viernes, 20 de septiembre de 2013

GAULA


http://www.musikaze.com/gaula
               Existe un grupo musical llamado Gaula, que yo no conocía hasta anteayer. Le hacían una entrevista al vocalista en una emisora de radio, que encontré mientras movía el dial en busca de algo interesante. Me enteré, así, de que está compuesto por cuatro jóvenes malagueños y que se formó en 2007. ¡Mucho tiempo!, pensé, debe poseer un buen nivel. No tienen discos largos publicados, solo dos EP (intermedio entre los clásicos sencillo y LP). Su estilo conjuga el pop originario (años 50 y 60) y un rock más bien melódico. Podéis escuchar una muestra de canciones aquí.

                Esta información la traigo porque hubo un pasaje de la entrevista que me llamó muchísimo la atención. Fue cuando le preguntaron al vocalista el porqué del nombre Gaula. Explicó que se trata de un personaje que aparece en el Quijote, Amadís de Gaula. Vaya, me dije, estos muchachos denotan un cierto apego y fondo cultural: ¡conocen y estiman a un personaje literario “antiguo”, tanto como para adoptar su nombre como etiqueta comercial! Detalló el muchacho que el motivo que les empujó a elegirlo no fue otro que la admiración que Don Quijote sentía hacia ese caballero andante medieval, al que convirtió en uno de sus modelos, digno de imitación. El hidalgo apuntó hacia una meta muy alta, muy ambiciosa, cual era revivir en su persona el espíritu de Amadís, su generosa entrega a la protección de los débiles, su valentía y sus hazañas.  

http://www.diarioinca.com/2012/11/
resumen-de-amadis-de-gaula.html
               Así que, de pronto, me había topado con unos adolescentes casi (pues tendrían menos de 20 años cuando se unieron y se bautizaron como grupo), que no solo no habían olvidado (repudiado o abominado de, serían términos más exactos) la formación literaria recibida en el instituto, sino que mostraban además una idea bastante elaborada de obras y personajes, de los mencionados al menos, a los que trajeron a sí y unieron a su vocación y su quehacer artístico. 

               Para un profesor que ha estado cerca de 40 años intentando aproximar las grandes obras de nuestra historia a niños y adolescentes, sin conseguirlo casi nunca, el oír estas manifestaciones supuso una gran satisfacción. ¡Ojalá se lo hayan contado a quienes les dieron clase de la materia! Si ha sido así, le habrán dado, como a mí, una gran alegría.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

AMOR Y TESTÍCULOS

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               Hay muchas clases de noticias: buenas, malas, tristes, trágicas, interesantes, curiosas, esperadas, sorprendentes… Para la que traigo aquí, no hallo otro calificativo que el de cruel, despiadada…, sobre todo con los hombres. Dice así: “Un estudio relaciona el tamaño de los testículos con ser buen padre. Los niveles de testosterona y el tamaño de las gónadas tienen relación inversamente proporcional con la atención que se presta a los hijos”. ¡Manda huevos! ( y nunca mejor dicho).

               De ser  esto es cierto, los varones que tenemos hijos estamos acorralados, condenados, sin salida. Tires por donde tires, siempre te cogerá el toro. Si no hacemos el más mínimo caso a nuestros retoños con objeto de que no merme lo que ya sabemos, malo, porque… ¡angelitos!, carecerán del cuidado, la atención, la protección, el cariño, el apoyo de un padre. Y, si nos entregamos a ellos, si los mimamos y rodeamos de caricias y afecto, peor, pues corremos el peligro de que en la entrepierna no nos cuelgue cosa mayor que un par de perillas de agua, por no decir de uvas moscateles. ¡Ay, Dios!

               Desde ahora y para siempre, a los machos nos torturará la gran duda: quizás estoy queriendo demasiado a estos enanos, pues me noto holgueros los gayumbos. Pero, claro, ¿se van a quedar mi rubio o mi princesa sin una tontería chistosa o una cosquilla de su papi? Aggg, noo sé, no séee. Cada vez que les doy un beso, aunque sea a una cuarta de sus caritas, me parece que se me encogen las alcachofas, que disminuyo por abajo. ¡Es que me echan sus bracitos cuando entro en casa! 

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               La cosa es muy fea, pues, además, no sé con exactitud el tamaño de lo grande y lo pequeño en estos asuntos, ni con arreglo a qué se miden las criadillas de un padre; ni si hay algún estándar o no y, en caso afirmativo, cuál es su magnitud; ni si ese patrón es universal o va por razas, climas, alimentación, tallaje o cultura; ni si hay un tope para la mengua, a partir del cual no importa ya el nivel del termómetro amoroso o, viceversa, si el paquete no aumenta a partir de un grado equis, aunque seas un vil maltratador, émulo de aquel desalmado Calígula. Item más: ¿se podrá mantener una dimensión razonable, a medio o largo plazo, controlando el sentimiento y el desapego por meses, semanas o días? O sea, una temporada de collejas y otra de abrazos, por ejemplo.

               Seguro que alguien se tomará la paulatina regresión de sus potencias como signo y amenaza de cercana impotencia o incluso como señal de dudosa masculinidad, dada la ternura y el sentimiento hacia los bebés que conlleva. Por otra parte, ¿será un proceso irreversible? Pregunta relevante, sobre todo si se refiere al que va de más a menos. Muchos se arrepentirán, incluso, de haber pagado a tan alto precio el vigor y eficacia de sus espermatozoides, al ver ver la despreocupación de sus congéneres sin niños e imaginar su lozanía.

               ¡Ya nunca seremos felices ni nos sostendrá la seguridad de estar dignamente representados por nuestros atributos! ¡Tampoco se esfumará el temor a un aciago raquitismo por ahí abajo, causado por una supuesta demasía cardíaca, una racha de incontenible blandura! La noticia es cruel, muy cruel, realmente destructiva.