viernes, 6 de diciembre de 2013

VILLANCICO JARAMERO


     Para empezar a felicitaros por Navidad, he hecho este villancico instrumental. Es el primero de la colección "Villancicos Jarameros". Precisa, claro está, auriculares o altavoces. La dirección de youtube es esta. 




     Espero que os guste.





martes, 29 de octubre de 2013

VICTIMISMO

               Conozco a un hombre que lleva mal el calor de verano y suele quejarse a menudo. No solo de la alta temperatura, sino también, y tal vez con más disgusto, de que no puede echar la culpa a nadie de ella. En este caso y en bastantes más, vengo observando la costumbre humana  de buscar e identificar a los responsables de aquellos hechos que no nos gustan, interesan o benefician;  y no tanto para obligarlos a que cesen en su perniciosa actividad, hacerles pagar su delito y pedirles compensación, sino simplemente para conocerlos y señalarlos públicamente: parece que muchas personas se conforman con eso y sienten un gran alivio.
               Tal vez en ello intervenga un cierto victimismo, es decir, la consideración de uno mismo como inocente e indefensa víctima de poderosas fuerzas invencibles, que al menos se pretende conocer. Resguardarse de sus ataques, esconderse, huir, quejarse, lamentarse amargamente… forman parte de la actitud victimista. Y la inacción, bien por miedo bien por comodidad o pasotismo, ya que “nada se puede hacer”.
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               En nuestro país, observo desde hace algún tiempo, dos o tres años, la floración de manifestaciones victimistas en el ámbito político, consistentes en suponer la existencia de unos poderes superiores a las instituciones democráticas, ocultos, que son los que, teniendo en sus manos el poder económico, dirigen de verdad el mundo y provocan  las crisis y todos los problemas, dificultades y reveses por los que atraviesa la sociedad. La gente los sitúa en el grupo de los magnates de las finanzas y el comercio. Así, a quienes parece que mandan, presidentes, ministros o consejeros, directores, etc., no los toman muchos ciudadanos  sino por marionetas sin capacidad de decisión en asuntos verdaderamente importantes. Tal condición permite a aquellas diabólicas potencias manejar los hilos y actuar impunemente, tras el parapeto de la clase política, subordinada suya  (toda: los que gobiernan y los que aspiran a hacerlo), sin peligro de destitución o sustitución por vía de elecciones democráticas…
               No sé a ciencia cierta si esas entidades superiores existen así o no, ni, en caso afirmativo, cuál es su fuerza en la conducción y el destino de la humanidad, su modo de operar, etc. , y me parece que a la mayoría le ocurre igual. Se me ocurre pensar, sin embargo, que la creencia en ellos es una eficaz coartada para la renuncia de la sociedad a hacerse cargo de su situación, para no parar de gemir por las desgracias que vienen, para soltar el timón de la vida colectiva… Es decir, para hacerse las víctimas de un verdugo calificado de invulnerable. Es el victimismo (seguramente inducido).
               A veces da la impresión de que nos buscamos un enemigo demasiado lejano y tan bien pertrechado simplemente para abandonar nuestra lucha, vista como inútil. La propaganda política alimenta sin duda esa nefasta pasividad, bajo lemas como “Aplicamos medidas duras, pero no hay otras”, “Nosotros arreglaremos las cosas, no os preocupéis”. Arremeter contra los políticos, por ejemplo, que constituyen un adversario más asequible (pues pueden ser removidos cada cuatro años), tan culpables a su modo como los de arriba, llevaría a una postura más activa, a mojarse y a asumir responsabilidades como votantes y como ciudadanos.
               Pero no es el caso.


lunes, 21 de octubre de 2013

NUEVOS AFICIONADOS

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               Veo en las retransmisiones televisivas que está cundiendo la costumbre de que niños y jovencitas acudan a los campos de fútbol con una cartulina en la que piden la camiseta a sus ídolos. Las primeras filas de las gradas están a menudo sembradas de solicitantes, a algunos de los cuales suelen satisfacer no pocas estrellas. En el último partido de la Selección Nacional, creo que Casillas, y alguno más quizás, se quedó descalzo y en calzoncillos, después de repartir  el resto de su uniforme. 
               No sé si siempre mueve a los pedigüeños el fervor por los equipos o las figuras. Creo que no. Más aún, de esos estoy por afirmar que hay más bien pocos. Lo que desean muchos es presumir de la prenda-trofeo, obtenida en pugna con la muchedumbre circundante, y provocar la envidia de sus amigotes, sentirse los más chulos del barrio. Cosa distinta es la vestimenta firmada y dedicada: esa ya tiene un valor, es un objeto que admite ser vendido o subastado, se puede traducir a dinero, como hacen desde hace mucho tiempo con los trajes (y mil abalorios) de actores y cantantes.
               Quizá no hayamos llegado al punto en el que me temo se puede terminar:  que la chavalería y las fans vayan a los encuentros a conseguir y acaparar “recuerdos” sin cuento. Lo que significaría la desnaturalización del acontecimiento deportivo. Porque no importa ya tanto ver un buen partido o disfrutar de las virguerías de un delantero o centrocampista ni que gane el equipo venerado.  Lo verdaderamente valioso y atractivo  -apasionante-  es atrapar lo que lance el jugador puntero o cualquier otro.
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               Cogerlo a costa de lo que sea, empujones, discusiones, manotazos... Hace poco vi a un policía verse obligado a dirimir un litigio por el que ocho muchachitos aspiraban a una camiseta que había caído, al parecer, en varias de las dieciséis manos.  Esa es otra historia: las disputas que deben  de tener   -no se suelen televisar-  lugar en las gradas  por adueñarse de una prenda tirada desde el césped sin destinatario fijo. Hay ya demasiado peligro de violencia y tensión por causa de un desacuerdo con el árbitro o cualquier otro factor puramente futbolístico, como para que se añadan más motivos de riña y enfrentamiento.
               Yo he visto pugnar, a base de codazos y empellones, por alcanzar una de las viseras de cartón que lanzaban como publicidad desde un autobús en la playa. Tal vez esté inscrito en la naturaleza humana el afán de conseguir, mientras más mejor, o sea, mientras más que los otros mejor, cualquier tontería regalada.
               El ejemplo más destacado, conocido y triste del fenómeno que describo es la cabalgata de los Reyes Magos. Niños y padres, sobrinos y tíos, abuelos… se agolpan alrededor de las carrozas con bolsas de plástico y hasta con paraguas invertidos para acumular caramelos o chucherías; solo por eso, por hacer acopio, pues tal vez ni se consuman. Ese desfile sí que está totalmente desnaturalizado, ha trocado su identidad. Tanto, que acuden ya inmigrantes musulmanes y de otras creencias, cuyos principios religiosos no les impiden asistir a lo que era una conmemoración católica, pero que es, para muchísima gente, el reparto gratuito, a modo de lluvia o maná celestial, de toda clase de golosinas.
               Volviendo al fútbol, me pregunto si se está incubando hoy una nueva suerte de aficionado dentro del sector que constituye la cantera de los espectadores de mañana.


viernes, 20 de septiembre de 2013

GAULA


http://www.musikaze.com/gaula
               Existe un grupo musical llamado Gaula, que yo no conocía hasta anteayer. Le hacían una entrevista al vocalista en una emisora de radio, que encontré mientras movía el dial en busca de algo interesante. Me enteré, así, de que está compuesto por cuatro jóvenes malagueños y que se formó en 2007. ¡Mucho tiempo!, pensé, debe poseer un buen nivel. No tienen discos largos publicados, solo dos EP (intermedio entre los clásicos sencillo y LP). Su estilo conjuga el pop originario (años 50 y 60) y un rock más bien melódico. Podéis escuchar una muestra de canciones aquí.

                Esta información la traigo porque hubo un pasaje de la entrevista que me llamó muchísimo la atención. Fue cuando le preguntaron al vocalista el porqué del nombre Gaula. Explicó que se trata de un personaje que aparece en el Quijote, Amadís de Gaula. Vaya, me dije, estos muchachos denotan un cierto apego y fondo cultural: ¡conocen y estiman a un personaje literario “antiguo”, tanto como para adoptar su nombre como etiqueta comercial! Detalló el muchacho que el motivo que les empujó a elegirlo no fue otro que la admiración que Don Quijote sentía hacia ese caballero andante medieval, al que convirtió en uno de sus modelos, digno de imitación. El hidalgo apuntó hacia una meta muy alta, muy ambiciosa, cual era revivir en su persona el espíritu de Amadís, su generosa entrega a la protección de los débiles, su valentía y sus hazañas.  

http://www.diarioinca.com/2012/11/
resumen-de-amadis-de-gaula.html
               Así que, de pronto, me había topado con unos adolescentes casi (pues tendrían menos de 20 años cuando se unieron y se bautizaron como grupo), que no solo no habían olvidado (repudiado o abominado de, serían términos más exactos) la formación literaria recibida en el instituto, sino que mostraban además una idea bastante elaborada de obras y personajes, de los mencionados al menos, a los que trajeron a sí y unieron a su vocación y su quehacer artístico. 

               Para un profesor que ha estado cerca de 40 años intentando aproximar las grandes obras de nuestra historia a niños y adolescentes, sin conseguirlo casi nunca, el oír estas manifestaciones supuso una gran satisfacción. ¡Ojalá se lo hayan contado a quienes les dieron clase de la materia! Si ha sido así, le habrán dado, como a mí, una gran alegría.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

AMOR Y TESTÍCULOS

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               Hay muchas clases de noticias: buenas, malas, tristes, trágicas, interesantes, curiosas, esperadas, sorprendentes… Para la que traigo aquí, no hallo otro calificativo que el de cruel, despiadada…, sobre todo con los hombres. Dice así: “Un estudio relaciona el tamaño de los testículos con ser buen padre. Los niveles de testosterona y el tamaño de las gónadas tienen relación inversamente proporcional con la atención que se presta a los hijos”. ¡Manda huevos! ( y nunca mejor dicho).

               De ser  esto es cierto, los varones que tenemos hijos estamos acorralados, condenados, sin salida. Tires por donde tires, siempre te cogerá el toro. Si no hacemos el más mínimo caso a nuestros retoños con objeto de que no merme lo que ya sabemos, malo, porque… ¡angelitos!, carecerán del cuidado, la atención, la protección, el cariño, el apoyo de un padre. Y, si nos entregamos a ellos, si los mimamos y rodeamos de caricias y afecto, peor, pues corremos el peligro de que en la entrepierna no nos cuelgue cosa mayor que un par de perillas de agua, por no decir de uvas moscateles. ¡Ay, Dios!

               Desde ahora y para siempre, a los machos nos torturará la gran duda: quizás estoy queriendo demasiado a estos enanos, pues me noto holgueros los gayumbos. Pero, claro, ¿se van a quedar mi rubio o mi princesa sin una tontería chistosa o una cosquilla de su papi? Aggg, noo sé, no séee. Cada vez que les doy un beso, aunque sea a una cuarta de sus caritas, me parece que se me encogen las alcachofas, que disminuyo por abajo. ¡Es que me echan sus bracitos cuando entro en casa! 

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               La cosa es muy fea, pues, además, no sé con exactitud el tamaño de lo grande y lo pequeño en estos asuntos, ni con arreglo a qué se miden las criadillas de un padre; ni si hay algún estándar o no y, en caso afirmativo, cuál es su magnitud; ni si ese patrón es universal o va por razas, climas, alimentación, tallaje o cultura; ni si hay un tope para la mengua, a partir del cual no importa ya el nivel del termómetro amoroso o, viceversa, si el paquete no aumenta a partir de un grado equis, aunque seas un vil maltratador, émulo de aquel desalmado Calígula. Item más: ¿se podrá mantener una dimensión razonable, a medio o largo plazo, controlando el sentimiento y el desapego por meses, semanas o días? O sea, una temporada de collejas y otra de abrazos, por ejemplo.

               Seguro que alguien se tomará la paulatina regresión de sus potencias como signo y amenaza de cercana impotencia o incluso como señal de dudosa masculinidad, dada la ternura y el sentimiento hacia los bebés que conlleva. Por otra parte, ¿será un proceso irreversible? Pregunta relevante, sobre todo si se refiere al que va de más a menos. Muchos se arrepentirán, incluso, de haber pagado a tan alto precio el vigor y eficacia de sus espermatozoides, al ver ver la despreocupación de sus congéneres sin niños e imaginar su lozanía.

               ¡Ya nunca seremos felices ni nos sostendrá la seguridad de estar dignamente representados por nuestros atributos! ¡Tampoco se esfumará el temor a un aciago raquitismo por ahí abajo, causado por una supuesta demasía cardíaca, una racha de incontenible blandura! La noticia es cruel, muy cruel, realmente destructiva. 








martes, 2 de julio de 2013

CUENTOS CON NIÑO


                   Hola. 

               Tengo el gusto de comunicaros que acaba de publicarse mi libro de relatos CUENTOS CON NIÑO. En esta dirección podéis bajarlo gratis con formato digital o bien adquirirlo de papel. 



               Espero que os guste.







martes, 25 de junio de 2013

LAS NOTAS

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               Es difícil que uno valore una supuesta cualidad propia si la gente de alrededor no lo hace. El mérito resulta del precio que la sociedad asigna al logro de determinados objetivos o al desarrollo de ciertos comportamientos. El actor no reconocido, el periodista que no sale de la anonimia, el profesor cuyos alumnos no le muestran sino desinterés, el ama de casa a la que solo se le recuerdan su labor y sus faenas para ponerles tacha, etc., ¿no es humano que terminen por aburrirse y abandonar o limitarse al mínimo imprescindible? Hay que ser muy vocacional y tener una fe ciega en sí mismo para que así no ocurra.
               Cuando se es estudiante, el valor del esfuerzo se plasma en los resultados, que son, por una parte, los conocimientos aprendidos y, por otra, las calificaciones, es decir, la constancia oficial y pública de aquellos. Las notas permiten pasar de curso u obtener una titulación, y demuestran, si son justas, el nivel alcanzado por el estudiante. En teoría, los notables, sobresalientes y matrículas deberían concitar, por ello, el aplauso familiar y social, y lo contrario los suspensos. O sea, se tendría que conceder, con señales bien visibles, el mérito que se merecen los niños, adolescentes o jóvenes que se mueven por esas alturas; y, al revés, mirar si las notas bajas de los demás han sido consecuencia del poco o nulo esfuerzo, para encauzar tal actitud, una vez catalogada como inaceptable e incluso perjudicial para el propio (des)interesado.
               Poco a poco, la estimativa general ha ido cambiando en este aspecto y no es difícil encontrar ambientes estudiantiles y contextos familiares en los que todos se conforman con el mínimo e incluso festejan y regalan como a un héroe a quien aprueba, solo aprueba, aunque sea raspando. El criterio es el “quitarse asignaturas”, promocionar, conseguir el título y no, llegar a un alto grado de preparación, reflejado en las notas altas. Más aún, cualquiera puede oír en estas fechas de final de curso expresiones como “Este año no ha estado mal el niño, solo ha tenido tres suspensos”, frases que suelen preceder a la correspondiente entrega de un buen obsequio que selle el triunfo de un estudiante tan poco estudiante.
               Tal visión suele sintetizarse en la jerga educativa como “bajada del nivel”. Entiendo que se trata de una bajada del nivel de exigencia por parte del propio estudiante y de la familia y la sociedad, y también, paralelamente, un aligeramiento de los objetivos de aprendizaje fijados en el currículum. De modo que ese mínimo que satisface a tantos es hoy un mínimo más mínimo que hace unos años, cuando muchos se matriculaban con la pretensión de llegar a lo más que pudieran, de ser el mejor, de tener un buen expediente, etc., aun con planes de estudio exigentes. Ambos listones, tirando uno del otro, seguirán cayendo por causa de esa ley según la cual el descenso es siempre cuesta abajo.
               Me parece que, en estos tiempos, pocos chavales están interesados en sacar muy buenas notas, ni siquiera buenas notas. Por muchas razones, que seguramente desbordan el ámbito académico (enfriamiento del afán de superación, falta de metas ambiciosas, tendencia a la extrema comodidad…), esto es así, por desgracia para todos.
               Los últimos días se está hablando, discutiendo, denigrando o apoyando la decisión expresada por el ministro de Educación de establecer como calificación mínima para obtener beca una media superior al 5. En caso de traducirse en norma, me pregunto si podría servir como un factor de motivación y estímulo a tantos que se sientan delante del libro con tanta desgana.

sábado, 25 de mayo de 2013

PROS Y CONTRAS DE LA REVÁLIDA (I)

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               Después de bastantes años, se vuelve a hablar ahora de la reválida, a propósito del nuevo proyecto de ley de Educación, LOMCE (en cuyo texto no se utiliza, por cierto, el término, si mi observación es acertada). Se establecen dos pruebas de este tipo en la etapa de Primaria, otra al finalizar cuarto de la ESO y una más a la conclusión del Bachillerato. La dos últimas tienen un carácter muy distinto a las primeras, puesto que condicionan la obtención del título de Secundaria y de Bachillerato respectivamente. Me parece un buen momento, pues, para efectuar una reflexión sobre esta clase de acto educativo, que en la propuesta legislativa se repone. Vaya por delante que yo fui en mis tiempos alumno revalidando, pues atravesé una prueba de Ingreso (al Bachillerato) y dos reválidas, la de Cuarto y la de Sexto, previas a la Prueba de Selectividad.

               Uno de los beneficios  que se suele esperar de la realización de reválidas es la homogeneización de los aprendizajes y la homologación del valor de los títulos en un determinado ámbito administrativo, que en este caso es el nacional. En nuestro país no se viene alcanzando un nivel del 100% de igualación, puesto que las CC.AA. disfrutan de un margen de intervención en el currículum; en el proyecto de ley que me ocupa, está en torno al 30%. No obstante, llegar a un 70% de coincidencia en una nación como España, dominada hasta ahora por la dispersión y el cuarteamiento autonómicos, ya es bastante. Confieso que mi opinión es favorable al grado máximo posible de uniformidad.
               Sé que este punto causa encendida discusión, puesto que no todo el mundo ve como deseable la confluencia y muchos militan en pos de una extrema y general pluralidad. Estoy convencido de que el hecho de que todos los niños españoles de Primaria, Secundaria y Bachillerato estudien en gran medida lo mismo y aprueben o suspendan por saber o no saber más o menos lo mismo supone bastantes ventajas. No es la menor la posibilidad de que las familias se trasladen sin que sobrevengan graves inconvenientes. También, que, sea cual el sea la elección posterior al término de la ESO o el Bachillerato, la acreditación de la formación tenga el mismo valor y sea estimada por igual en todos los organismos, empresas o instituciones del país a los que acuda. Por último, un efecto no menos importante es la información que arroja el análisis de los resultados de estas pruebas generales en relación con la situación del sistema educativo y las posibles zonas de corrección y mejora. Ahora mismo, esto es absolutamente imposible; nadie conoce cómo marcha la empresa llamada “Educación”ni por qué va como va, y ya se sabe cómo acaba un negocio así.

PROS Y CONTRAS DE LA REVÁLIDA (y II)

http://yatcire.wordpress.com/
               Lo peor que podría ocurrir de un método de evaluación con varias calas o reválidas es que se convirtiera en un mero trámite, en una especie de segundo examen final que nada añada al primero, que sea papel mojado; supondría una inversión de recursos y energías, un absoluto paripé, si se me permite el término. Y eso es posible que suceda, incluso probable, si se dan determinadas circunstancias: que las pruebas no sean nacionales, sino que cada comunidad autónoma o, peor aún, cada centro fije sus contenidos; y que sean corregidas y calificadas por los mismos profesores que han dado clase y acaban de examinar y calificar a los alumnos unos días antes. Según el texto de la futura LOMCE, no se realizarán así las reválidas.
               De muy distinta índole es otra virtual desventaja, que algunos llamarán empobrecimiento o regresión: me refiero a la pérdida de un notable grado de diversidad. Ya me he referido a ello y he dicho que no juzgo negativa la homologación curricular, teniendo en cuenta además que no será total, pues quedará un margen del 30% para la intervención autonómica (que suele equiparase, de forma injusta, con diversidad educativa, dando por supuesto, además, que la diversidad es algo en sí bueno, una vez que se aplica el vocablo a la total disparidad o, lo que es lo mismo, a hacer cada uno de su capa un sayo).
               Otra consecuencia que a bastantes no agradará es el filtro que significan las pruebas.  Será más visible y determinante en Secundaria y Bachillerato, pues valdrá para la consecución de los respectivos títulos, según decía. Habrá, sin embargo, quien, como yo, no interprete este hecho tan negativamente, pues dará a cada alumno la medida de sus posibilidades presentes y futuras, antes de que sea demasiado tarde. La proyección de un estudiante está en relación directa con su rendimiento en los distintos ámbitos del currículum, derivado, sobre todo, de su capacidad de esfuerzo, su implicación y su trabajo. Sé que las diferencias entre alumnos respecto a estos y otros factores se reinterpretan y se meten todas en un único saco, el de las “dificultades de aprendizaje” y se promueve, consecuentemente, como único instrumento, la “adaptación” de la enseñanza para que todos alcancen “la misma meta”. Poca explicación merece esta falacia, base y fundamento de colectivos y organizaciones (partidos y demás) que dicen defender así la “igualdad de derechos” de todos los alumnos, etc., etc. ¡Qué daño hace a una sociedad difundir el espejismo de que todos los niños, independientemente de sus facultades, que los diferencian claramente, y de su actitud ante el esfuerzo del estudio, que los diferencia aún más, pueden llegar a ser aquello que ellos o sus padres deseen, pilotos, ingenieros o fisioterapeutas, ministros o abogados…!
               En general, me declaro partidario, pues, de la pruebas evaluadoras (de los alumnos y/o del sistema) al final de determinados tramos del proceso de enseñanza, siempre que se lleven a cabo en ciertas condiciones, de las que depende su garantía y su valor, según he afirmado arriba. No niego que los alumnos son diversos, que algunos tienen una capacidad muy limitada; de ahí que deba añadir a lo dicho una precisión: las reválidas deberán poseer un mecanismo de acomodación, pero siempre que se base en un diagnóstico riguroso de los evaluados. Comprobaciones como “Este chaval está muy atrasado porque no hace absolutamente nada” no constituyen un diagnóstico válido a tales efectos.


jueves, 9 de mayo de 2013

YO PREGUNTO (5): PADRES HUELGUISTAS



Siete. Se está celebrando hoy una huelga en el ámbito de la educación a favor de la escuela pública y contra el anteproyecto de ley del ministerio. La huelga ha venido en llamarse “general”, porque, según dicen, a ella se han convocado todos los sectores implicados y, sobre todo, porque están participando, según dicen, todos esos sectores. Son los siguientes: profesores, personal no docente, padres de alumnos y alumnos. La llamada la realizó una plataforma integrada por diferentes asociaciones y sindicatos. En su día, me pregunté si los alumnos menores de edad están revestidos del derecho a huelga, que la ley concede a los trabajadores adultos. Yo mismo me respondía, provisionalmente, que no. Ahora, me interrogo sobre un aspecto creo que más rocambolesco: ¿cómo se pone de huelga un “padre de alumno” (o “madre de alumna” o… añadidles todas las variantes)?, ¿qué hace o deja de hacer ese señor, señora, señorita… (ídem)? Cuando un trabajador va a la huelga, se ausenta de su puesto y, lógicamente, deja de percibir su salario. ¿Qué labor o dedicación abandona un padre o madre de alumno? Me imagino que no será la que le da el salario, esto es, la que constituye su profesión. Entonces, ¿cuál? ¿Deja de ejercer ese día como padre/madre en general? O sea, ¿no acude a la llamada del tutor de su hijo/a (o plural)?, ¿no va a preinscriibirlo/a (ídem) aunque se le pase el plazo? ¿No firma la justificación de falta a clase, aunque eso pueda acarrear sanción a los retoños? ¿No va a recoger el boletín de notas? ¿No lee el día de huelga la agenda del niño o niña? ¿No quita la tele para que hagan sus deberes?  ¿No lleva a su niño enfermo al médico? ¿No hace el almuerzo ni la cena? ¿No le lava la ropa? Etc. Todas estas preguntas vienen a cuento de que las madres o padres huelguistas actúan en tanto que padres o madres de alumnos, y no como trabajadores. Si lee esto alguien con responsabilidades paternofiliales, no cumplidas hoy en pro de objetivos más altos, le agradeceré me responda. Lo mismo que a cualquier otra persona que pueda darme alguna luz. 

miércoles, 24 de abril de 2013

EMPRENDEDORES ÍNFIMOS


               Una de las palabras más de moda en los últimos años es sin duda la de “emprendedor”, conectada en el discurso con otra, muy cercana, la de “empresario”. Paralelamente, uno de los modelos sociales con más prestigio hoy es el del emprendedor, aquel que, en el campo de la economía, decide acometer una actividad laboral autónoma, iniciar una empresa o, como se decía antes, establecerse por su cuenta. También se llama así a quien se aventura a dar un giro sustancial a su negocio.
               Ahora hay mucha gente parada, sobre todo jóvenes (quizás de lo que más hay), que se meten a emprendedores como forma de salir de la situación y obtener algún medio de vida, además de encontrar algún sentido a la suya. Me da la impresión de que abundan en el ramo del comercio, del pequeño comercio. Últimamente veo muchas tiendecitas de ropa, sobre todo juvenil y de relativamente bajo precio, o de bebé, de medias y calcetines, lencería femenina o mercerías…, algunas bajo la modalidad de franquicia; hay también fruterías, locales para la elaboración y venta de pizzas, puestos de chucherías, churrerías donde dan café o chocolate...; en mi ciudad he visto una… no sé si llamarla “yogurtería”, pues se trata de una especie de cafetería para tomar solo yogur. Etc. Suelen ser espacios pequeños, con un mobiliario sencillo y barato, llevados por un personal muy poco especializado. La mayoría nace en unas condiciones muy precarias y bastante poco propicias para soportar el período que necesita la consecución de una clientela suficiente, es decir, abrirse un hueco en el mercado. También está la iniciativa de los que ofrecen servicios más o menos cualificados, como dar clases particulares, reparar ordenadores, peluquería,  arreglos de trajes y vestidos …, junto a otros que no requieren mucha preparación, como cuidar ancianos o niños, trabajo doméstico, pequeñas chapuzas, etc.
               Las personas, muchas, no todas, intentan buscarse la vida y hacen lo que pueden. Pero hay también quienes se quedan en el sofá o en la puerta del bar a matar las horas y dejar agonizar su autoestima y la poca ilusión y empuje que les queden.
               Entre quienes, a diferencia de estos últimos, se esfuerzan por moverse, por exprimir al máximo su capacidad y los medios con los que cuentan, tengo una especial aprecio por los que llamaré “emprendedores ínfimos”. Me refiero a  ese hombre que se va al campo a coger espárragos para sacar unos cuantos euros, a ese que vende naranjas o patatas o brevas o ajos en la puerta de supermercados, a un par de chavales que van ofreciendo por mi barrio tortas de Algarrobo, a una señora que pregonaba pares de calcetines tirados, al muchacho que recorre mil veces la playa con una pesada nevera llena de refrescos y cervezas, a ese casi anciano que pasea perros a un precio más que módico, a la gitana que lleva encajes, mantelerías  y debajo escondidos algunos décimos de lotería,  etc., etc., etc.  Son marginados de la economía, no solo porque el sistema los ha expulsado, como decía, bajo la excusa de que no hay tarta para todos, sino porque (¡vaya suerte!) consiguen burlar las trabas e impuestos “legales”.  Se hallan en la economía sumergida, son disidentes, antisistema… A la fuerza quizás, representan una alternativa, al menos en el ámbito circunscrito de su espacio de supervivencia. Su indignación no les lleva a irse a una plaza y montar la tienda de campaña con el cartelito, a suplicar que les den; por el contrario, ponen en marcha el motor y aprovechan la poca gasolina que les quede, alentados por un indiscutible espíritu emprendedor. Su fortaleza  y su empuje tienen todo mi reconocimiento, aunque abomino de su situación de extrema precariedad.

jueves, 4 de abril de 2013

EL CIENO DEL 11-M


               Acabo de leer el último libro sobre el terrible atentado del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Atocha. Es la más reciente “investigación paralela”, según se denomina en él a toda indagación realizada al margen de la instrucción judicial, del juicio oral y su sentencia, en los que se pergeñó y se dio carta de naturaleza y respaldo institucional a la que vino a conocerse como “versión oficial”. Es un libro mediano, de 444 páginas, del que doy los datos: IGNACIO LÓPEZ BRU: Las cloacas del 11. Málaga, Sepha, 2013. El texto va precedido de dos prólogos, uno de G. Moris (“Nunca olvidaremos lo inolvidable”), padre de una víctima mortal, y otro de L. del Pino (“La verdad os hará libres”), uno de los primeros y más destacados “investigadores paralelos”.
               El contenido se distribuye en ocho partes, que equivalen en su mayoría a secuencias temporales, muy cortas por cierto, como corresponde a un examen extraordinariamente detallado, efectuado casi con lupa, de los hechos: “La situación previa”, “La mañana del 11-M”, “La tarde del 11-M”, “La noche del 11-M”, “La mochila de Vallecas”, “Varia islamista”, “Las cloacas”, “Verdad y justicia”. Se añade un apéndice sobre “El 23-F” y otro con un “Organigrama de la Dirección General de la Policía”, seguidos de una útil bibliografía.
               Desde ahora confieso que me pongo a escribir la presente reseña con la intención de aconsejar, animar, invitar… a toda persona de buena fe a que lea el libro. Lo de buena fe vale como exenta de prejuicios y ajena al espíritu del fanático “¡Vale ya!” o del imperdonable carpetazo.
               El método aplicado por López Bru consiste, básicamente, en reunir todos los datos posibles relativos a cada fase cronológica o a cada asunto (hechos, acciones y documentos, tanto escritos como audiovisuales), que son ingentes, para examinarlos en sí mismos y ponerlos luego en relación unos con otros, en pos de una lógica, una coherencia, una interpretación. A veces no se halla significado alguno si no es acudiendo a omisiones (la mayoría claramente intencionadas), que también constituyen, por supuesto, datos. Con todo ello, se llega muy a menudo a una reconstrucción de lo acontecido que no se corresponde con la “oficial”, o bien a la necesidad de desechar esta por falsa, contradictoria, inverosímil  o infundada, y al planteamiento de numerosas conjeturas y sospechas. Lo que hace que terminen los capítulos con una serie de interrogantes acerca de los verdaderos motivos y los auténticos actores, ausentes en una instrucción con tantos agujeros y lagunas, tan deficiente como sesgada. Tal instrucción debe considerarse como causa directa de que se desconozca lo esencial del atentado, aun hoy, después de 9 años: quién fue el instigador y promotor (persona o grupo), quiénes lo cometieron, con qué fines actuaron uno y otros.
               Uno de los supuestos de la investigación de López Bru consiste en que, desde aquel 11 de marzo hasta nuestros días, se da un acuerdo tácito, pero eficacísimo, entre instancias políticas (los dos grandes partidos) y judiciales, con la connivencia y ayuda de determinados medios, por taponar toda vía de averiguación que pueda conducir (incluso a título de mera sospecha) a teorías “espúreas” , es decir, diferentes de la institucional. Constituye la causa remota de la ignominiosa ignorancia en la que permanecemos. Ese supuesto queda ampliamente demostrado en la obra. Además, el lector termina perfectamente informado y convencido de que casi nada de lo fundamental que nos han contado del crimen (móviles, autores, ejecutores) se tiene en pie, aunque no se disponga todavía (o no se pueda probar) una tesis alternativa.
               El autor dice haber terminado la redacción de su libro, por esto mismo, con un sabor amargo. Yo confieso haber concluido la lectura con sentimientos de rabia y de vergüenza. Pierde su dignidad quien no respeta a sus muertos, sobre todo si han sido vilmente asesinados, y desde esa óptica España es un país que ha de redimirse a sí mismo: esta es la vergüenza; la rabia me asalta cuando compruebo que personas tan profundamente conocedoras y tan comprometidas desde hace años con la búsqueda de la verdad como Ignacio López Bru  -lo sé- afirman que “no albergamos, pese a todo, grandes esperanzas de que se pueda ver luz al final de este largo túnel”.  A lo que añade unas durísimas afirmaciones, con las que termino: “La tenacidad y contumacia que muestran todos los poderes e instituciones  -y la gran mayoría de los medios de comunicación- cada vez que asoma la sombra de una duda sobre la verdad oficial son tan descriptivos como reveladores del miedo cerval que les embarga, no fuera que algún atisbo de lo que cada vez más parece un Gran Secreto de Estado pudiera salir del arcano donde está encerrado” (p. 415).

viernes, 15 de marzo de 2013

YO PREGUNTO (4): BAJOS.

                Mi pregunta de hoy proviene de una observación callejera. He viajado varias veces a Barcelona y he visto que allí, al menos en ciertos barrios o distritos, en la planta baja de los bloques de pisos hay viviendas, alternando y en muchas ocasiones sustituyendo a los espacios vacíos, destinados a comercios o garajes. Seguramente ocurrirá lo mismo en otras grandes ciudades, aunque un servidor solo lo conoce en la ciudad catalana. En las demás, solo he visto locales.

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Seis. ¿Cuál puede ser la causa de que no esté generalizada  la construcción de pisos bajos en todos los sitios donde se levantan edificios de varias plantas? Creo que la interrogación resulta pertinente, puesto que muchos, muchísimos de estos locales se quedan vacíos, no se venden, no se les da destino alguno…, tal vez porque el mercado está saturado, porque el porcentaje de tiendas y garajes ya ha alcanzado su tope.  Así, aparecen con la entrada tapiada a base de rasillas, sin enlucir,  ofreciendo, frecuentemente, un aspecto bastante tosco y afeando la fachada general de los edificios. Supone además, me imagino, una pérdida para la empresa promotora.
               Tal vez siempre, pero mucho más en estos momentos de vacas flacas, haya personas o familias dispuestas a adquirir un piso bajo, si se le ofrece a un precio asequible, inferior a los de encima, claro está (*). Mejor es algo que nada, más vale conseguir la venta de la planta inferior, aunque sea con menor ganancia, que perderla.
               Juzgo mi apreciación razonable y mi pregunta, lógica. ¿Alguien puede responderla?
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(*)  http://svn.consumer.es/web/es/vivienda/compra/2008/04/18/176279.php

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domingo, 3 de marzo de 2013

FINAL DE LA CORBATA


               Lo que lleva siglos (entre tres y cinco) siendo breve atuendo inútil  -ni cubre ni abriga- en los hombres, la corbata, anda ahora, al parecer,  perdiendo aprecio. La primera, la mía, y desde hace décadas. Entre boda y boda, la tengo hibernada en el armario; lo habitual en mí es el cuello libre de camisa, camiseta o polo.

               Pero no es de mi vestimenta de lo que quiero hablar, sino de algo que en los últimos dos años, trimestre arriba trimestre abajo, he visto que ocurre en el ahora estrecho canto de la ya no tan pequeña pantalla, espejo y modelo del vestir popular. ¿No habéis observado que poco a poco han ido desanudándose y cayendo las corbatas de presentadores, animadores, comentaristas… y de toda suerte de machos televisivos, de terno antes rematado sin excepción por el inservible, aunque vistoso, trapo? La corbata otorga prestancia, eleva al estrato de lo formal, perfila el empaque, sella la elegancia clásica. Y es, por tanto, materia de protocolo. Todas esas cualidades van dichas por mí en presente, porque, en realidad, lo que va reculando no es el valor de la pieza, sino la rigidez o la extensión de la norma social que la impone o la aconseja.  Según veo, en los estudios de televisión, como en las oficinas bancarias o ministeriales, en los escaños del Congreso o el Senado…, ya no rige la antigua regla. Solo permanece respetada en ceremonias civiles o religiosas y en uniformes.

               A propósito del Congreso de los Diputados, quiero recordar el enfrentamiento que hubo en la anterior legislatura entre el entonces presidente, J. Bono, siempre hecho un figurín, y el diputado socialista y ministro de Industria M. Sebastián, menos atildado. Fue porque a este le dio por no llevar corbata en el hemiciclo durante el verano, para no pasar calor al parecer. Si no me equivoco, Sebastián se salió con la suya. El deseo de cómoda y barata refrigeración de la nuez tomó, así, un tinte especial, de disidencia, de contestación, de ruptura, de modernidad y progresía, de espontaneidad, de repudio de absurdos y rancios rituales, añejos reglamentos, hieráticas etiquetas, etc.  ¿Podría, entonces, calificarse la rebeldía de Sebastián como el hecho inaugural de la nueva moda descorbatada?  Podría. Y hasta dar pie en el futuro a una efemérides, designada como el “Día sin corbata”. Etc.

               Me viene a la memoria también el modelo que prestigió entre nosotros el veterano periodista José María Carrascal, con aquellas llamativas, chillonas corbatas de colores y dibujos inusuales en la vestimenta masculina tradicional, tan discreta, tan comedida, tan apagada. Ocurrió en los tiempos de la transición y, al contrario que el díscolo diputado socialista, insufló nueva vitalidad a la prenda, consiguiendo que muchos hombres la lucieran con gusto, la estimaran más que antes, al verle un singular atractivo: pudieron presumir de corbata y copmpetir entre ellos por el mayor atrevimiento en diseño y cromatismo. Carrascal fue un impulsor, Sebastián un destructor; aquel un reformista, este un revolucionario. Vaya una mención rápida a otro corbatero tan impenitente como original, aunque con menos popularidad y éxito en tanto que arbiter elegantiae: Inocencio "Chencho" Arias, el “hombre a una pajarita pegado”.

               En realidad, gran parte de las relaciones sociales van empapándose desde hace tiempo de informalismo, de intencionada incuria, de tono familiar, coloquial, tal como se aprecia en las fórmulas de tratamiento, entre las que cada vez es más raro el “usted”, por ejemplo, o en la falta de esmero general. En no pocas ocasiones se concluye, incluso, en el aplebeyamiento del atavío y la conducta. Ni entro ni salgo en tal evolución de las formas. Soy de los que creen que (casi) todo lo que es de una manera puede ser de otra. Pero me extraña que el cambio indumentario haya sido tan brusco y tan general en la tele. Ni el pantalón vaquero subió al trono absolutista de la moda cotidiana tan rápido. Más que un proceso, que es lo normal en materia de costumbres, hábitos y maneras, se ha dado un vuelco. ¿Ha operado alguna orden o circular interna, expresas o, mejor,  tácitas?  No sé qué ha podido pasar.

jueves, 14 de febrero de 2013

YO PREGUNTO (3)


               Día de San Valentín…, voy a interrogar sobre el amor. Más que por seguir el tópico, porque me han asaltado algunas dudas al oír y leer estos días, en anuncios publicitarios sobre todo, tantos tópicos sobre la efemérides, tanta mención dulzona de lo cardíaco, tanta lindeza ya rancia sobre la pasión, tanta metáfora barata sobre la ternura, tanto sexo sublimado.


Cinco. Las tres o cuatro preguntas, que encierran seguramente un amplio haz de cuestiones (el amor es un concepto dificilísimo de entender y explicar, o sea, un misterio), se basan en la distinción entre amor y enamoramiento. Otra aclaración: me voy a referir a lazo o relación en el seno de lo que se entiende por “la pareja” (más o menos permanente o efímera, con o sin papeles, con distintos o idénticos genitales), con lo que queda excluida la amistad, por ejemplo. En lo lingüístico, utilizaré el masculino, pero con sentido genérico.Y empiezo ya, sin más, a preguntar: ¿ama, antes o después, todo el que se enamora?, ¿se enamora, antes o después, todo el que ama?, ¿puedes enamorarte de uno y no quererlo, y al revés?, ¿dejas de amar cuando se apaga la pasión y el enamoramiento? Por último, la pregunta para mí más importante: ¿hay una edad para el enamoramiento y otra para el amor? 

               No me aconsejéis leer a Erich Fromm, porque ya lo he hecho y, a mi vez, lo aconsejo.

miércoles, 30 de enero de 2013

LA CALMA


               Recibo un interesantísimo correo de la Fundación del Español Urgente (FUNDEU) en los siguientes términos: “Se recomienda escribir movimiento por la calma, mejor que movimiento slow, para referirse a esta corriente cultural. El movimiento por la calma surge como reacción contra el ritmo acelerado característico de la sociedad actual y propone hacer un uso consciente del tiempo, disfrutando de cada actividad con la pausa precisa para ello, en lugar de vivir atropelladamente.” Después he leído el mismo texto en forma de mensaje de Facebook.
             
               ¡Genial! Es lo estaba esperando desde hacía décadas, sin creer que existiera una cosa así. ¡Una corriente de pensamiento y una orientación del comportamiento basados en la tranquilidad, el sosiego, la serenidad…! Es lo mío, yo soy de los que viven a cámara lenta para disfrutar de mis acciones, como dice el fragmento citado.


http://es.paperblog.com/elogio-de-la-
lentitud-para-y-no-corras-tanto-1461708/
               Conozco a gente que vive a toda velocidad, que lo hace todo como si siempre fuera a acabársele el tiempo, que corren siempre con el culo a dos manos, como suele decirse. Esos y esas pasan tan rápido por mi vista, que ni siquiera percibo su presencia. La acción rápida, apresurada, es prima hermana de la acción a empellones, porque el objetivo no es la perfección, sino la finalización urgente, la aceleración por sí misma. No importa que, al concluir, sobre  un tiempo que no se sabe en qué emplear. No sé si el ideal de estas personas, que van como una moto de carreras, es vivir la vida en un tris, pero lo parece. ¡Ay, lo que se pierden! Dudo que merezca la pena venir a este mundo para pasar del nacimiento a la muerte, del hoy al mañana, del día a la noche, del aquí al allí… de ese modo, a toda pastilla.

               Mi estilo es otro. El que intuyo en el “movimiento por la calma”. ¡Qué placer darle tiempo al tiempo, regar los quehaceres con el almíbar de la duración sin límite, con la conciencia de cada movimiento, de cada gesto pequeño, de cada impulso emocional, de cada instante…! ¡Qué delicia vivir gota a gota! ¡Qué disfrute afeitarme, ducharme, comer, pasear, leer… sin pensar en cuándo terminaré o cuánto tiempo gastaré en ello! ¡Qué gusto saborear el proceso, sin preocuparme del final! Amo el gerundio: “haciendo”. ¡Fuera el reloj y fuera el horario, la agenda, el almanaque! Y lo que no se haga hoy, se hará mañana, cuando encarte. No es pereza, sino regodeo en la ocupación, estirada como un chicle; es la fruición de la lentitud, de la parsimonia, el arte de la flema.

               Sé de lo que hablo, por eso lo digo. Y lo defiendo, no solo “como reacción contra el ritmo acelerado característico de la sociedad actual”, del que habla FUNDEU. Lo sostengo por principio, por fe, por experiencia. Y lo aconsejo. Sobre todo a quienes, como yo, ya han finalizado su período laboral y disponen de las 24 horas íntegras para sí. Algunos creerán que están perdiendo el tiempo si en toda la mañana solo han hecho un par de cosas. Para mí sería, es, una enorme satisfacción semejante holgura.

               Así que voy volando, eso sí, con tardos, premiosos aletazos, a buscar en Google el reglamento de la filosofía de la calma y el modo de alistarse en ella, para formalizar lo que es en mí vocación, inclinación congénita.

domingo, 20 de enero de 2013

YO PREGUNTO (2)


Estoy en la cuarta pregunta (*), que no a la cuarta pregunta, al menos de momento.

Cuatro. Planteo por qué los consumidores aceptamos con tanta naturalidad   -mejor debería decir inconsciencia-  ciertos fenómenos y situaciones relacionadas con el comprar y vender. Por ejemplo, si pretendes comprar unas flores para homenajear a tu santa en el día de su santo, prepara la bolsa en caso de que la onomástica quede próxima a determinadas fechas: no existe ramo a precio asequible los días anteriores a la festividad de Todos los Santos, contigua a la de los Fieles Difuntos, cuando los cementerios se llenan de familiares limpiando y adornando lápidas, tumbas y mausoleos. El precio de las flores asciende a las nubes, sencillamente porque crece la compra o, en términos más técnicos, hay mucha demanda. Que cuesten más no me asombra, sino las cachazas con que el personal admite tal subida, sin preguntarse, como yo me voy a preguntar, hic et nunc, por qué motivo son más caros unos días que otros los manojos florales, cuyo coste de producción es el mismo  -estoy casi seguro-  todo el año. Se trata de que los mercaderes quieren hacer su agosto, solo eso. 

Y, hablando de agosto, tampoco veo fundamento a la distinción que en el sector turístico se hace entre temporada alta, media y baja, con la consiguiente distinción de precios. ¿Cuesta más lavar las sábanas y toallas de los hoteles en julio que en marzo o noviembre? ¿Sube o baja el agua corriente o la electricidad según el mes? En un bar cercano a mi domicilio, los días de entre semana vale el menú 8€ y los domingos, 10: ¿por qué? Etc. Alguien podría decir que el hecho obedece a la ley de la oferta y la demanda, por cuyo autor/a y validez también preguntaría, si no supiera que es, sencillamente, el sistema.  Según decía al principio, lo que demando   -y no como deseo de compra-  es el motivo por el que contemplamos impasibles, con la más absoluta pachorra, oscilaciones tan arbitrarias en la tasación de los productos, reflejo patente, a fuer de burdo, del afán de obtener ganancia extra por parte de los vendedores, aprovechando simplemente las circunstancias. 

(*) Las tres preguntas anteriores están aquí.

martes, 8 de enero de 2013

"LA REINA Y YO..."



               Esta es la expresión que oímos utilizar al rey cuando se refiere institucionalmente a la encarnación personal de la jefatura del Estado. Supongo que la alusión a su esposa responde a una norma de protocolo, y no tanto a un afán de igualitarismo feminista, que no fecunda el ideario monárquico tradicional, al menos oficialmente. Detrás de esa copulación (entiéndase, gramatical), “la reina y yo”, late el principio, supongo, de que la corona la forma, de algún modo, toda la familia real, representada por los cónyuges regios. No obstante, solo el rey es investido, coronado, y no sus familiares, que poseen la dignidad de reina, príncipe, princesas, infantas…, por razón de parentesco. En nuestro país, nos hemos acostumbrado a la frase, reforzada por la presencia conjunta en público, siempre que ha habido un acto de este carácter. Hasta ver como natural y entender que el matrimonio Borbón y la monarquía española son un todo indivisible. 
               El hecho de que esto sea así no ha planteado problemas durante buena parte del reinado de Don Juan Carlos. Pero, claro, siempre ha existido el peligro de alguna grieta, señal e inicio de próximo resquebrajamiento e incluso de derrumbe, como en toda pareja, pues ninguna tiene sello de eternidad. Se sabe, ahora, que el lazo familiar en La Zarzuela está algo más que deshilachado. Dicen que Don Juan Carlos y Doña Sofía están… distanciados, que su relación es tan fría como un glaciar, que cada uno “hace su vida”; dicen que los Urdangarín no son bien vistos en la casa paterna y que en ella hay división  -esto es lo importante-  a la hora de enjuiciar su situación y adoptar una postura respecto a la hija y el yerno. En definitiva, el aspecto familiar de la corona ha entrado en dificultades y la prensa se ocupa ya de él.
               Resulta inevitable que, así las cosas, el otro componente, el institucional, se haya resentido y debilitado, por lógica contaminación.  Sobre todo si, como también ha ocurrido, se han producido ciertos comportamientos del rey poco agraciados, relacionados con la caza. Lo personal o privado y lo público no se pueden separar del todo, como si no tuvieran nada que ver; se comprende fácilmente siempre que hablamos de una persona con dimensión pública. Pero el asunto se agrava si consideramos no a una persona, sino a dos, que viven, además, en pareja, unidas por un vínculo sacramental indestructible. La Casa Real sufre los avatares de la familia real, pues van unidas.

               Abogo, pues, por una distinción y separación   -la máxima posible-  entre estos dos ámbitos. Y también pido que lo mismo que mi médica de cabecera es una mujer, una sola persona, cuyo marido o novio  -si lo tiene, sea o no facultativo-  no pasa nunca consulta bajo el marchamo de “el doctor y yo”; o lo mismo que el fontanero que me repara, solo, el calentador; o lo mismo que la señora que, sola, hace limpieza a fondo en casa los viernes, etc., el rey ejerza él solo la función encomendada, sin que la esposa figure como par institucional. Su papel, igual que el de los y las demás cónyuges, ha de limitarse a la esfera íntima, personal, doméstica, familiar.
               Don Juan Carlos debe ser rey como persona individual y aparecer sin compañía en todos los escenarios en los que tenga que estar y actuar como tal rey. Cállese ya la fórmula protocolaria “la reina y yo”. La familia dejémosla, en todo caso, para cierta prensa llamada del corazón, y con prudencia. De este modo, la monarquía quedaría, si no totalmente, algo más libre de la influencia de lo que ocurra o deje de ocurrir a las personas individuales y a las relaciones sentimentales y matrimoniales. Únicamente en semejante escenario, un país como España podría afrontar sin muchas complicaciones un hipotético divorcio de la pareja real, por ejemplo, o del heredero, como ha ocurrido hace poco en el Reino Unido.  Y ya tenemos bastantes dificultades aquí como para no intentar una reforma del protocolo o la norma que a este tenor corresponda, por lo menos.
               Lo anterior vale para toda intromisión e interferencia de la familia en la vida profesional de una persona, que, sea cual sea la ocupación y cargo, no suele beneficiar demasiado. No por casualidad, la monarquía   -herencia auténticamente secular, por no decir obsoleta-  es ya el último reducto, creo,  de este singular fenómeno. 

jueves, 3 de enero de 2013

YO PREGUNTO (1)



               La vida plantea más respuestas que preguntas. De hecho, casi todo lo que aprendemos, en casa y fuera de ella, ha llegado en forma de contestación a inexistentes interrogantes. Por eso, tal vez, no estamos acostumbrados a sentir curiosidad, a indagar los porqués, paraqués, cómos y cuándos, etc. de lo que es y de lo que ocurre. En cambio, nos es bastante natural aceptar que las cosas como se ven, quedarnos en el fenómeno, en la superficie, etc.; peor aún, creer a ciegas, obedecer sin más…, llevar una existencia casi sin sentido a veces.
              A estas alturas de mi vida, aunque sea tarde, quiero hacer muchas preguntas. Y proclamarlas, por si alguien puede darme respuesta. Si la tienen, claro, porque supongo que bastantes respuestas no podrán pasar del silencio, del mutismo ignorante o prudente. Así que voy a empezar a pedir explicación de bastantes cosas. Hoy serán tres.

Una.  El poner en contenedores distintos desechos y basuras diferentes favorece el aprovechamiento y el reciclaje del vidrio, el plástico, el papel, ahora también el aceite, etc. Son materias que no se destruyen, sino que se transforman, como creía el filósofo. De ahí resulta un beneficio, pero ¿para quién o quiénes? En primera instancia, para todos, porque se ahorra materia prima. Pero, ¿no es a los dueños de las fábricas de botellas, envases de plástico o cartón, etc., a los que en realidad se favorece? Creo que sí, puesto que se elaboran los productos con materiales de segunda mano, diríamos. Y ese beneficio  -aquí reside el meollo de mi pregunta- , ¿cómo repercute, si es que repercute, en el precio que paga el cliente por el litro de leche, la cerveza, los cuadernos…? Por último, ¿en qué condiciones hacen llegar los ayuntamientos a las industrias los cascos, cartones, aceites… recogidos en los contenedores? ¿Gratis?

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Dos. Esta segunda interrogación del ciclo y del año se parece mucho a la primera: ¿incide en el precio de la gasolina o gasoil, haciendo que baje o que suba menos, la obligación de que el cliente sea quien se sirva el combustible? La cuestión es pertinente, puesto que supone la reducción de las plantillas de las gasolineras. Lo lógico y lo justo sería que se compensara a quien va a repostar y tiene, él mismo, que manejar la manguera, además de pagar el líquido.

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Tres
. Acabamos de comenzar un nuevo año, hoy es el tercer día de los 365 que faltan para llegar a un nuevo final de tramo. Cena, campanadas, uvas, champán, ropa interior roja, trajes de fiesta, cotillones… componen una noche dedicada al jolgorio y a la fiesta, empapados de alcohol, risas, música, voces y pirotecnia barata. Y a mí se me ocurre preguntar qué es lo que se celebra esa noche: ¿que acaba un año?, ¿y eso es motivo de alegría como para armar una juerga, a veces carísima? ¿Que empieza otro año? ¡Y qué! Entiendo que la diversión en forma de banquete, baile o lo que sea, debe estar motivada por algún hecho que invite al regocijo. Y no veo en la llamada Nochevieja nada que sea de tal naturaleza. Sinceramente. Tampoco creo que sea un hito ni personal ni colectivo, como el nacimiento de un hijo, el primer día en el trabajo, cumplir 18 años, el final de la guerra… En estos días de Navidad, no hay para mí otro acontecimiento digno de celebración más que el haber enganchado algún premio sustancioso en las loterías, si es que se ha tenido esa suerte.


Continuará