lunes, 23 de marzo de 2015

ELECCIONES ANDALUZAS I


               Voy a ajustar unas cuentas fáciles, muy fáciles, del resultado electoral en Andalucía. Lo haré en términos de escaños, no de votos. Por una parte, tenemos los que ha obtenido el PSOE, partido gobernante, que han sido los mismos que tenía, es decir, 47. Muchos piensan que con ello se ha frustrado el objetivo que propició el adelanto un año, ¡un año!, que era, según palabras de la presidenta, lograr una mayor estabilidad en el gobierno de la región, basada en  -esto no lo dijo-  una mayoría absoluta socialista, sin necesidad de pactos. Sea como sea, el hecho es que la señora Díaz ha ganado las elecciones, pero única y exclusivamente porque ha obtenido más respaldo que el segundo partido más votado, el PP, con sus 33 escaños, hasta 17 menos que en las anteriores elecciones. El resto de partidos, dos de ellos de nueva concurrencia, suman 25 escaños. En cuanto a IU, con sus 5 escaños y una pérdida de 7, lo más probable es que haya sufrido la contaminación del PSOE, con el que ha gobernado, y además la arremetida de Podemos.
               Hasta aquí los datos. Ahora mi interpretación. Era de esperar, después de más de tres décadas de gobierno socialista, con una abultada talega de casos de corrupción y una gestión que no ha contribuido gran cosa a la mejora de la situación económica, social y cultural de Andalucía, se esperaba, digo, que los votantes se decantaran por un cambio. Y yo creo que así ha ocurrido, a pesar de que esa intención no se haya materializado en la correspondiente distribución de escaños. Si sumamos los de las tres formaciones que prometían mudar la política socialista y efectuar un pronunciado viraje , el PP, Podemos y Ciudadanos, resultan 57, que, además de ser una cantidad elevada, sobrepasa la mayoría absoluta.
               Sin embargo, los votos que sostienen esas 57 plazas no son de un solo partido, sino de varios, 3, de los que ni siquiera cabe esperar un mínimo acuerdo y, mucho menos, una alianza. Es más, con sus idearios y sus programas, han pugnado como enemigos en la campaña y son incompatibles los objetivos de su acción política. Por eso, sus escaños no suman, sino que restan. Y, al restar, dan como vencedor al PSOE, pese a que no ha incrementado su número de escaños y ha perdido, además, cerca de 200.000 votos (si mi información es cierta).  
               Como conclusión, afirmo que no es cierto que Andalucía no haya votado el cambio, lo ha hecho, pero repartiendo los votos determinantes de dicho cambio de manera tal, que resulta imposible la pretensión, dada la aritmética parlamentaria a que eso ha dado lugar. En otras palabras, los andaluces han querido modificar la situación y sustituir a esos gobernantes eternos, pero proponiendo modalidades de cambio tan distintas y distantes, que al final llegan a neutralizarse.
               Contemplado el escenario desde un determinado punto de vista, y teniendo en cuenta que la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas no andaluzas taponará la firma de acuerdos, alguien dudará del supuesto beneficio de la existencia de “pequeños partidos” que rompan el últimamente tan denostado bipartidismo. 

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