domingo, 21 de diciembre de 2014

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OS DESEO MUCHA FELICIDAD Y QUE EL AÑO 15 OS TRAIGA TODO LO QUE LE PIDÁIS. 



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martes, 15 de abril de 2014

MENTIRAS DEL SISTEMA

               En muchas ocasiones, a lo largo de mis años como profesor, me ha dado por pensar que los sistemas educativos están fundados en una serie de supuestos pedagógicos y didácticos falsos, dados por dogmas indiscutibles, pero que no son sino puros espejismos. Como todo lo cercano, lo habitual, lo tradicional, pasan inadvertidos; la gente cree que constituyen un cimiento sólido para la organización y desarrollo de la enseñanza, incluso los responsables de todos los niveles, desde la Administración hasta los maestros y padres.

               No quiero presumir de inteligencia ni de sabiduría, porque no las tengo en más cantidad ni calidad que la mayor parte de mis semejantes. Pero he pensado bastantes veces, como digo con toda modestia, que estamos muy equivocados todos los que participamos o hemos participado en la formación de niños y jóvenes sin advertir esas quiméricas verdades ni, por supuesto, desenmascararlas.

               Voy a ilustrar lo que quiero decir con una anécdota. Un compañero de Ciencias Naturales puso un examen parcial, de un tema o dos quizás, no recuerdo, en un grupo de lo que entonces era COU, ahora segundo de Bachillerato. A los cuatro o cinco días, cuando ya tuvo corregidos los ejercicios, sorprendió a la clase con un nuevo control, en el que incluyó exactamente las mismas preguntas que en el primero. Más del 60% de los que habían aprobado el primero suspendieron el segundo. ¿Qué quiso indagar o demostrar el profe con tal experimento? Es evidente: sospechaba que eso que los alumnos “se aprenden” (distingo entre “aprenderse” y “aprender”) para pasar los exámenes, casi no sirve más que para pasar los exámenes, nada más, y casi nunca promueve una auténtica formación, que por su propia naturaleza debe tener vocación de permanencia. Entonces, y dado que los controles o exámenes o pruebas… constituyen el principal instrumento de evaluación, ¿es posible que un buen puñado de niños y jóvenes culminen la Secundaria, por ejemplo, desconociendo, ignorando todo o casi todo lo que se supone que saben, que conocen, porque lo han estudiado y han aprobado? ¿Es posible que sus boletines de notas o sus títulos de graduado certifiquen en falso? Muchas veces, repito, me ha dado por pensar que sí, que resulta posible e incluso probable. No hay más que preguntar en cualquier grupo de la ESO por los ríos de España o de Europa, o por los límites de la Edad Media, por la fotosíntesis o por algún escritor del Renacimiento… Muchos, muchos no sabrán qué decir.

               Pero eso, siendo malo, no es lo peor, sino que sepan bastantes cosas el día del examen y luego, nada o casi nada, tabula rasa. Porque ahí está la causa y el efecto de la falsedad e hipocresía, de la perversión que bastantes días he creído descubrir en el sistema.

               Por suerte, hay conocimientos que echan raíces y ni se secan ni desaparecen de la cabeza de terminados alumnos. Pocos y en pocos niños. No más de los cinco o seis que le aprobaron de segundas a mi compañero de Ciencias. 



viernes, 28 de marzo de 2014

LOS SECRETOS

               Así le explica el protagonista de la novela que estoy leyendo a su hermano pequeño qué son los secretos, o sea, las cosas que te guardas y no compartes; qué efecto tienen...

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"Los secretos son como gusanos invisibles... No. Son como zombis, ¿vale? Te roen el cerebro. O sea, como los zombis de Deadland. Entonces, ellos salen y te comen las tripas hasta que ya no tienes, no tienes tripas, y no puedes ser valiente. Y te comen... las cuerdas vocales, y entonces no tienes voz. No puedes hablar. Y te comen... Salen de ti y te comen el aire de alrededor. Lo enrarecen, y no puedes respirar. Se comen a las demás personas que te rodean. Se comen..., se comen a papá y a mamá. Se comen trocitos de su alma y van acosando por ahí... En fin, mordisquean el cerebro y todas las células, y entonces papá y mamá se vuelven mezquinos e irritables, porque esto es lo que sucede cuando algo te come el alma..." (A. Tarttelin, El chico de oro)



martes, 4 de marzo de 2014

"CARPE DIEM"

               Por lo común, se relaciona el tópico literario del “carpe diem” (“aprovecha el momento”) con la juventud y se insta con él a los que empiezan casi a vivir a que expriman todos las cualidades y beneficios de esa edad, antes de que desaparezcan.
               Desde mi alto otero biográfico, se me ocurre pensar que, al menos en una de las posibles interpretaciones del dicho, debería usarse al revés: los jóvenes tienen aún mucho tiempo por delante, por lo que pueden permitirse desaprovechar bastantes momentos y hacer más adelante lo que no realizaron en ellos; en cambio, los ancianos y quienes estamos próximos sí que necesitamos no dejar escapar ninguna ocasión, pues puede que, aunque creamos que sí, no queden ya muchas.

               Decidnos pues, a cada uno de nosotros “¡¡Carpe diem, vetus!!”, así, con entusiasmo, y no tanto a los tiernos cachorrillos y cachorrillas, que ni lo necesitan ni quieren el grito para nada.  




miércoles, 5 de febrero de 2014

LA UTILIDAD DE UN PERIÓDICO

               Creo que he resucitado una tradición perdida, una buena costumbre antigua. Y me parece que lo he hecho con criterio, no por un mero prurito arqueológico.

               Cuando yo era pequeño e iba a la peluquería con mi padre (“barbería”, decíamos, aunque nadie llevaba barba, excepto los frailes capuchinos, que no iban a ese establecimiento) me llamaba la atención el uso y manejo de la navaja de afeitar, instrumento raro para mí y amenazante. Pero no es a él al que me vengo a referir, sino al modo en que limpiaba la hoja el peluquero después de cada pasada por la cara o el cogote del cliente: lo hacía con unos papelitos cuadrados, procedentes de la múltiple división de hojas de periódico. Solían formar un montoncillo, perfectamente ordenado, de donde se iba cogiendo uno para cada hombre. Se me ocurría imaginar al maestro barbero haciendo dobleces las páginas para obtener las pequeñas servilletas, llenas de letras y fotos truncadas. Los domingos por la tarde, pensaba yo, sería una buena ocasión para tan entretenido y meticuloso quehacer, del que se aprovecharía el peluquero toda la semana. Además, por no sé qué inclinación mía, temprana, a la austeridad y al ahorro, aplaudía callado esa forma de dar el máximo uso al papel de los diarios, una vez cumplida su supuesta misión de informar, formar y entretener.

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               Por esa época, los periódicos eran una verdadera panacea. En ellos se envolvían los objetos en algunas tiendas, de las que recuerdo sobre todo las ferreterías; en las casas se liaban con papeles de periódico las piezas del cristal (copas, vasos…) y de la vajilla cuando había que guardarlas por razón de limpieza general o blanqueo,  durante los que se empleaban también como cubremuebles; hacían los rentables periódicos de protección y abrigo para motoristas y ciclistas en invierno, bien colocados en el pecho, debajo de la camisa, o de materia prima para la creación papirofléxica, de embalaje para bocadillos, etc., etc., e incluso para ciertas acciones higiénicas en el WC, donde colgaban de un alambre en forma de pincho. Junto con el que llamaban “papel de estraza”, que aún perdura, puede decirse que los periódicos y las revistas gozaban de muchísimas funciones llamémosles secundarias.

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               Me definía al principio como restaurador de una tradición, del espíritu de una tradición, matizo. Se relaciona, en efecto, con el aprovechamiento del papel prensa descrito, una vez perdida su potencial solvencia comunicativa; pero no consiste en ninguno de los empleos aludidos. Supongo que muchos lo calificarían de más bajo, más villano, más grosero que todos ellos: hace unos meses decidí descartar las bolsitas de plástico que venden al efecto y sustituirlas por cuartos de hojas de periódico para recoger las deposiciones que mis amadas perritas tienen a bien efectuar en la calle. Y, desde ese momento, obro en consecuencia. El rendimiento es extraordinario, no solo porque me sale de balde, pues ahora hay periódicos gratuitos, sino también porque presentan una porosidad ideal para este menester.

               Muchas personas antiguas quizás creyeran que el periódico empezaba a ser útil cuando dejaba de tener actualidad y el contenido ya no interesaba. Confieso que, al volver a aquellos tiempos, he dado en coincidir con tal principio, y aun he ido más lejos, pues me he convencido de que (la mayor parte de) las hojas de prensa solo sirven para lo que las utilizo hoy, ¡nada más!, antes incluso de estar pasadas de fecha.

sábado, 4 de enero de 2014

EN TORNO AL ABORTO

               En estas fechas de conmemoración de nacimientos  -el del llamado “Hijo de Dios” y el del Año Nuevo-, curiosamente  se habla bastante del aborto, por el hecho de que está en trámite la ley correspondiente en el Parlamento. He dicho se habla  y no, se discute, porque en realidad no hay debate, ni dentro ni fuera de la cámara, sino confrontación de posturas previas,  fijadas de modo inamovible la mayor parte de las veces, sin apenas argumentos, enarbolando en todo caso un par de tópicos carentes de sustancia.

               Yo también tengo mi teoría, clara y decididamente contraria a la interrupción del embarazo en casi todos los supuestos. Por eso no voy a entrar en polémicas. Solo quiero poner de relieve un aspecto, bastante evidente por demás. Trataré de examinar el notable cambio cualitativo que conlleva colocarse en una perspectiva  o en otra.

http://www.neutralpointofview.com/?p=138
               La actitud favorable a abortar sitúa la decisión en los días o semanas posteriores al comienzo del embarazo, cuando el feto ya está creado y se está desarrollando. Por lo tanto, la cuestión fundamental es qué y cómo hacer para que el niño no nazca, si la madre (solo la madre) no quiere. En caso de que la decisión sea interruptora, se produce una intervención clínica, llevada a cabo por especialistas en centros adecuados. Una vez concluido el acto, termina también la actuación del sistema sanitario, salvo que las frecuentes secuelas físicas y psicológicas sean graves.

              En cambio, las posiciones que se oponen a la finalización prematura del embarazo, suelen hacer mucho más énfasis en la etapa anterior a la preñez; su pretensión fundamental es conseguir que la mujer no se quede embarazada si es que no quiere tener en ese momento un hijo. Por eso, cobran interés los sistemas preventivos, los anticonceptivos y preservativos, y sobre todo la educación de los/las adolescentes (en el colegio y en la casa), su desarrollo moral, el autocontrol, el sentido de la responsabilidad, etc. En síntesis, todo lo que subyace a esa fuerza capaz de decir “no” las veces (pocas en realidad, si se ponen los medios) en que se corre el riesgo de dar lugar a una existencia no querida, en lugar del “sí” que pide el eros para sí mismo y a toda costa.

               Si evaluamos y comparamos las consecuencias derivadas de una y otra forma de tratar esta faceta del embarazo, no sé si todo el mundo ve que es preferible la segunda a la primera: yo, al menos, sí. Aparte del resultado directo, que es evitar el embarazo no deseado, resulta muy rica en efectos colaterales positivos en la persona de la mujer, en la pareja, etc.