sábado, 19 de noviembre de 2011

RECORTES MALOS Y RECORTES BUENOS



               Desde hace meses, en campaña, precampaña, anteprecampaña, etc., uno de los temas más traídos y llevados ha sido el de los recortes. Entiendo que un recorte es la disminución, o incluso la supresión, de la retribución o de servicios que los ciudadanos venían percibiendo y disfrutando antes del tijeretazo; también está el recorte por encarecimiento, consistente en subir el precio de los bienes públicos, aumentar los impuestos, etc. Teniendo esto en cuenta, tal vez alguien se haya preguntado, al leer el título, si existen recortes buenos, si la expresión “recortes malos” no es una inútil redundancia… En cierto modo sí, porque lo mejor es que no se recorte nada, sino todo lo contrario. Pero, como dice el refrán, a veces “lo mejor es enemigo de lo bueno”. O sea, que la resta de ciertas atenciones y de una cantidad moderada de dinero o el incremento de los abonos pueden evitar males mayores en ciertos momentos. Se supone que con esta convicción se efectúan las podas.
                    Voy a ser más concreto.  Para mí, un recorte malo es aquel que se orienta a recaudar más por parte del Estado, sin que este haya estudiado y determinado claramente la cuantía de lo que ingresará (por pago o por ahorro) y no tenga previsto un destino definido o dicho destino no cubra una necesidad imperiosa; o no se informe a los afectados de nada de esto. Así, por ejemplo, yo estoy congelado (y no por la ausencia de calor precisamente, sino por no haberse actualizado de mi pensión) desde hace meses y todavía no sé a dónde ha ido a parar el montante de euros que no ha llegado a mis manos. Por este motivo, la hibernación de mi paga es un recorte malo. Otras causas de maldad son: la aplicación indistinta, sin tener en cuenta las circunstancias de los diferentes sectores sociales; o, al revés, la adopción de una discriminación tal, que siempre paguen el pato los mismos o que una y otra vez queden afectados los mismos pagos y prestaciones, etc.
               ¿Y el recorte bueno? Muy sencillo, el que no presenta tales defectos. Es decir, el que resulta justificado, razonable y justo. La situación económica, bien diagnosticada, es la que impone la necesidad y dicta la conversión de lo recaudado en partidas concretas; la situación de los paganos da la clave de lo que es aconsejable y cómo se hará para no perjudicar más a unos que a otros. Una última condición: la transparencia, que da acceso al conocimiento de todos estos extremos para que se entienda la productividad de la pérdida.
               El gobierno saliente ha decidido en la última parte de la legislatura varios recortes, que, salvo excepciones, no han sido demasiado contestados por los sufridores, creo yo que más por un exceso de conformismo de estos que por la pulcritud en la gestión de aquel. De distinto modo han reaccionado sectores de la sociedad catalana frente a su reciente gobierno de CyU, empeñado en ahorrar o al menos en quitar deudas anteriores. Pidamos que el que rija desde mañana la nación acierte con recortes buenos, si es que –como se espera-  tiene que hacerlos.

martes, 15 de noviembre de 2011

CAMPAÑA ENREDADA


               Por la revista Computer hoy (nº342, del 11.11.11), de la que soy fiel y entusiasta suscriptor, me entero de una serie de asuntos referentes a la campaña electoral en curso y su presencia en internet, realmente curiosos. Por ejemplo, que el PSOE “ha presentado su programa de puntos. Cuanto más ayudes a Rubalcaba a difundir sus propuestas en las redes sociales, más puntos obtienes, que luego puedes canjear por regalos, como tazas térmicas, polos, libretas tipo moleskine, etc.”, naturalmente con el apellido-eslogan del candidato (no, las siglas del PSOE) grabado sobre franja roja. “El PP, también interesado en aumentar su presencia en las redes sociales, propone al público que les ceda sus perfiles, que les haga campaña desde ellos y, ya puestos, ha creado la app Rajoy y planteado un concurso en el que los que creen la campaña más votada […] podrán pasar la ‘victoriosa’ noche de las elecciones con ellos en la sede de la calle Génova” (pp. 70-1).

http://www.humanas.cl/blog/?tag=mujer&paged=2

               Pero no todo son malas noticias. Da cuenta la revista (p. 70) de la existencia en la red de una prueba de ayuda para indecisos: según sean las respuestas que el internauta dubitativo dé a una serie de preguntas que plantea la web, “le mostrará qué partido o tendencia está más acorde con su forma de pensar”. Lo llama la “prueba de la rana” y se puede encontrar en http://test20n.comuf.com/test.html.
                Todos los partidos se han mostrado desde el principio interesados en tener presencia en las redes sociales, donde han creado su perfil correspondiente, así como canales en YouTube o Flickr, etc. Pero, junto a ellos, hay perfiles alternativos, donde se da cabida al humor y la sátira. Así, tenemos “SIN RUBALCABA”, que se define icónicamente con una “R” bocabajo. Alguno ha obtenido más de 86.000 seguidores. Otros muestran divertidas caricaturas, montajes fotográficos o gestos llamativos e incluso insólitos.


http://www.elreferente.es/actualidad/el-pp-abrira-la-campana-electoral-en-cataluna-15952
         
               Se han creado periódicos
on line para informar específicamente de la campaña y secciones monográficas en medios ya existentes, con numerosos vídeos y enlaces. La agencia Europapress ofrece en su web acceso a las últimas noticias sobre las elecciones. La intención de todos es informar al minuto de todo lo que va sucediendo en la campaña.
               Por último, lo que más me ha interesado a mí, por mi inclinación pedagógica, es un par de sitios de carácter “didáctico”: uno (www.marketingcomunidad.com) analiza las estrategias y técnicas propagandísticas del mercado en general y de la política en particular; el otro (www.costabonino.com) muestra los secretos publicitarios y de marketing que se esconden detrás de las campaña políticas. Y cuenta con un especial, dedicado a las próximas elecciones en España.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LA EVALUACIÓN DEL DEBATE


               En la noche del pasado día 7 tuvo lugar, por fin, el único debate de la campaña electoral entre los candidatos de los dos grandes partidos políticos españoles.  Existe la costumbre, aquí y en todos los países democráticos, de efectuar una valoración urgente al concluir, entre periodistas, comentaristas, tertulianos…, así como mediante una encuesta rápida, por teléfono, realizada a una muestra de población a cargo de empresas demoscópicas. El objetivo es, sobre todo, obtener una calificación en términos de “vencedor” y “vencido”.  En este caso, parece que el triunfo se ha otorgado a Rajoy por una diferencia clara, aunque no demasiado abultada.
               En mi opinión, esa es una manera de evaluar a los aspirantes excesivamente simple,  demasiado imprecisa, como casi todo lo periodístico. ¿Qué significa vencer? Supongo que consiste en ser más o ser menos que el otro en algo, terminar por encima o por debajo…, pero ¿en qué? Seguro que cada uno de nosotros  tendría una respuesta distinta si le preguntaran. Por supuesto, dicha respuesta se relacionaría con lo que esperara del debate y de los participantes antes de celebrarse. 

http://clubefraingonzalezluna.files.wordpress.com/2010/07/debate.gif
                En teoría, actuaciones como las de anoche deberían servir para que el votante se hiciera una idea más clara, más ajustada, de lo que venden los aspirantes, para así cualificar su voto, y eso es lo que buena parte del público espera. Pero no siempre, casi nunca, coincide con  la intención de los protagonistas; su objetivo es otro, pues la mayoría no aspira a que los entiendan, sino a que los voten. Más aún, puede no coincidir la finalidad respectiva de los que se enfrentan, porque depende mucho de la posición de partida en cuanto a intención de voto del electorado, según se refleja en las encuestas, así como de la pertenencia o no al partido a la sazón gobernante, etc.
               En tal sentido, las circunstancias eran muy desfavorables para Rubalcaba, que cargaba con el lastre de una gestión de su gobierno discutida (incluso condenada) por todos. Rajoy, en cambio, no solo se encontraba libre de esa servidumbre, sino que contaba con el recuerdo colectivo de una buena labor en la etapa de Aznar, sobre todo en materia económica, que ahora se ha convertido en el problema capital. Y, además, con las encuestas de cara, como consecuencia de lo mal que lo ha hecho Zapatero, así como, seguramente, de la forma en que el PP ha llevado la precampaña y la campaña.
              En tal situación, Rubalcaba, que no parece aspirar a ganar las elecciones, en la noche del debate (seguido por más de once millones de espectadores), se decantó desde el principio por una estrategia clara: a) no darse por aludido cuando Rajoy recordara los pecados de su gobierno, aún en funciones; b) intentar sacar de su oponente alguna concreción programática (de ahí las continuas preguntas), mejor si iba referida a “recortes” sociales, para elevarla retóricamente a la categoría de principio identitario y descalificar así todo el programa del PP como “antisocial”, tintarlo todo de negro, digamos, a partir de una “mancha” pequeñita, confiando en que al día siguiente los titulares de los periódicos (sobre todo, los amigos) se encargarían de colaborar en esta labor; c) destapar las “verdaderas” intenciones del PP, al margen del programa escrito, o no tan al margen, pues buscó el candidato socialista dos o tres frases un tanto ambiguas que pudieran dar pie a interpretaciones como las suyas (aunque también las contrarias); d) callar en la medida de lo posible su proyecto, sus “soluciones”, temiendo una crítica obvia: ¿por qué no has actuado así en estos años? O no son tan buenas dichas soluciones o eres un cínico por no habértelas guardado para usarlas ahora en tu favor.
               Por su parte, el aspirante conservador, respaldado por las encuestas (y también por la sensación de hastío generalizada y el deseo de cambio, de que “se toque ya el final del partido”) y crecido en su actitud por eso mismo, además de buen conocedor de las añagazas del más que veterano socialista, ahora candidato, pero nunca cándido, jugó su partido: a) aunque sin cebarse, desautorizó en varias ocasiones a quien tenía enfrente, aludiendo (con datos)a las tropelías del gobierno del cual era vicepresidente y portavoz, que nos han llevado al borde del precipicio, con frases duras en su contenido, aunque no tanto de forma (Rajoy no suele ser enfático, no intensifica demasiado…, para bien o para mal); b) advirtió hacia donde apuntaban las balas del enemigo y se cerró en banda, no concedió casi ninguna concreción, no desveló casi ningún detalle, pese a que el otro le arrastraba a hacerlo con tantas preguntas, tendentes también a exasperarlo y sacarlo de sus casillas por lo insistentes; c) exponiendo tan solo el esquema o esqueleto de su proyecto (o sea, lo más fácil de explicar y de entender, e incluso de aceptar sin problema), se propuso dar la sensación de tener un proyecto y proyectar así seguridad, confianza en sí mismo, frente a las improvisaciones, bandazos y contradicciones del los socialistas; d) explicó con meridiana claridad y contundencia, sin señalar matices ni riesgos, sin aludir a posibles fallos en la previsión, etc.,  los fundamentos de su plan, basado en el incremento del empleo como eje y columna fundamental, más que en la intervención del gobierno como motor de la activación y recuperación económica, que es el modelo socialista, “evidentemente fracasado”.
               En síntesis, la meta de Rubalcaba era abrir una brecha y colocar una bomba en la fortaleza del contrario; y la de este, no permitir que eso ocurriera e incluso, si fuera posible, incrementar la protección de dicha fortaleza. Definidas así las intenciones, y tomándolas como criterio, como aspectos de mi particular baremo, estoy ya en posición de evaluar y calificar. Me parece que, como la mayoría de los interrogados han dicho, seguramente de modo intuitivo, Rajoy consiguió lo que quería en un porcentaje superior al de su contrincante.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LA MOTIVACIÓN


Traigo aquí unos párrafos acerca de la motivación, extraídos de la web “Universidad de Padres”, escaparate del programa que lleva el mismo nombre y que dirige el profesor José Antonio Marina. Me han parecido muy interesantes. 

              

               Llamamos “motivación” a la energía que mueve y dirige nuestro comportamiento. De ella depende nuestro ánimo y nuestro interés.
               Salvo niños especialmente apáticos o pasivos […], los niños están siempre motivados, pero ¡ay! no para lo que nosotros queremos que lo estén. Ellos quieren jugar, desordenar, moverse, ser independientes, pero nosotros queremos que estudien, ordenen,  estén quietos y sean obedientes. En suma, queremos que se interesen por cosas que nos interesan a nosotros, no a ellos. Cosas que  son buenas para ellos -como para nosotros es bueno hacer ejercicio o adelgazar- pero que  resultan costosas y poco atrayentes -como hacer ejercicio o adelgazar-.     Esa transferencia de interés, que exige tenacidad,ingenio astucia,  forma parte esencial de la tarea educativa. Es una mezcla de seducción y de coacción.
          Distinguimos la “motivación de inicio”, es decir, la decisión de comenzar algo, y la “motivación para continuar la tarea”, o sea, la capacidad para soportar el esfuerzo y el fracaso a veces. El ánimo para hacer proyectos, el entusiasmo por las cosas, la perseverancia para superar las dificultades, son   hábitos que debemos fomentar en nuestros niños y adolescentes. Además –y esto es lo más innovador-  hemos introducido dentro de nuestro modelo un tipo de motivación que no es estudiado por los psicólogos. Estos sólo hablan de las motivaciones que están dirigidas por la búsqueda de satisfacción o por la esperanza de un premio (sea material o afectivo). Lo importante es “tener ganas de hacer algo”.
         Olvidan que hay muchas cosas que hacemos sin tener ganas de hacerlas, y que eso también deben aprenderlo nuestros hijos. ¿Qué fuerza nos impulsDia en esos casos? Solemos llamarla “sentido del deber”. Durante siglos fue el centro de la educación, pero ahora lo hemos olvidado y por eso estamos tan descentrados. Conviene recuperarlo. Es estupendo hacer las cosas por entusiasmo, por gusto, pero cuando no sucede así, habrá que hacerlas porque es nuestra obligación.