos fiamos bastante de la respuesta o reacción que provoca en nuestros semejantes el propio comportamiento. Insisto, por otra parte, en el “más o menos”, porque no se dan, por lo común, ejemplares puros; la mayoría ocupan un determinado lugar en la escala, “más o menos” cercano o lejano a los extremos.


               La consecución de los objetivos que un muchacho se plantea al acercarse a una chica equivale al éxito. Su logro depende de varios factores, entre los que destaca el gusto de la señorita o señoritas en cuestión. Sin embargo, también influye la identidad del aspirante. Está claro que las variantes positivas de la taxonomía anterior suelen encontrar el camino más expedito y viceversa. Pero, ¿se podría destacar alguna de esas modalidades como especialmente abocada al triunfo más o menos fácil y seguro? Al parecer, tratándose de la edad de la que hablamos, los guapos casi siempre se llevan la palma. Tan solo habría que consultar la lista de llamadas, perdidas o no, de sus móviles. No entro en el canon de belleza varonil, que pertenece a la inteligencia estética femenina. De los dos tipos restantes, puede que el simpático abunde más que el interesante, aunque seguramente se equiparan en cuanto a sus posibilidades.
               ¿Y qué hacemos con los feos, antipáticos y nada interesantes? Es muy difícil que se conjuguen las tres “virtudes” en el “adorno” de una persona. Es más, dado el instinto de supervivencia del ser vivo en general y del humano en particular, así como la fuerza de la atracción sexual, cada uno trata de buscar una salida a su supuesta limitación: el que no es muy agraciado, intenta explotar todos sus recursos comunicativos para enrollarse bien y entretener  a la niña que le gusta; el que es un poco “cortao” se acicala todo lo que puede y procura “vestirse de seda”, como la mona, o bien presentarse con un halo de misterio para parecer más interesante, etc.
               Lo peor es que tal mecanismo de compensación no entre en funcionamiento. Entonces tenemos la situación del chaval que conté al principio. Él se consideraba feo para las niñas y no pudo buscar en el baúl de sus cualidades otro algún resorte sustitutivo. Su autoimagen era negativa y eso lo desposeyó de la suficiente autoestima. En efecto, como ese caso, hay muchachos que, a partir de la comprobación del más mínimo rechazo, que generalmente ellos atribuyen a no ser atractivos, ni siquiera poseen fuerza suficiente para echar mano de otros recursos o estrategias para llamar la atención de las amigas y ganarse el favor de aquella a la que pretenden. Por supuesto, no se atreven, ni por asomo, a competir con posibles rivales. Se les llama acomplejados.
               Estos niños lo pasan muy mal. Muy mal, muy mal, aunque no se atrevan a decírselo a nadie ni a compartir su dolor. Con el paso de los años, la mayoría logra sacar la cabeza del hoyo. Unos pocos se hunden en él para siempre. Por ellos merecería la pena ocuparse, más de lo que se hace, de esta clase de dificultades en el contexto educativo, familiar y escolar, de los adolescentes. 


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